Clama el viento y ruge el mar

La bandera del Orgullo y la Diversidad Sexual ya se encuentra flameando nuevamente en el Parque Sarmiento, en la intersección de calles Julio Argentino Roca y Crisol, del parque Sarmiento de la ciudad, por disposición de la Municipalidad de Córdoba.

Por Christian García

Si bien se convocó a un supuesto acto por parte de algunas agrupaciones de diversidad, la Municipalidad nunca emitió declaraciones sobre algún evento oficial. En ese sentido, desde la Mesa Coordinadora  de la Marcha del Orgullo Disidente de Córdoba emitiron esta mañana un comunicado asegurando que no fueron parte de ninguna instancia de diálogo ni de planificación de políticas. “No participaremos de actos simbólicos que no hacen más que tapar con una mano la necesidad de un Estado trabajando para una sociedad más inclusiva e igualitaria”, señalan en el comunicado publicado.

Además, denunciaron que este hecho significativo representa una puja innecesaria con el sector de trabajadores y sectores populares. “No puede haber beneficios para pocxs. NO en nuestro nombre”, afirmaron al respecto..

Recordemos que los incidentes ocurridos la semana pasada protagonizados por un grupo de anti-derechos terminaron con la retirada de la bandera de la Diversidad, la placa conmemorativa destrozada y miembrxs de la Comunidad agredidos física y verbalmente por sectores conservadores.

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Si bien es cierto que no todos los ex Combatientes de Malvinas se opusieron de manera violenta al accionar de la Municipalidad (incluso algunos presentaron un repudio porque entendieron que las disidencias también estamos en continuo combate), es interesante cuestionarse cómo un grupo de violentos se sintieron con la legitimidad, el poder y la autoridad para poder bajar e izar la bandera que, según ellos, tiene que flamear en el cielo.

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Las marikas también somos argentinas. También existimos. Y en nuestra bandera también se derramó sangre y hasta el día de hoy seguimos llorando miles de muertes. Muertes evitables. Muertes a causa de esa misma violencia que retiró nuestra bandera y que en algunos puntos del país fueron incendiadas como fue en el caso de San Luis. También somos sobrevivientes. También somos héroes y heroínas. Y nuestra lucha no se encuentra en los libros de historia heterosexista que leemos en el secundario.

“Yo no sé por qué tienen que sentir orgullo por su sexualidad”, me comentó alguien a través de las redes sociales. “Qué suerte que no tengas que entenderlo”, le respondí.

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