Al “Gran Pueblo Argentino”, ¿salud?


La Patria, tal como la conocemos hoy en día, se ha forjado con sangre de muches de nosotres. El proceso independentista, en este sentido, se construyó bajo una norna católica, cis, blanca y de clase, que dejó por fuera de sus límites, todo lo que no encaja y perturba. 

Hoy, a 204 años de aquella gesta; nosotres, como sudakas, travestis, trans, marikas, lesbianas, y disidentes, redoblamos nuestro ejercicio de memoria y nos preguntamos respecto a lo más profundo de nuestro ser nacional, para desnaturalizar las ominosas violencias que vivimos a lo largo de la Historia. Aquella que  escribieron los vencedores en los manuales, y dejaron por fuera los saberes y relatos de nuestrxs ancestrxs, indixs, originarixs.

¿Para qué Patria y para quién, es la Nación que independizamos?

Por Aradia García, Christian García y Julio Villafañe para Sudaka Tlgbi.

Colaboración Eugenio Talbot Wright

Sean eternos los laureles

Si de algún capítulo de Historia Argentina nos hemos perdido cuando transcurrimos el secundario, es el de la diversidad sexual. 

Mucho antes de la firma de la Declaración de la Independencia Argentina del Imperio Español en 1816, estas tierras estuvieron ocupadas por pueblos que no veían en la orientación sexual, los estereotipos y la identidad de género, un motivo de disputa (por más que esas categorías no hayan existido formalmente). 

Cinco siglos de conquista y opresión les llevó a los españoles, erradicar y patologizar algunas identidades que para estas comunidades eran de lo más cotidiano y que jamás se habían cuestionado como algo que debiera ser modificado ni castigado. Mucho menos con la muerte.

Existen distintos relatos y algunos registros de algunas comunidades originarias, en las que las personas usaban ropa “del género opuesto”, o grupos de varones realizaban “tareas de mujeres”. Incluso comunidades que llegaron a reconocer seis géneros distintos. Lo que hoy se conoce como la ciudad de Panamá, se originó luego de la primer matanza de homosexuales de la que nuestro continente tenga registro: 

“López de Gomorra cuenta que “en esa batalla toma preso al hermano de Torecha en habito real de mujer, que no solamente en el traje, pero en todo, salvo en parir era hembra”. Les laceraron y lxs dieron a devorar a sus perros mastines como ilustra un grabado de Johann Theodor de Bry en lo que denominaron un acto de purificación dejando inaugurado el pecado nefando, pecado que ni debe nombrarse ya que de él provienen todos los males que asolarán a estas tierras” (*).

La iglesia Católica les otorgó a los Españoles la autoridad suficiente para hacer con lxs habitantes de estas tierras lo que quisieran, solo por vestir ropas de mujer. Y eso fue lo que hicieron. 

Acusar a los pueblos originarios de “herejes” y de “sodomitas” fue la excusa que utilizaron los conquistadores para arrasar con las comunidades. En algunos casos, incluso, con la complicidad de otros pueblos que comenzaron a  ver con malos ojos la libertad sexual debido a la letra de la biblia que se hacía carne a pura violencia. 

Siglos después, los enemigos de la cruzada independentista, utilizarían la categoría homosexual para desprestigiar la figura de Manuel Belgrano:

“Belgrano rompía con esa estructura de la imagen estereotipada que tenían de un hombre, un macho, era una época donde decir que un hombre era gay era lo peor que podías decir, usaban esa ‘acusación’ para desacreditarlo” (**).

La condena católica, el pecado nefando de lo no heterosexual había conquistado mucho más que las tierras. La cosmovisión y la espiritualidad de les originaries habitantes de estas latitudes se escurrieron entre discursos de un progreso que se ganaba a caballo, espada y biblia en la mano, mirando al occidente católico y normalizador.

Para fines del siglo 19 e inicios del siglo veinte, la formación de los Estados Nacionales sería asunto de élites científicas, que dedicarán sus esfuerzos a lograr el orden, separando lo patológico del cuerpo social, lo que significa normalización o exclusión.

