El mito del cuerpo equivocado

Por Eugenio Talbot Wright

La patologizacion de las personas trans 

Harry Benjamín fue un reconocido infectólogo que comenzó a realizar estudios sobre la sexología humana a partir de los años 40.

Se dedicó a trabajar con personas a las que definió como transexuales, término que introdujo dentro de la disciplina médica y que definió como una particular forma de intersexualidad. 

Según su teoría una persona podía nacer con un cuerpo cromosómicamente determinado (XX mujer, XY varón) pero con patrones cerebrales distintos al sexo biológicamente asignado.

Estos patrones cerebrales anormales podían ubicarse en el hipotálamo, región del cerebro que aun hoy se piensa controla las conductas sexuales. 

Esta supuesta enfermedad se conoció como “Síndrome de Harry Benjamín”.

Para explicar la etiología de esta patología existen teorías y conjeturas diversas.

Por lo general la causa de la misma es atribuida a una falta de actuación de las hormonas en la integración del cerebro del feto, lo que provoca una alteración en el desarrollo neurológico del cerebro.

El Harry Benjamin International Gender Dysphoria Association creado en 1979 estableció que 2 de cada 500 personas nacen como mujeres con cerebros de hombres u hombres con cerebros de mujeres.

Así vemos que esta escuela no solo nos dice que es posible nacer con cerebros y cuerpos equivocados, sino que esta condición patológica se repite con una frecuencia de 4 entre 1000

La teoría del malestar 

Con el auge del psicoanálisis y en oposición a la teoría anteriormente expuesta en el año 1973, Norman Fisk comenzó a hablar de “disforia de género”, término que se utilizó para referir al malestar que una persona trans tiene en relación con el “sexo” que le fuera asignado al nacer.

El malestar lo “padece” el o la transexual al rechazar el cuerpo con el cual nació. 

Este malestar puede ser disminuído o superado siempre y cuando se realice una readecuación física utilizando métodos hormonales y quirúrgicos. 

El síndrome de Harry Benjamin o el de la Disforia de Género están actualmente vigentes y son utilizados para explicar y “diagnosticar” las identidades trans. 

Nuevamente cuerpos imperfectos, inadecuados son habitados, según estas escuelas, por las personas que sufren la transexualidad.

Patologización y persecución 

En la Argentina, la persecución a la población trans – travesti fue una constante por parte del Estado.

Los edictos policiales que penalizaban con cárcel a los y las trans comenzaron a ejecutarse con la mayor de las violencias desde la dictadura de Uriburu y, ya en el último gobierno de Perón, cuando el ejecutivo paso a estar a cargo de Isabel Perón y López Rega se emitió un comunicado que en su último párrafo decía lo siguiente: “Las mujeres que patean en contra hacen también su corazoncito. Hace poco sacaron una revista, mitad tortilla, mitad marxismo. Son las que trepan a las motos, las que se sienten igual al hombre. Mujeres de pelo en pecho, bebedoras de hormonas masculinas, voz gruesa, que han llegado en más de una oportunidad a asesinar a policías y soldados.

Hay que terminar con los homosexuales. 

Encerrarlos o matarlos”.

Pero la democracia no aseguró, en sus comienzos, el reconocimiento de ningún derecho para la comunidad trans / travesti.

Una muestra de esto fueron los artículos policiales que se cobraron la vida de cientos de compañeras durante las décadas de los 80 y 90. 

Esos artículos por lo general decían: “Serán reprimidos con multa o con arresto de 6 a 21 días (según cada provincia) los que se exhibieren en la vía pública o lugares públicos disfrazados con ropas del sexo opuesto”.

Conquistado el más elemental de los derechos en el año 2012, el derecho a existir y ser legales, la lucha continuó en búsqueda de ampliar libertades, y romper con la concepción binaria transnormada de los cuerpos y las sexualidades 

La realidad trans en primera persona

Durante una charla recuerdo a una compañera trans hablar sobre la furia travesti: “yo estaba parada siempre en esa esquina mirando hacia la universidad. Ahí estaba todas las tardes ejerciendo la prostitución mientras miraba como entraban y salían de las aulas centenares de personas y pensaba ¿Qué tanto se hará en esos lugares? ¿Sobre qué se hablará? 

Y pensaba que por mucho que quisiera, nunca entendería que pasaba allí, porque no era mi lugar, porque me estaba prohibido entrar, por más que quisiera nunca llegaría

Pero cuando pude entrar, sorprendida vi que de lo que más se hablaba era sobre nosotras y grité noooo!!!!”

Y es que tanto se nos ha negado que hasta la posibilidad de explicarnos, entendernos y expresarnos ha sido una lucha histórica que continúa. 

Quiénes mejor que nosotros y nosotras para hablar sobre cómo sentimos, deseamos, y queremos para, así, comprender que eso que nos hace únicos y únicas no está determinado por nuestro cerebro, ni por nuestros cromosomas o malestares. 

Entender que las identidades trans rompen con el binarismo, que hay un fluir cada vez mayor y que ya no puede ser explicado el concepto de género por la neurología ni por la biología. 

Somos esculpidos y escultores de nosotros y nosotras. 

Y si existe un malestar está fuera de nuestras corporalidades. Está enquistado en esta sociedad patriarcal, binaria y normalizadora. 

El malestar no es nuestro, es de los otros. Es del que exige la normalidad de los cuerpos, el que solo nos comprende hormonados y operados.  

El ser trans nos permite establecer una relación con nosotros y nosotras que posibilita la construcción y expresión infinita de identidades. 

Porque no nacimos en cuerpos equivocados sino en sociedades violentas y normalizadoras. 

Podemos ser con o sin hormonas, cirugías o diagnósticos.

Y respetando la universalidad de expresiones me permito citar el prólogo del libro “A LA CONQUISTA DEL CUERPO EQUIVOCADO” de Miquel Missé. varon trans catalán:  

Siento la extraña sensación de que me han robado el cuerpo, de hecho, siento que nos lo han arrebatado a las personas trans en general.

Es una sensación que tengo. No pretende ser una verdad, pero lo cierto es que es una sensación intensa y violenta que me ha llevado a escribir este libro.

Me refiero a que se nos ha robado la posibilidad de vivir el cuerpo de otra forma.

Que se nos ha impuesto una interpretación única sobre algunas de sus partes.

Me refiero que para explicar nuestro malestar se nos ha dicho que no deberíamos haber nacido en este cuerpo, pero que podemos lograr el adecuado con tratamientos hormonales y algunas intervenciones quirúrgicas.

He sentido muchas veces que me estaban desvalijando el cuerpo y desde hace un tiempo he sentido también que quería recuperarlo.

Recuperar lo que pudiera de él si es que aún estaba a tiempo.

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