Aislamiento de Personas Trans en la Región – Segunda entrega.

 Por Casandra Sand y Julio Villafañe

La cuarentena se extiende en la mayoría de los países y, entre el aislamiento, la desinformación, y la verdadera mala intención de muchos sectores que intentan sacar provecho de la situación (ciertos espacios tradicionalmente reaccionarios, algunos sectores de la industria, etc.); las poblaciones más vulnerables de la sociedad deben apelar a diferentes estrategias colectivas para poder sobrevivir. El individualismo y la meritocracia se corporiza mucho más que antes, en un contexto en el que la asistencia y la protección del Estado, incluso, es reclamado por quienes antes desechaban estas políticas.

Sin duda, la reconfiguración espontánea de los sectores sociales modificó las necesidades y dejó en evidencia las carencias de todes, pero el orden de prioridad parece no sufrir alteraciones. En este sentido, la población travesti y trans de la mayoría de los países hispanoparlantes, en gran parte ejerciendo el trabajo sexual por la exclusión del mercado laboral formal, depende de las organizaciones civiles que articulan para suplir el rol del Estado, que parece más presente para estos otros sectores cuya situación se ve afectada hoy por la pandemia, frente a las problemáticas históricas que sufren las personas del colectivo TLGBI.

Con una realidad atravesada por múltiples vulnerabilidades en la que, apenas, en la última década se lograron algunos avances en materia legislativa y en el reconocimiento de derechos; actualmente, la mayoría de las activistas y militantes de la región concentran sus energías en gestionar alimentos, vivienda (prohibiciones de desalojo), y algunos elementos de higiene y seguridad para las compañeras. Frente a esto, están quienes siempre contaron con las garantías civiles, el proteccionismo estatal y del mercado, y se preocupan más por la estabilidad de sus ingresos, y aun, por la posibilidad de maximizar sus ganancias.

“Con respecto al COVID- 19 el gobierno nacional no ha tomado ninguna posición ni ninguna ayuda a la comunidad trans, por lo cual nuestro colectivo es el que ha decidido asistir, ayudar, apoyar, a les compañeres trans del país”

Collete Spinetti Núñez. Uruguay.


En Uruguay el gobierno de Lacalle Pou, a través del ministerio de trabajo, otorgó un subsidio para las empresas y para aquellos trabajadores que se quedaron sin empleo, o que redujeron sus horas de trabajo por la pandemia. También otorgó beneficios a monotributistas y facilidades para el pago de algunos impuestos.

Y, aunque hay un programa de ayuda para “trabajadores informales o no registrados”, Collete Spinetti Núñez, Directora del Colectivo Trans del Uruguay, indicaba a Agencia Sudaka:  “Estamos con varias acciones: la primera tiene que ver con la producción de almuerzos cuatro veces por semana para 150 personas, 3 veces por semana hacemos merienda para la misma cantidad de gente. La segunda acción es que estamos enviando 175 canastas básicas con alimentos no perecederos, artículos de limpieza y aseo personal a les compañeres trans de todo el país”.

Además de estar cubriendo otras necesidades elementales para el colectivo: “También estamos tramitando el cambio de nombres, pensiones reparatorias, y solucionando problemas de alojamiento y viviendas para aquelles compañeres que están siendo expulsados de los lugares donde viven por no poder pagar alquiler ni insumos básicos, y otres que están siendo echades de sus casas porque esta pandemia genera, también, una violencia intrafamiliar importante”.

Desde Perú, Leyla Huertas, activista trans y coordinadora de Féminas Perú, indica la particular situación en el país, y la paradoja de ciertas políticas identitarias, que a veces, tienen poco eco en lo concreto, en la cotidianidad: “Se dictó un decreto legislativo la semana pasada donde por primera vez nos mencionan, nos incluyen en el ámbito de los Derechos Humanos y reconociendo nuestro derecho a la identidad. Pero a la vez, en este mismo decreto, no se coloca a la población trans como población vulnerable frente a la pandemia”.

El derecho al reconocimiento y respeto de las identidades de género, cobra valor cuando éste garantiza una condición de ciudadanía igualitaria a cualquier otre, otra u otro, y sin embargo, en el país presidido por Martín Vizcarra, gran parte de las travestis y trans (muchas de ellas migrantes): “Vivimos del trabajo sexual día a día, tenemos economías individuales de vida, y eso hace que nos encontremos completamente desprotegidas ahora y en una situación de riesgo”; y aunque ante la medida de pico y género -la Ministra de la Mujer, Gloria Montenegro, junto al ex Ministro del Interior, Gastón Rodríguez, mencionaran por cadena nacional el irrestricto respeto que se merecen las identidades trans-, hubo casos y denuncias de parte de compañeres que fueron violentades por las fuerzas policiales del país.

“No tenemos donde vivir, no tenemos qué comer y no sabemos ya dónde conseguir ayuda”

Leyla Huertas. Perú

Vulnerabilidad estructural

“ Estamos más expuestas y más vulnerables a adquirir esta terrible pandemia. Las trans están todavía yendo a ejercer el trabajo sexual a la calle. Las mujeres con VIH no tienen las medidas de protección adecuadas y,  por ende, están más expuestas.”