José Ingenieros y Francisco de Veyga y José Ramos Mejía desde la psiquiatría, la medicina legal y la criminología, sentarán en la revista Archivos de Psiquiatría y Criminología, una base científica para el ordenamiento de la sociedad, en el que la patologización y la criminalización de “los invertidos” está teñida por un fuerte rechazo y valoración peyorativa de la figura femenina:  “Invertido sexual imitando a una mujer honesta”. 

La élite del conocimiento inicia un ordenamiento social partiendo de las oposiciones Hombre / Mujer; Normal / Patológico ; Invertido / Honesto, entre los cuales los cuerpos no heterosexuales eran la sexualidad anómala y solo los varones eran parte de la vida política pública (***).

Crearon un orden social que excluye las identidades no varón cis heterosexual. Independizados bajo una nueva bandera de la reluciente Nación, nos patologizaron y criminalizaron desde una ciencia colonizada por una religión que impusieron los mismos conquistadores a quienes habían vencido.

La vida social, la ciudadanía y la vida política quedó reservada para una minoría que tomaba decisiones sobre los cuerpos y las mentes de la mayoría.

Las décadas siguientes del siglo veinte, estarían marcadas por la alternancia de una frágil democracia, algunos proyectos de ampliación de derechos, y los gobiernos de facto. Cada década y transición, tendrá como característica la puja por un modelo de país. Entre la soberanía, la participación de más o menos sectores, los derechos y privilegios se disputan siempre dentro de una heterosexualidad obligatoria como régimen político que organiza ese cuerpo social en constante (de)formación.

Algo tendrán en común la mayoría de esos años: la disidencia sexo genérica seguiría siendo condenada, criminalizada, perseguida, encarcelada.

Hacia la segunda mitad del siglo, ya incorporadas las mujeres a la vida política con el reconocimiento otorgado por la Ley 13010 de Sufragio Femenino en 1947 (por el trabajo de María Eva Duarte de Perón, 131 años después de la declaración de la independencia); el Estado terrorista y desaparecedor, y la resistencia organizada y la lucha armada, verán los primeros cimientos por la liberación, el reconocimiento, los derechos, la demorada independencia de toda opresión de las disidencias sexo genéricas. El Frente de Liberación Homosexual será una de las primeras organizaciones en el país que intentará la lucha por esas libertades.  Heredero del Grupo Nuevo Mundo, el FLH tendrá la revista SOMOS, como órgano de difusión y denuncia de los crímenes atroces contra el colectivo TLGB.

La aglomeración frentista contaba con una estructura organizacional conformada por Eros, rama estudiantil; Nuevo Mundo, identificado con lo sindical; Bandera Negra, representando la anarquía; Grupo Safo, de la militancia lésbica y Homosexuales Cristianos. Eso imprimió al movimiento una tónica agitadora distinta a la previsiones iniciales” (****).

La violencia del terrorismo de Estado y el rechazo de otros movimientos y organizaciones a incorporar la diversidad sexual como bandera de liberación, seguirán excluyendo a las personas disidentes de los proyectos de Nación; dilatando la existencia en la clandestinidad más allá de la restauración de la democracia, so pena de crueles intentos normalizadores desde la medicina, la cárcel, la tortura y los crímenes de odio como sanciones sociales ejemplificadoras.

Los años 80 y 90, serán el período democrático más extenso del siglo, pero con la vigencia de edictos policiales que nada de distinto tenían para Gays, Lesbianes, Travestis y Transexuales.

De esa independencia, de esa democracia restaurada, a la disidencia le quedaba la noche, la prostitución, la expulsión familiar, educativa, laboral, y la constante violencia y persecución policial.

