“Como si me hubieran sacado nuevamente la dignidad”: Despiden a una trabajadora trans de la “Casa LGTB” de Rosario.

Marcela Viegas tiene 56 años y se define como una “sobreviviente”. Es una de las 20 mujeres trans de Santa Fe que fueron reconocidas por la Ley de reparación histórica a personas que, por su condición u orientación sexual, sufrieron todo tipo de hostigamientos, vejámenes y prisión entre 1976-1983, durante la dictadura cívico- eclesiástica y militar. Marcela trabajaba en la primer casa LGTB de la provincia bajo la coordinación de Esteban Paulón, y hace un año la echaron sin mediar palabras.

Por Gonzalo Carranza

La historia de vida de Marcela está marcada por el dolor. Estuvo 17 días desaparecida en el centro clandestino de detención del Pozo de Banfield, donde fue “chupada” por su trabajo sexual en Ezeiza, en donde sufrió todo tipo de violencias físicas y psicológicas. Pero su dolor databa de muchos años antes, cuando tenía tan solo 8 años de edad y cayó en las aterradoras manos del cura de su colegio.

En 2016, fue convocada para trabajar en la primer Casa LGTB de la provincia de Santa Fe, que lleva el nombre de Juan Carlos Espina; y que funciona como un Centro Social y Cultural para Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales. Allí se brinda orientación y asesoramiento sobre el acceso a derechos para colectivo LGBTI y atención a situaciones de vulnerabilidad social o discriminación, así como  información sobre espacios y lugares de entretenimiento. Además, se dictan cursos y talleres, se realizan muestras artísticas o eventos, y se dispone el espacio para que las organizaciones sociales de la región puedan desarrollar diferentes propuestas educativas y culturales comunitarias.

Agencia SUDAKA TLGBI dialogó en exclusiva con Marcela Viegas, quien detalló con precisión que su trabajo en la Casa LGTB no estaba formalmente registrado, y que por su realización percibía una remuneración de apenas nueve mil pesos, por 12 horas de trabajo. Asimismo, indicó cumplir muchas horas más de trabajo por las actividades extras que se realizaban en el establecimiento: “Siempre trabaje en ‘negro’ con la promesa de que me iba a poner en blanco. Nunca tuve aportes ni obra social”, afirmó la damnificada.

Como primera medida, Viegas se puso en contacto con ATE (Asociación de Trabajadores Estatales) para preparar una “presentación administrativa” en busca de una respuesta inmediata para su reincorporación. Sin embargo, las autoridades de la casa LGTB de Rosario no brindaron respuesta alguna hasta el momento, y Marcela siguió con sus actividades laborales cesadas y sin goce de sueldo. Por este motivo decidió, con el acompañamiento de ATE, iniciar un juicio laboral a la provincia de Santa Fe.

“Tener 56 años y ser una sobreviviente de la dictadura cívico-militar, y que me hayan echado es como si me hubieran sacado nuevamente la dignidad”. Marcela, recibe una pensión por reparación histórica -que busca resarcir el daño ocasionado por las Fuerzas Armadas-, pero que no es suficiente para vivir. Explica que apenas logra poder pagar los servicios y comer, y que no tiene otros ingresos, ya que por los grandes riesgos que conlleva ser trabajadora sexual, hace un tiempo decidió dejar de ejercer.

Al respecto de su presentación judicial, señaló, “Me gustaría que se logre algo a corto plazo, y que dejen de manejarse de esta manera. Hace unos meses otras compañeras trans me han informado que trabajaban en peores condiciones, ya que las tenían trabajando hace tres meses y no les pagaron nunca”. De esta manera, antes de cerrar la entrevista, con esperanza y convicción, concluyó que espera conseguir un genuino reconocimiento por parte del Estado: “Yo busco que el Estado me reconozca y me reintegre a mis actividades laborales, no busco solo una indemnización”. Recordemos que, particularmente, en la provincia de Santa Fe, el cupo laboral trans, rige desde el pasado mes de noviembre.

El relato de esta experiencia, sabe amargo. Una vez más, las huellas de la desidia dejan marcas en el cuerpo de Marcela, y duelen. Un dolor que nos hace sentir en carne propia, y que nos abraza en una lucha que siempre es y será colectiva. Es que demuestra cómo esta situación, la vuelve a exponer a la desprotección y al desamparo, una realidad que, lamentablemente, todavía atraviesan muchas personas del colectivo LGTB.

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