Ludwika Vega, Nicaragua


Ludwika Vega, presidenta de la Asociación Nicaragüense de Trans, expone de esta manera una realidad que está invisibilizada, gestionada y organizada con el objetivo de perpetuar la exclusión y marginalidad de un sector de la población atravesado por la inaccesibilidad a un mercado laboral hecho por y para personas cis, en el que el trabajo sexual como una de las pocas posibilidades para sobrevivir; y confinado al encarcelamiento y la pobreza programada bajo la ciega mirada del Estado: “Dentro de lo que marcan las medidas de protección nosotras, como organización, hemos venido promoviendo estas medidas, hemos trabajado brindando kit de limpieza a las compañeras: alcohol, mascarillas, guantes, cloro, desinfectante. Pero no ha sido a una población grande, sino a  una cantidad mínima, pero esto no asegura una protección al 100%, y tampoco podemos dejarnos esta carga solo a nosotras. Tiene que ser desde el Estado, desde el gobierno, que se brinden estas medidas de seguridad”.

Las omisiones son tan claras como las acciones, y el Estado Nicaragüense, contrariando las recomendaciones de organismos internacionales ante la pandemia mundial, no sólo obvia implementar el aislamiento social preventivo y obligatorio; sino que convoca e invita a las reuniones, caravanas y eventos políticos partidarios, exponiendo a todes. Así la situación social de una población, signada al abandono, la desprotección, se torna evidente cuando desde el precario sistema de salud del país, “no ha habido una medida de protección, la gente anda descubierta, no usan guantes ni mascarillas, entonces aumenta la inseguridad”.

Estamos resistiendo nosotras mismas.

En México, el aislamiento no ha tenido las mismas consecuencias en todos los Estados. La ciudad de México ha recibido desde su gobierno, una ayuda que, aunque por la extensión de la cuarentena ya quedó insuficiente, significó un abastecimiento de despensa por, aproximadamente un mes para quienes pudieron acceder a ella. Pero, en el resto de los Estados, las organizaciones y activistas están reclamando a sus gobernantes que tomen medidas similares, mientras redoblan sus esfuerzos en pos de fortalecer las redes de contención que puedan acercar alimentos y otros insumos a las compañeras.

Lola Dejavu Delgadillo Vargas, indica que desde Agenda Nacional Política Trans, no solo están intentado brindar a les compañeres la asistencia que el Estado no les está dando, si no que están cumpliendo el rol de éste, también, en lo que refiere a otros sectores vulnerables que se han visto más que afectados por la pandemia.


Hasta ahora hemos ayudado alrededor de dos mil personas, no solamente personas trans o personas LGBTI, sino también a personas en condición de calle, migrantes, adultos mayores, personas con discapacidad, o de diferentes poblaciones que realmente han sido afectadas por todo lo que ha sido la pandemia del  COVID-19. 

Y estamos dándoles despensas, les estamos brindando insumos de aseo personal, y también cubrebocas, antibacterial, jabón”.

(…) También mantenemos nuestro servicio de pruebas rápidas de VIH, de sífilis, 

y estamos entregando condones para la gente que tenga la necesidad de seguir trabajando, pueda hacerlo sin aumentar el riesgo de adquirir alguna otra ETS”.

Lola Dejavu Delgadillo Vargas, México

Sin embargo, hay ausencias que siempre están presentes. La ausencia de la seguridad para las compañeras que, aún más, hoy no tienen otra opción que continuar ejerciendo el trabajo sexual. La violencia en las calles se exacerba por la prohibición oficial de estar en la vía pública, lo que ha liberado prácticamente la violencia de las fuerzas policiales: “Ha proliferado también la  violencia hacia las compañeras, porque ahora tienen que estar ocupando la vía pública o rondando los autos de los clientes, y esto las expone a más violencia y a actos de corrupción por parte de las fuerzas policiacas, los cuales andan cazando a la gente para poder quitarles el dinero que acaban de ganar. Hay muchas violaciones a los Derechos Humanos”. 

La situación que atraviesa el colectivo travesti y trans en la región, no distingue latitudes. Se ensaña ponzoñoso sobre nuestros cuerpos y nuestras realidades, nos atraviesa y nos marca. La pandemia tiene un fuerte impacto en aquellos sectores arrollados por el desarrollo ajeno. Hoy no quedan dudas, como dijeran Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas en una carta abierta hace unos días, es un flagelo que sí distingue clase social y no afecta del mismo modo al conjunto de la población. Entonces, ¿cómo piensan los Estados garantizar la dignidad a la hora de la muerte, ahí donde no garantizaron nunca la dignidad a la hora de la vida? Las políticas neoliberales mercantilizadoras hicieron añicos los recursos y los servicios de salud pública y de seguridad social. Los Estados priorizan salvaguardar aquellas vidas que son útiles y productivas al capitalismo imperante y mientras muchos se preocupan y movilizan en pos de seguir acumulando ganancias, la disidencia Sudaka teje redes para que el alimento llegue a cada compañera, antes que el virus.

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