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Escribe marica. Manuel Puig, a 30 años de su muerte

Por Toni Domínguez

Una mariquita llamada Juan Manuel Puig Delledonne nació el 28 de diciembre de 1932 en la casi reciente localidad bonaerense de General Villegas, al noroeste de la provincia. La mayor de dos hermanos, hija del vinatero Baldomero Puig y de la diplomada en Química y enfermera María Elena Delledonne; creció rodeada de literatura y cine, en el medio de la llanura donde poca información llegaba. La primera película que vio fue a los 3 años desde la cabina de proyección del Cine Teatro Español. Se trataba de La novia de Frankenstein, dirigida por James Whale con Boris Karloff y Elsa Lanchester como protagonistas. A partir de ese momento el cine se convirtió en su pasatiempo favorito. Asistía regularmente, acompañado de su madre, quien le leía en caso de que la cinta fuera subtitulada, o su niñera Kika. Iba lunes, miércoles, jueves, sábados y domingos.​ La mayoría de las ocasiones veía un filme norteamericano, ocasionalmente una película italiana o francesa, y los domingos, cine nacional.

Mientras su madre le abría un mundo lleno de fantasía y arte, su padre no se sentía conforme con los pasatiempos de su hijo. Consideraba que debía divertirse con los demás niños del barrio y hacer otro tipo de actividades recreativas, como andar en bicicleta, jugar a la pelota, cosa de varones.​ Según cuenta Manuel, su madre se ajustaba a su mundo, el de la ficción cinematográfica; mientras que su padre quería que se adaptara al suyo, el de la vida rural y cotidiana de una ciudad en crecimiento. Coleccionaba reseñas y críticas de las películas que solía ver, estudió inglés y piano con su vecina, que además era maestra. Ahí comenzó a escribir sus primeros cuentos que publicaba en el diario local bajo el seudónimo “Coronel Vallejos”.

Todo el escenario de una niñez signada por los estímulos del arte se derrumbó,  cuando en 1943 un joven de 15 años intentó violarlo. La relación con su padre se hizo fría y distante. Su madre procuró alejarlo del mundo fantástico donde había crecido para que viera la realidad. Manuel Puig atravesó su niñez en un contexto global atravesado por la guerra. Las noticias que llegaban por el periódico que su madre le leía a su padre cada noche, contrastaban con la calma de General Villegas. Durante su adolescencia comenzó a notar una relación asimétrica entre las personas: estaban quienes eran violentas y mandaban, y quienes eran considerados débiles y eran despreciados por los primeros. El binomio entre activo y pasivo, tradicionalmente correspondido con los roles masculino/femenino, sería los comienzos de una filosofía homosexual que recorrería todas sus obras.

En 1946 sus padres lo trasladaron a la ciudad de Buenos Aires donde cursó sus estudios de bachiller en el Colegio Ward de Villa Sarmiento, partido de Morón, debido a que en su ciudad natal aún no había colegios secundarios. A partir de entonces, comenzó a leer sistemáticamente. Un compañero llamado Horacio, con quien vivió en su casa el primer tiempo de estadía en Buenos Aires, lo introdujo en la lectura de la escuela psicoanalítica. ​También leía a Hesse, Huxley, Sartre y Mann. La primera novela no adaptada al español que leyó fue La sinfonía pastoral de André Gide. Horacio además lo introdujo en el cine europeo. Incitado por él, vio Crimen en París. A partir de entonces decidió que estudiaría Dirección cinematográfica. Estudió francés, italiano y alemán, “las nuevas lenguas del cine” como se consideraban en esa época.

A los 23 años ganó una beca para viajar a Roma, Italia y estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Allí “Hollywood era una mala palabra, la imaginación el enemigo número uno del cine, las obras de autor una blasfemia”, cuenta Manuel en una entrevista para el folletín “Señoras y Señores”.​ Era la época del neorrealismo, el movimiento literario y cinematográfico surgido en Italia pos Segunda Guerra Mundial, para retratar los horrores de una humanidad cada vez más violenta. Tras ver en una clase el filme Metrópolis, de Fritz Lang, el expresionismo alemán lo deslumbró. Así comenzó un recorrido por países de europa en búsqueda de una paleta infinita de expresiones artísticas, que luego se mezclarían bajo la aguja de tejido puntilloso que construye el propio relato de Puig.

La pluma, la palabra y la revolución

De regreso a Buenos Aires en 1967, escribió Boquitas pintadas, novela que fue publicada en 1969. Se presentó como un “folletín en dieciséis entregas” y convirtió a Puig en un escritor de renombre en la Argentina. La historia causó una impronta muy negativa en General Villegas. La publicación fue recibida como una intromisión en la vida privada de algunos ciudadanos, dado que las situaciones y relaciones narradas pudieron ser fácilmente identificadas por los villeguenses. Con la posterior adaptación cinematográfica en 1974 la situación empeoró, la película fue prohibida en General Villegas, por presión de la Organización Acción Católica. Cuando la gente que quiere ser mejor se le proponen modelos torpes y valores ilegítimos, el ridículo, la parodia, instalan su reino. Cuando el ideal es ser fino y el molde es la cursilería, se acaba doblando el dedo meñique para tomar la taza. Pero esto no me causa gracia. No escribí Boquitas… como una parodia, sino como la historia de gentes de la pequeña burguesía que, como primera generación de argentinos, debía inventarse un estilo”, escribió en el autor Manuel Puig: Renace el folletín. 

Aunque desde la pubertad dejó en evidencia su mariconez, también escribió y militó su libertad, llegando a declarar que algo tan «banal» como la sexualidad no puede definir la identidad de una persona. Fue miembro fundador del Frente de Liberación Homosexual, una de las primeras organizaciones de diversidad sexual,  en 1971 junto al sociólogo e historiador Juan José Sebreli, el abogado y escritor Blas Matamoro y el poeta y escritor Néstor Perlongher.​

En 1973 la Editorial Sudamericana publicó The Buenos Aires Affair, una novela prohibida por el Gobierno. Además de la prohibición oficial, Puig recibió una amenaza telefónica del grupo parapolicial Triple A. Por esta situación, decidió exiliarse en México, abandonando definitivamente la Argentina. En el exilio, terminó de escribir El beso de la mujer araña en 1976. La novela cuenta la historia de dos prisioneros que comparten una celda en la Argentina del tercer gobierno de Juan Domingo Perón. Uno de ellos es un militante de una organización revolucionaria y el otro un homosexual afeminado acusado de corrupción de menores. Ambos construyen una relación compleja cuyo trasfondo poético alimentado por el cine y la fantasía, los hace explorar los límites de roles y convencionalismos sociales. Con extensas notas al pie y monólogos que hacen a diálogos internos de los personajes, esta novela le da a Puig un reconocimiento internacional que lo convierte en el creador de una nueva forma literaria que acerca a la cultura popular a lugares sólo pertenecientes para las altas esferas sociales. 

A 30 años de tu muerte, gracias marica escritora por escribir literatura marica que nos permita soñar, porque los sueños son maricas. Gracias por mostrarle a una marica de Sansinena, a los 13 años maricas, que en el medio del campo donde todo parece perdido, también crecen flores maricas.