A 45 años del golpe: la Memoria, un privilegio cisheterosexual.

Por Julio Villafañe

El ejercicio de la Memoria nos obliga a una constante deconstrucción de los relatos históricos para lograr que, realmente, Nunca Más las violaciones a los Derechos Humanos sean la política de Estado que se ampara bajo la violencia de las fuerzas armadas, en complicidad con sectores religiosos, cúpulas eclesiásticas y el empresariado dominante.

Ensayar a cada paso, un nuevo pincelazo y apelar a la reconstrucción histórica de los hechos, lo que implica, también, una reflexión que reclama la misma energía y poder mantenernos alertas a las condiciones de vida de nuestras compañeras y compañeres.

Porque violación a los Derechos Humanos no es solo terrorismo de Estado. Violación de Derechos también es la expulsión de los hogares de niñas y niñes, también es la exclusión de los ámbitos educativos y laborales, también es la imposibilidad de acceso al sistema de salud pública o la violenta atención que muches sufren en ámbitos institucionales.

Entender que la memoria es un ejercicio, nos obliga, además, a repensar en términos de las identidades, las voces, y cuáles son los discursos legitimados y legitimadores de la historia. Una política de la memoria que pueda permear cada espacio, construyendo en comunidad, un relato donde todas las voces tengan lugar, y todas las personas, espacios de memoria.

El final de la dictadura cívico eclesiástica militar del año 76 marcó, para muchos argentinos y argentinas, un hito de resurrección. La patria y la vida política parecía recomponerse desde sus propias oscuridades para forjar un nuevo destino de participación democrática e igualdad de oportunidad para todos, todas, todes. Sin embargo, la democracia tiene una condición excluyente que es ser entendida, leída, aceptada como portadora legítima, cada una, de la condición de ciudadan@.

Ciudadanas no eran quienes se paraban en una esquina, ciudadanos no eran los maricones que yiraban en las peatonales, ciudadanas no eran las travestis que eran hostigadas, perseguidas, encerradas y violadas por la policía. La primavera alfonsinista  fue heterosexual. La década del uno al uno fue heterosexual. Como también, eran heterosexuales, los edictos provinciales y los artículos que institucionalizaron la violencia, aún hasta entrados los años ´90, cuando recién -gracias a la militancia de agrupaciones como A.CO.D.HO-, lograron la derogación de prácticas como las que institucionalizaba el edicto 19, que permitía la detención por ir “disfrazadas con ropas del sexo opuesto”. 

También fueron heterosexuales las brigadas de la moral que cazaban homosexuales animalizando nuestras identidades. También fue heterosexual la CONADEP, cuando cedió ante las presiones católicas para que les (al menos) 400 compañeres que estuvieron en los campos clandestinos de concentración, tortura, y desaparición, no figuraran dentro de los 30.000. También son heterosexuales quienes se niegan a incluir a les compañeres trans y travestis en los actos, en los espacios de trabajo, en los Museos de la Memoria, la Verdad y la Justicia. La heterosexualidad como régimen político, es la exclusión que nuestra memoria sufre en cada escenario, en cada discurso, en cada pancarta donde nuestros cuerpos están invisibilizados, donde nuestras historias no son contadas, donde nuestras referentes históricas son una ausencia perpetuada por la hegemonía cis.

El arte como pedagogía

“Cuando la educación no es liberadora, el sueño del oprimido es convertirse en opresor”.

Paulo Freire

Daniel Tortosa es docente e investigador en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba, director del documental “Los Maricones”, estrenado en el 2016, que rescata las historias de las violencias policiales contadas por las protagonistas.

Daniel estuvo detenido en los años ochenta en la D2, ex centro clandestino de detención, tortura y desaparición de personas, ubicado en el casco histórico del centro de la ciudad de Córdoba. En el año 2009, y en ocasión de la organización de la primer marcha del orgullo en la ciudad, encuentra en el diálogo con compañeres que era muy poca, y que no era clara, la información sobre la situación de las personas del colectivo TLGBINB durante los años del terrorismo de Estado y las décadas siguientes. El silencio tenía ecos, y supo escucharlos para poder responderles.

Corría el 2012, y desde el año 80 en el que lo detuvieron, Tortosa no había vuelto a ingresar al ex centro de detención. La D2, convertida en Museo de la Memoria unos seis años antes, requirió la demolición de muros que se habían construido con el fin de distorsionar el espacio y dificultar su reconocimiento por parte de las personas que habían estado allí detenidas. Durante su visita, el documentalista supo que el trabajo de reconstrucción histórica empezaba a rodar.

