CIUDADANXS DE PRIMERA: A 8 AÑOS DE LA LEY DE IDENTIDAD DE GÉNERO

Por Aradia García 

Hace 8 años se materializó el reclamo histórico de la comunidad trans y travesti en Argentina: derecho a la identidad. La Cámara de Diputadxs de la Nación Argentina sancionó, por unanimidad, la Ley de Identidad de Género.

Nuestro país se ha caracterizado, desde 2003 a 2015, y nuevamente en 2019, como pionera en materia de Derechos Humanos. Pero ¿Qué significa ésto? Que el Estado Argentino escuchó, por un lado, los reclamos de la sociedad civil en relación a ciertos temas: como la ley de salud mental, sancionada en 2009, el matrimonio igualitario, sancionado en 2010. Y en este caso, la ley de identidad de género en 2012. Y por el otro lado, que tomó cartas en el asunto como, en 2019, la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad; poner a personas trans y travestis en cargos de la función pública, y tantas otras medidas en materia de géneros y diversidad. 

Hay que recordar, que hasta hace no muy poco la Organización Mundial de la Salud, seguía patologizando la transexualidad como una enfermedad mental. El movimiento transfeminista, justo a la comunidad TLGBIQ generó tales presiones sociales que este organismo internacional, no tuvo otra que estar a la altura de las circunstancia y correrla de esa categoría. Sin embargo, no reconocen lo que se ha hecho, en pos de la medicina, como la práctica de lobotomías a las personas lesbianas, trans, travestis, marikas, con el fin de justificar, según ellos, esa desviación de la identidad.

En diálogo directo con SUDAKA TLGBI, nos comunicamos con Florencia Guimaraes, activista travesti  que contó a lo largo de toda la entrevista que no hubo muchos cambios, con la sanción de la ley, pero sí que se ha avanzado en materia de Derechos Humanos: “Antes de la ley de identidad de género había un Estado que no reconocía nuestra identidad, por ende, ese mismo Estado nos castigaba, perseguía y nos criminalizaba. Éramos encarceladas simplemente por ser travestis y trans. Recuerdo que el delito por muchas décadas para nosotras fue nuestra propia identidad de género”. 

En este punto, la Argentina, en el año 2012, fue la primera en entender a la identidad como la vivencia interna. De algún modo, intentó saldar tantas violencias que se vivió hacia el movimiento TLGBI, pero principalmente, hacia las travestis y trans, en los años oscuros de nuestro país. Para hablar de esta ley, es necesario remontarnos a sus orígenes: Códigos de Faltas y edictos policiales de las provincias. Las travestis eran detenidas por vestirse con ropa que no coincidía al sexo.  

Asimismo, Guimaraes destacó que: “Esta conquista significó cientos de vidas de compañeras travestis y trans, muertas. Muchas  fueron enterradas con un nombre que no le que no le correspondía. Detrás de esta conquista hay muchas lágrimas y mucho dolor. Pero también hay mucha alegría, porque hay algo que nos ha caracterizado al colectivo travesti-trans, es poner el cuerpo y salir adelante siempre con alegría y con furia travesti. Para enfrentar todas las adversidades que el sistema heteronormativo, capitalista y patriarcal nos pone por delante”. Tras estas declaraciones, nace la obligación de problematizar una cuestión no menor: Aún, ¿Qué falta por conseguir? 

Para seguir sumando voces y en verdad hacer un relato federal,  Claudia Vásquez Haro, titular de OTRANS ARGENTINA, coincide con Guimaraes respecto a que esta ley es producto de una deuda histórica de hace muchísimos años, y suma que “Se nos reconoce como ciudadanas sujetas a derechos. Es el piso para seguir exigiendo igualdad para nosotras. Sabemos que hay muchísimo más para conquistar, como por ejemplo los derechos económicos, sociales y culturales. Pero también, la reparación histórica para las travestis y trans mayores de 40 años. El enorme desafío que tenemos como comunidad, es construir la memoria colectiva del movimiento”. 

Por otro lado, Delfina Acosta, militante trans de la Provincia de Salta, cuenta que si bien se va avanzado en la legislaciones en materia de igualdad, en nuestro país esta ley “se ha romantizando, por lo menos nosotras, las que estamos en el norte de salta y vivimos otras realidades, que son muy diferentes a las de las provincias centrales. Cuesta mucho hacer cumplir esta ley como se debe. Incluso, hay muchas compañeras que aún desconocen que pueden acceder al cambio registral de sus DNI y todos los beneficios de la ley”

Desde Bahía Blanca, Adabel Torrandell, activista trans independiente, nos cuenta que si bien esta jurisprudencia es favorable para la comunidad trans y travesti, los cambios culturales siguen estando relegados debido a que en la cosmovisión de la sociedad, nuestras identidades siguen generando cierta resistencia. En este sentido, afirma que “Esta ley, lamentablemente, no es integral. Si bien tu documento o el mío dice que somos mujeres, la sociedad todavía se resiste a reconocernos como  tales. Una mujer común y corriente, podría tener un trabajo. En ojos de la sociedad, nosotras no. Y ésto es lo que obliga a las chicas trans a ejercer la prostitución en la vía pública”. 

Sin dudas, la cuestión de la habitabilidad, el trabajo, la educación y todos los derechos económicos, sociales, y culturales, como señaló Vásquez Haro, van de la mano de una cruda realidad: el estigma social hacia los cuerpos e identidades que rompen el binarismo cis-heterosxual. Entonces, entra en una vorágine de disputas de sentidos que se construyen respecto a les (nos) otres. Hoy conmemoramos el 8° aniversario de la ley de identidad de género, que nos sacó de la clandestinidad y nos habilitó el derecho a nuestra identidad. No obstante, encontramos contextos muy hostiles, como señaló Acosta, en el territorio salteño. 

La nueva generación de trans, travestis y no binaries, que nacimos bajo el ala de esta ley, tenemos el enorme desafío de construir y contribuir a la creación de una memoria activa, transfeminista e interseccional, para no quedar ancladxs a una historia oficial. Por supuesto, lo que pasó el 9 de mayo de 2012, gestó la condiciones necesarias para seguir reclamando y exigiendo todos los derechos que aún nos son negados. 

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