Entrevista a Canela Grandi: “Mí expresión de género me impidió la rápida promoción universitaria”

Por: Claudia Vásquez Haro y Matías David Rodríguez

Si bien, diversos estudios dan cuenta de las dificultades de la permanencia en los espacios científicos y académicos de las personas gays y lesbianas, poco y nada se sabe de las personas travestis y trans en estos lugares. Por esta situación, desde SUDAKA TLGBI, entrevistamos a Canela Grandi: mama, abuela, docente universitaria, arquitecta rosarina y trans.

El pasado 5 de Julio se conmemoró el Día de la Diversidad en las Ciencias, que se remonta al Reino Unido, con la idea de celebrar el trabajo y la vida de las personas disidentes en los ámbitos científicos y académicos. Desde el 2018, comenzó a cobrar fuerza en otras partes del globo, demostrando que, “Una mayor inclusión tiene como consecuencia una mejor ciencia”.

¿Nos gustaría saber cómo te definís, quien es Canela Grandi?

—Soy una persona trans, arquitecta, que produce su transformación a mi nueva identidad de género a una edad avanzada. De manera, que ya había tenido una familia, tres hijos y dos nietas. Pero por otro lado, como toda cosa ocurrida quizás a destiempo, ¿o no?, ‘probablemente fue el único que se dio en mi vida’, conllevo otro tipo de obligación. Porque de los 30 años que llevo trabajados en la docencia universitaria, solamente transite como Canela, los últimos 10 años.

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¿Cómo fue la reacción en los ámbitos que atravesás cotidianamente, cuando te mostraste en sociedad como Canela?

—Yo siempre cuento que, como todo proceso de identificación, al menos a la edad mía, fue lento y gradual. ¡Uno no se acuesta y al otro día se levanta y se viste de mujer! Creo que es la interpretación de una necesidad interna muy grande, que cuando sale a la luz, cuando vos lo ves, te das cuenta. En el umbral de los 50 años, lo vas tomando y lo vas desarrollando de la forma en la que podes y lo entendés.

De manera tal, que los cambios siempre fueron muy graduales, he tratado de ser respetuosa, porque lógicamente tenía compromisos: jefes y alumnos; hijos y parientes…; empleados y clientes, de manera tal, que todo se hizo de la manera más armónica posible, al menos desde mi punto de vista.

¿Cómo consideras es tu presencia en los ámbitos académicos?, siempre los medios de comunicación, las noticias, hablan de nosotras desde la marginalidad o asociado a la delincuencia, o solamente desde los lugares de prostitución. Si bien no desconocemos que un alto porcentaje de nuestra comunidad travesti y trans, sobrevive de la prostitución. Entonces, cuando comenzamos a pensar cómo hacemos conocer una historia, para conmemorar el “Día de las Personas TLGBI en las Ciencias”, nos preguntamos, ¿qué lectura tenes vos, respecto a tu lugar de docente, por un lado, con les estudiantes; y por el otro, también, con la universidad como un espacio donde podrías relatarnos tu experiencia, y cuál es el desafío también de las personas travestis y trans en esos espacios?

—Si, si por supuesto. La consecución de trabajo para las chicas de nuestro colectivo es un problema grande. Sin embargo, en mí caso, en algunos aspectos pude manejarme con autonomía económica.

Por supuesto, mí expresión de genero impidió la rápida promoción hacía estamentos más altos, -una tarea que los jefes de cátedra suelen hacer discrecionalmente, de manera tal que si le convenís o le gustas, ascendés más rápidamente y no de otra forma- esa por supuesto fue una contra para mí.

Pero el tema de la promoción y el ascenso dentro de la academia, era para mí un problema que venía de antes de ser Canela, producto de mí ideología arquitectónica, que es contraria a la oficial -al menos en la Facultad de Arquitectura de Rosario-. Es una postura, que brega por una forma de vida más natural, más orgánica, diferente a lo que estamos acostumbrados a ver como ciudad.

Claro que esa falta de promoción ya estaba antes, pero por supuesto que se agudizo.  Aquellas personas que eran muy respetuosas antes que diera el cambio, son muchísimo menos respetuosas con Canela.  Pero no se dio en los estudiantes, se dio en las autoridades, algunos colegas. Por suerte, esto ocurrió cuando yo tenía de alguna manera una trayectoria y un cierto prestigio ganado. Sobre todo, basado en el cariño de los estudiantes y, por supuesto, en los logros académicos. Pero más que nada, en el cariño de los estudiantes y los propios colegas. ¡Por supuesto, la clientela desapareció!