Contra todas esas violencias en los noventa lucharía la fundación ACoDHo, Asociación Contra la Discriminación Hacia los Homosexuales, con Ivanna Aguilera; también la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual, ALITT, fundada por Lohana Berkins. Carlos Jáuregui y César Cigliutti, entre otrxs, habían fundado ya en el 84 la Comunidad Homosexual Argentina, CHA, que organizarían la primer Marcha del Orgullo en el país para 1992, en un año de gran visibilización y organización del colectivo junto con organizaciones como la Convocatoria Lesbiana, SIGLA y TRANSDEVI. 

Una nueva lucha por una verdadera independencia de la moral cristiana y el discurso médico patologizante comenzaba a organizarse en el país con una visibilización inusitada. 

A partir de entonces, las organizaciones y asociaciones por el reconocimiento de los Derechos Humanos de todas las personas de la disidencia sexo genérica, ha sido una labor ardua y constante que supo conquistar algunas victorias importantísimas como la ley de Matrimonio Igualitario, cercana a cumplir los diez años de su aprobación, y la Ley de Identidad de Género en el año 2012.

A lo largo de la historia de la Nación, desde la formación del Estado, nuestras identidades han sido negadas, invisibilizadas, perseguidas, desaparecidas, silenciadas. 

¿En nombre de qué deidades debemos aguardar a que esa Nación en puja incorpore a las travestis y trans con efectiva ciudadanía?

¿En nombre de qué orden social debemos aguardar a dejar de contar femicidios y travesticidios por cada día?

¿En nombre de qué progreso debemos aguardar a que la Soberanía Nacional sea también la independencia económica de les compañeres discriminades por su identidad de género?

¿En nombre de qué familia debemos sufrir sus intentos normalizadores, sus discursos médicos patologizantes, sus expulsiones y violencias?

¿En nombre de qué independencia, debemos aguardar las libertades que nos niegan?

No es curioso que aquel 9 de Julio de 1816, en Tucumán, hayan asistido 29 Diputados y ninguna mujer. No es curioso, que aquellas personas que rompemos el status quo, hayamos quedado por fuera de los espacios de toma de decisiones.

Coronadxs de Gloria, vivamos!

Nuestras vidas, históricamente deshumanizada, hunden sus raíces en prácticas culturales que se relacionan a las múltiples y continuas violencias que se ejercieron y ejercen sobre nuestras identidades. 

Por ello, a 204 años de la Independencia Argentina, debemos cuestionarnos sí este Ser nacional, orgullosx e independiente que celebra este día, es consciente de la historia sangrienta y represiva de la cual venimos. La Iglesia Católica se encargó de construir un templo en cada gran ciudad y lugar visible, para recordarnos que la evangelización fue solo la primer piedra de los cimientos que dieron el origen a todo. 

Es interesante, en este escenario, problematizar los entramados sociales que se han construido a lo largo de estos años. Relatos oficiales, que en pos de una “ciudadanía ideal”, han logrado configurar una matriz sistémica de invisibilización, principalmente, hacia mujeres e integrantes de la diversidad sexual; pero que a su vez, y en atención a las múltiples interseccionalidades que nos plantea el transfeminismo, se complejiza. 

Será difícil, por tanto, sabernos independientes, cuando aún las personas de nuestro colectivo siguen estando relegadas respecto a derechos humanos básicos, tales como la atención integral de la salud, y el acceso a la vivienda, educación y trabajo formal. 

En este sentido, reconocernos, en  ejercicio pleno de nuestra soberanía, implicará necesariamente reconocernos en un Estado plurinacional, diverso, con las libertades que consiguieron históricas e históricos honrosxs próceres, pero también con las que todavía faltan para el colectivo TLGBINBQ+.

(*) Marlene Wayar para La Tetera. Lo Trans en la Historia.

(**) Pupina Plomer https://www.filo.news/actualidad/Manuel-Belgrano-de-la-acusacion-de-homosexual-a-su-reconocimiento-a-las-mujeres-de-la-historia-20200620-0002.html

(***) Ciancio, María Belén y Alejandra Gabriele P. (2012). El archivo positivista como dispositivo visual-verbal en mora, Nº 18. Buenos Aires: Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (pp. 25-32). 

(****) http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-94362018000100354

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