Charlee Espinosa: Creo que hay que hacer mucha más mariconeadas en el teatro

Por Christian García para SUDAKA TLGBI

Charlee Espinosa se considera un trabajador escénico. Escribe obras de teatro, las produce, las dirige, canta e interpreta una gran variedad de personajes cuir. Nació en Posadas y creció en Jujuy, pero, actualmente, vive en Buenos Aires encendiendo las noches de Feliza con mucho Karaoke y performances que se tienen que adecuar al protocolo. En diálogo con SUDAKA TLGBI, Charlee, habló sobre su infancia, sus musas, la muerte del teatro y la necesidad de políticas públicas culturales que protejan y visibilicen el teatro independiente.

Charlee habla sobre su infancia en Jujuy con mucho cariño y nostalgia. Si bien considera que prima una cuestión bastante feudal donde las cuestiones sociales son bastante determinantes, y donde el machismo y el patriarcado se encuentran muy arraigados, es consciente de haber sido criado con una familia amorosa “que sabe valorar y abrazar”. Aprovechando todo ese impulso, comenzó a dedicarse al teatro desde pequeño: “Lo artístico siempre estuvo, porque básicamente mi madre me lo ha permitido. Tengo memoria de jugar a los 5 o 6 años con muñecas. Y estaba todo bien hacer eso. No es que estuviera prohibido”, nos cuenta.

A los 27 años, decidió irse a Buenos Aires porque no sentía posibilidades de crecimiento. Sin embargo, comprende que gracias a su provincia fronteriza conoció su pasión. “Tengo una muy buena experiencia montada como drag queen y haciendo arte callejero. Me ha pasado de hacer funciones en medio de los cerros, en escuelitas rurales, y de repente pasaba una oveja o una cabra. Ahí es cuando hacer teatro cobra sentido”, expresa.

Charlee pertenece a una generación que durante muchos años fue bastante ajena a las cuestiones políticas. Pero su devenir marica y su compromiso con el arte lo acercaron a distintas problemáticas sociales a las que no pudo ser indiferente: “En el momento que empecé a comprender que podía involucrarme políticamente fue en el año 2010 cuando estalló el debate por el Matrimonio Igualitario. Para mi generación eso implicó un cambio de paradigma y entendimos que podríamos retomar la lucha que ya habían empezado otras personas hace tiempos atrás”. También está convencido que quien se encuentra en un escenario, posee una responsabilidad en lo que va a ofrecer al público: “Para mí el arte no es arte porque sí. Tiene que haber algo atrás. Estás comunicando algo. Estás al frente de personas que te están viendo y que están invirtiendo tiempo para verte. Tenés que ser muy respetuoso”, asegura.

La pandemia golpeó muy fuerte en distintos sectores, pero la cultura es una de las áreas que resultó más perjudicada. Charlee lo llama “la muerte del teatro”, aludiendo a los pronósticos de quienes fueron detractores de esta arte escénica. “La muerte del teatro para mí fue en el 2020 con la pérdida de la presencialidad. Esto me llevó al ejercicio de decir: no tengo escenario, no tengo contacto con la gente, ¿entonces qué hago? Porque ya no es teatro”. Si bien muches artistas aprovecharon la situación para explotar en los formatos digitales, para Charlee no fue lo mismo: “No tenía mucho sentido exponer lo que estaba creando si no tenía un contexto, si no tenía que promocionar una función. En el momento en el que más tenía que estallar, me desaparecí”. Y es que entiende que actuar al frente de un escenario no es lo mismo que hacerlo al frente de una cámara.

Actualmente, alegra las noches de Feliza, con mucho karaoke, performance, purpurina, brillantina y muchos colores. “Ahora estoy en contacto con el público porque estoy en Feliza con el karaoke y el ciclo de poesía. Pero lo que más extraño es estar en el camarín rodeado de mis amigas, maquillándonos y preguntándonos cómo fue nuestra semana”, nos cuenta. Charlee extraña el contacto y la compañía de su familia teatral, los ensayos, dirigir. Lo humano, el convivio.

Con respecto al teatro independiente, considera que la situación ya era difícil desde antes de la pandemia. Algunos centros culturales cuentan con una capacidad de hasta 40 personas como mucho: “Y ya había que tener un buen poder de convocatoria para que esos 40 lugares estén ocupados todas las semanas”. De esa manera, asegura que no hay mucha diferencia entre las 20 personas que terminaban yendo antes, y las 20 que se impone como límite ahora con los protocolos: “No se tiene en cuenta cómo es realmente la movida cultural. No solo en Buenos Aires, sino en el resto del país. Las políticas culturales tienen que estar mucho más desarrolladas y más al pie del cañón. Hay mucho formulario, mucha cosa muy bonita escrita, pero eso no existe. Ahí es donde están nuevamente las estrategias para poder sobrevivir con eso. Ahí prima la habilidad cultural y la de poder generar”, sentencia.

Charlee siempre quiso romper con lo que estaba establecido, con lo que se encontraba “bien visto”. Asegura que la vida lo ha llevado por lugares donde se aprovechó para empoderarse y encontrar su inspiración. Sus musas están vinculadas con el cine: “Me inspira mucho ver películas hasta el hartazgo. Vi las 20 películas de Almodóvar y, a algunas, las he visto más de 5 veces. Tarantino me gusta mucho. Uno va como homenajeando a esos referentes que tenés y sacando cositas. Y después esto, hablar de mí, lo que me pasa a mí”. En cuanto a sus cábalas, dice encomendarse “a las grandes mostras”. “Trato de generarme ese pequeño mundo de estar hablando con elles y que me están hablando desde algún lugar”, nos cuenta, y agrega que el maquillarse es uno de sus rituales favoritos al sentarse al frente del espejo y entrar en conexión con lo creativo.

Charlee desea que el teatro argentino sea más puto y maricón: “Yo siempre jodo con el teatro paki y el teatro cuir. Hay una forma de hacer teatro paki que decís <qué horror>. Basta de contar historias heterosexuales. Basta de Romeo y Julieta”. Si bien hay una fuerte intención de re elaborar ciertos clásicos, de contarlos de nuevo y de venderlos desde otra perspectiva, “me parece muy interesante y muy rico explorar los caminos de lo cuir, de lo no binario en lo teatral. Es un arte muy marica el teatro. Hablo de todas las identidades no binarias”, expresa. Y finaliza: “Creo que hay que hacer mucha más mariconeada en el teatro”.

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