30.400 RAZONES PARA NO OLVIDAR: MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA POR Y PARA LES COMPAÑERES.

Por Julio Villafañe

Eugenio Talbot Wright es el varón trans mas grande del país y cuya historia de vida está atravesada y estructurada por la historia de sucesos históricos, tales como la Reforma Universitaria de 1918 y la dictadura cívico eclesiástica militar que desapareció a 30400 compañeres en un plan sistemático de genocidio y exterminio que, para muchxs, aún no culmina.

Las identidades disidentes y la vida política.

Reconocer que el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional tenía, entre sus objetivos, “limpiar” de homosexuales (término que englobaba a toda la disidencia del sistema sexo género en aquel momento), implica también reconocer, en esta población, a sujetxs políticxs que merecen el mismo espacio, respeto y visibilización como tantos nombres hemos colectivizado por su increíble entrega a las causas revolucionarias (Walsh, Tosco, etc.). Este plan sistemático de genocidio, persecución y desaparición, está documentado en la investigación que Eugenio realiza desde que por primera vez estuvo detenido y empezó a vivir, en su propio cuerpo junto a tantxs compañerxs, la violencia de las fuerzas de seguridad.

 “En ese contexto nosotrxs empezamos a compartir historias de vida y empecé a conocer un montón de gente como la Ivanna (Ivanna Aguilera), cosas sobre los secuestros, otras personas que tenían distintas miradas sobre lo que habían vivido. Nosotros habíamos naturalizado la violencia como parte de nuestra existencia como trans, o la existencia de personas gays como gay, implicaba tener que sufrir estos ataques violentos”.

Recuerda noches enteras en las que estas charlas se daban en las mismas celdas, en las que se empezaba desnaturalizar que esa violencia sea el precio para poder vivir la propia identidad de género, y también se compartía la información sobre las compañeras detenidas en los centros clandestinos de detención, tortura y desaparición.

Estos relatos se daban en las comisarías, me acuerdo de largas noche de hablar estas cosas en la celda, oscuras, meando en un agujero, hablando sobre la D2, La Perla (actualmente espacios de la Memoria, Verdad y Justicia en la Provincia de Córdoba). Eran lugares por mi hiper conocidos, por ahí habían estado mis familiares. Y también el interés: “vos viste a mi tía?”

Eugenio, proveniente de una familia atravesada y protagonista de importantes etapas de la historia nacional, encontró en la lucha y la organización el camino para reconstruír la propia historia, la familiar, la personal, la colectiva.

La historia de los movimientos políticos TLGB en los años ´70, el Frente de Liberación Homosexual,  Nuestro Mundo, y luego en los ´90, A.CO.D.HO, junto con publicaciones y registros específicos en los archivos de las Fuerzas Armadas, son parte del cuerpo de la investigación que Eugenio Talbot lleva a cabo para rescatar la historia del colectivo como actor político en la configuración del panorama nacional de las últimas décadas, y cuyas vulnerabilizaciones continúan hasta el día de hoy, lo que implica una diferenciación en la dinámica de la historia con la que se leen algunos de los hechos. Reconocer esta situación, significa reconocer la sectorización de algunos organismo de DDHH para quienes, la concepción de los mismos se restringe a los delitos de lesa humanidad y se niegan, incluso, a reconocer que, al menos, 400 compañeras y compañeros trans, travestis, gays, lesbianas han quedado fuera del registro primero que realizó la CONADEP tal como lo indicó el Rabino Marshall Meyer a Carlos Jáuregui, quien luego publicaría en su libro “La Homosexualidad en la Argentina”, que tal omisión se llevó a cabo por la presión del sector católico dentro de la misma comisión.

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“La necedad del no querer ver a esta población como una población que fue víctima del terrorismo de estado es inconcebible. Evidentemente unx le debe a la lucha de HIJOS, Abuelas, Madres, Familiares; la conquista de derechos, y los juicios por delitos de lesa humanidad. Pero debemos entender la memoria como un procesos dinámico que debe incorporar y no estar excluyendo cosas. Debe incorporar problemáticas, incorporar sujetos que fueron y están siendo víctimas de un estado que sigue ejerciendo prácticas de exterminio”.

En el mismo sentido, retomando ese concepto de solidaridad que es, más bien, una práctica de resistencia, Eugenio se pregunta:

“¿Cómo no nombrar, cómo no reconocer a esa travesti que estando detenida en La Perla se dejaba violar una y otra vez para que los compañeros que estaban tirados en la cuadra no fueran picaneados, para que pudieran descansar un poco?”