¿Cómo cambia la vida de una persona trans cuando asume su identidad en relación a su familia?, ¿qué podés trasmitirle a alguien que te esté escuchando, en lo que implica dar el cambio – porque si bien es cierto que ganas en términos personales, porque expresas lo que sentís-. Pero, ¿cúal es la contraparte, qué es lo que se pierde?

—La contraparte, es como dije en una charla que di hace unos meses en el Colegio de Arquitectos, que pasas de hacer un shopping de 11 mil metros cuadrados a impermeabilizar un techo, esa es la diferencia. Pasas de tener 70 empleados a 4. El prejuicio es muy grande y esta enquistado en los lugares de decisión más altos de la sociedad. Es decir, la clientela de clase media sigue siendo mi clientela y, a partir de un punto donde comienzan a elevarse los ingresos y poderes decisionales, la clientela, ¡ya no es más mi clientela! como alguna vez lo fue.

Volviendo a tu rol de docente ¿Qué mensaje trasmitís a tus estudiantes? Te lo digo como docente, soy profesora en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, en una cátedra que se llama Comunicación y Derechos Humanos, y lo pregunto desde ese lugar.

Imagínate que lo que uno conoce es arquitectura, ¿verdad? Y en particular, he construido mucho. El arquitecto se está enfrentando a una situación en la que queda preso de decisiones de orden económico y especulativas. Y más aún, en esta etapa final del capitalismo plutocrático, lo que hace difícil pensar en un arquitecto como se lo pensaba en los años 60’ o 70’, donde había brillantes arquitectos tanto en Argentina como en el mundo. Y cuya palabra, si bien no era ley, al menos era escuchada y seguida. Basta pensar en personas que no son para nada de mi ideología, pero que han sido brillantes como Mario Roberto Álvarez, o colegas del palo como Eduardo Sacriste. Y uno pensaría que, en este momento, esas personas no tendrían ese poder de decisión o de predicamento que tenían hace 40 o 50 años atrás.

Lo que trato de enseñar a los chicos, es que son ellos quienes deciden y que, si hacen una mala obra arquitectónica, es también su responsabilidad. Es decir, uno tiene la sensación o la impresión (el concepto más que nada), que si uno va al médico y le dicen ‘tiene que hacer esto sino se muere’, uno lo hace.  Pero cuando el arquitecto le dice al desarrollador inmobiliario ‘tenes que hacer esto, porque si no es invivible’, te responden ‘bueno no importa, tenemos que sacar más departamentos’. Pero aceptar esa respuesta, es el flaquear del arquitecto y es el que lo permite. Así como una sociedad tiene golpes de estado, cuando el pueblo lo permite, de la misma manera tiene gobernantes como los que tuvimos hasta hace unos pocos meses, porque el pueblo lo permitió. De la misma manera, a veces el arquitecto permite ser utilizado y ejercer mal su profesión, para obtener simplemente en algunos casos trabajo.

Digamos que el día que tengamos el predicamento que tuvimos hace 40 años atrás, la sociedad va a hacer un poquitito más linda desde lo urbanístico y bastante mejor como ciudad, hay que retornar un poco a eso.

En una charla TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño), en la ciudad de Rosario, que fue maravillosa, quedó demostrado que bregas por una arquitectura que celebre la vida y se denomina una arquitectura orgánica.

—Así es. Siempre he tenido una actitud ética. He dejado pasar trabajos porque no coincidían con mi posición ideológica, cuando necesitaba criar hijos y sino lo hice en ese entonces, muchos menos lo voy hacer ahora, ¿no cierto?, ya que esa parte de mi vida, ha sido superada. De alguna manera, puedo vivir con poco. Es una postura que a lo mejor lo pueden encontrar en personas como el arquitecto Rodolfo Livingston, gente si bien no hizo un sacerdocio de la profesión, pero sí de ella algo digno.

Muchas gracias Canela por esta entrevista.

—Han sido muy generosas conmigo. Gracias.

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