En 30 minutos de cámara, Tortoza traza en esta pieza artístico-pedagógica, un recorrido que va, geográficamente, desde el espacio público –la peatonal cordobesa en la emblemática esquina de San Martín y 9 de Julio-, hasta el calabozo, la clandestinidad. La metáfora se hace carne y hueso, oscuridad y muro. 

La memoria del cuerpo

En las escenas inaugurales de Los Maricones, el entrevistado es el propio director. Natralia Magrin, psicóloga y parte del equipo de trabajo del Archivo Provincial de la Memoria, recorre y reconstruye la escena de la detención. 

Luego, llegará el momento de les entrevistades: Vanesa Piedrabuena, Eugenio Cesano, Nadiha Molina, Romina Campo, Marcia Collota, Agostina Quiroga. 

Cuarenta minutos de cámara, luz de interrogatorio, el cuerpo en el lugar de los hechos. Calabozo, luz… ¿Cuál fue la situación de mayor violencia institucional / policial que viviste? Acción.

La técnica basada en que la víctima relate los hechos en el mismo lugar en el que ocurrieron, es una herramienta documental probada desde las entrevistas a las víctimas del holocausto. Daniel recuerda el olor. Más de 30 años y el olor es el mismo. Daniel recuerda el verde de las puertas. Vanesa recuerda con una claridad sorprendente la distribución de las personas según el motivo de la detención… “Acá estaban los incomunicados, acá estábamos nosotras…”

La memoria del cuerpo no engaña ni se entrega al tiempo, no hay silencio que pueda combatir un olor que se asentó en un cuerpo como recuerdo de lo más parecido al infierno. No hay hegemonía que pueda imponerse sobre el recuerdo de la compañera que está siendo violada por policías mientras una, aterrorizada, petrificada en el asiento de atrás de un patrullero, no puede hacer nada. 

No hay voz que pueda hablar por esas compañeras a las que se les niega su historia, a las que se niega la posibilidad de ser escuchadas, de sanar, de ser objeto, como tantes otres; de políticas estatales de reparación para que el Estado pueda admitir lo que la CONADEP no admitió hace más de 35 años:

Que las personas del colectivo TLGBINB que estuvieron detenidas y que fueron desaparecidas durante la dictadura fueron borradas de la historia;

Que sus vidas fueron invisibilizadas tanto desde los sectores de derecha como de la izquierda; 

Que hay una historia de militancia TLGBINB desde antes de los años de la dictadura, que acompañó la lucha de las otras organizaciones contra la imposición del modelo económico que la dictadura planificó y ejecutó a fuerza de muerte, tortura y desaparición; 

Que la criminalización, la persecución, las torturas, las violaciones, la violencia institucional y estatal, continuaron contra este colectivo aún con la restauración de la democracia;

Que hay un genocidio trans travesti y el Estado es responsable, por acción u omisión, en cada una de sus causas y consecuencias; 

Y que no hay familias, no hay organizaciones de Derechos Humanos que militen por el cese del exterminio y la reparación del colectivo, porque la indiferencia de la sociedad es absoluta cuando no se trata de cuerpos e identidades cis heterosexuales. 

Daniel Tortosa va al rescate de esa historia, como parte de una tarea fundamental para el ejercicio de la memoria. Es una apuesta política y pedagógica de quien encarna su rol de docente e investigador, al tiempo que, de director de cine. El documental, se estrenó a sala llena en el Centro Cultural Córdoba, un 29 de Mayo, justamente, al conmemorarse un aniversario más del recordado Cordobazo

Los Maricones son les 400 compañeres que nos faltan y que muches no quieren ver, porque les sigue incomodando asumir la ciudadanía, la agencia política, la capacidad de conducción y liderazgo; y porque les cuesta sentirse iguales a les 400 travestis, trans, lesbianas, gays, no binaries que la dictadura y la democracia persiguió, encerró, torturó, asesinó y desapareció.

#30400 Compañeres, presentes!

 Los Maricones (2016) Dirección, producción y guión: Daniel Tortosa
Fotografía: Yamile Bulacio, Santiago Orsi, Sergio Kogan 
Sonido: Mario Gómez 

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