“Los organismos de Derechos Humanos tienen todo mi respeto y mi admiración. Pero también tienen este reclamo.”

Los ´90 serían una década en el que las organizaciones trans pudieron obtener algunos derechos, retomando una historia de lucha y solidaridad con el resto de las organizaciones que reclamaban al modelo nacional menemista. En esa década se logra la derogación del edicto 19 que le daba la autoridad y legitimidad a las fuerzas de seguridad a detener a “cualquier persona que transite disfrazada con ropas del sexo opuesto”, lo que implicaba no sólo la exclusión de la vida pública diurna de las personas trans y travestis, sino también, las detenciones cada vez más prolongadas con estadías en las comisarías que iban desde los 3 a los 60 días, con todas las formas de violencia que a los oficiales de guardia se les ocurriera descargar en las comisarías de la provincia. En esos años, Eugenio decidió partir a Cuba, para alejarse de la sistemática violencia y las detenciones que se hacían más consecutivas, en parte para resguardar su integridad física y también por la salud de su madre, con la que ya no convivía para ponerla salvo del sufrimiento por tener la vida de su hijo, como había tenido a su esposo, en manos de las fuerzas de seguridad de la provincia.

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¿Cómo pensar en conjunto una (re)construcción de la memoria que contemple nuevas posibilidades?

Hay un espacio de disputa dentro de los organismos de Derechos Humanos, una disputa por la construcción de la memoria, por la imagen del desaparecido que se creó (heterosexual, con hijos, trabajador) en el que las identidades incomodan. Dentro de los organismos de Derechos Humanos la identidad es incómoda, o es cómoda si te quedas en silencio, amoldandote al discurso heteronormado.

En primer lugar pienso que el Estado debe ser responsable y, aunque ha intentado dar algunas respuestas, creo que son precarias en tanto recién ahora, a más de quince años de reanudados los juicios por los delitos de lesa humanidad, va  a haber una travesti querellante. Por lo que la inclusión de las personas trans y travestis que fueron víctimas de la violencia del terrorismo de estado con el correspondiente acceso a las leyes reparatorias, como han tenido el resto de víctimas y familiares de desaparecidos y sobrevivientes, sigue siendo una deuda del estado democrático para las personas de la población TLGB.

De cara a un nuevo 24 de marzo, el ejercicio de Memoria Verdad y Justicia reclama romper las estructuras machistas y patriarcales que han moldeado una hegemonía cis en torno a la imagen de las víctimas del terrorismo de estado y de lxs desaparecidxs. También urge una revisión que complejice una vez más, que contextualice el sentido de los Derechos Humanos, la tarea de los organismos de Derechos Humanos en el país y en la sociedad, las concepciones del Estado, de violencias y quién autoriza o construye para sí y para otres la legitimidad de ser reconocide como víctima, y por tanto merecedor de instancias reparatorias.

El 400 en los 30.000 no es discutir ni cuestionar a los organismos históricos que han trabajado incansablemente para la reconstrucción de la historia en tanto hechos, por la ejecución de políticas estatales que reconozcan y fomenten los Derechos Humanos, y que continúan trabajando por la recuperación de los nietos y nietas apropiadas.

Pero los derechos de las personas trans siguieron siendo vulnerados aún luego del retorno a la democracia, el plan sistemático de violencia y genocidio continúa hasta hoy con una expectativa de vida menor a la mitad del promedio de las personas cis. La exclusión de los hogares, de los establecimientos educativos, del mercado laboral formal, sigue violentando a una comunidad que aún reclama el reconocimiento de las compañeras que fueron secuestrada, torturadas y desaparecidas en los centros clandestinos de detención y tortura  en el territorio nacional. Negar sus historias, sus trayectorias militantes y políticas es negar en la vida de cada persona trans travesti la posibilidad de una mejor calidad de vida. Negar que un cuerpo es político cuando desafía la normalidad, es invisibilizar que el hetero cis género es un régimen obligatorio que administra las posiciones y las violencia dentro de un campo social que es, estructuralmente, desigual y jerárquico.

Es necesaria una memoria que incluya, que no sea un privilegio cis.

Es necesario compañeras trans travestis en los escenarios recordando a las compañeras desaparecidas en cada acto del 24 de marzo y de cualquier otra fecha.

Es necesario que los Derechos Humanos puedan construirse en una historia continua que complejice el concepto e incluya realidades, sujetxs, movimientos, territorialidades y corporalidades.

Es necesario que la historia del colectivo TLGBNBIQ sea rescatada, visibilizada y contada por personas TLGBNBIQ.

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