Existencia y resistencia en un mundo de otros

Por Toni Domínguez

Como en toda efemérides, me fui a los orígenes de la fecha, a buscar por qué se conmemora el 14 de julio El Día Internacional de la Visibilidad No Binaria, y me encontré con un posteo publicado en 2008 en Tumblr, la plataforma de microblogueo más grande del mundo que reúne blogs de los más diversos temas, que decía lo siguiente:

Llamado a un día internacional de género no binario

¿Bueno, por qué no?

Las mujeres tienen su día. Los hombres también tienen el suyo. Y nosotres, les no binaries, todavía quedamos en el polvo.

No estamos pidiendo mucho. Pedimos un día una vez al año que se centre en personas no binarias, nuestras contribuciones al mundo y nuestros problemas, sin agruparnos necesariamente con hombres o mujeres. Estoy tan cansado de que me carguen con cosas porque tengo útero, todo en nombre de la hermandad. ¿No se supone que el feminismo está deteniendo la reducción de las mujeres a su útero?

Aparentemente no cuando se trata de personas no binarias.

Un día. Eso es todo lo que quiero. ¿Qué tal el 14 de julio? Está precisamente en el medio entre el Día Internacional del Hombre y el Día Internacional de la Mujer. Es un buen mes. Numerologicamente es un 3, que es un número apropiado, creo, para nosotres les no binaries.

Esta entrada fue publicada en un blog de feminismo y política que se llama “Mercado negro de Firce Femme”, de Canadá y tuvo más de 12 millones de tags, entre comentarios y compartidos. Fue tan grande la viralización, supongo que por lo necesario que era en ese momento crear una festividad e incluir a esas identidades trans que recién comenzaban el proceso de deconstrucción de un sistema perpetrado hace siglos. Es así que el Día Internacional de la Visibilidad No Binaria nace de una nueva generación que creció con internet al alcance de las manos y utilizó todas sus herramientas para visibilizarse. Pero ¿cómo surge la lucha no binaria?¿somos el resultado de una generación de bloggers?¿qué somos las personas no binarias?¿se come eso?

La identidad no binaria se aplica a las personas que no se autoperciben ni varón ni mujer, y que pueden identificarse con un tercer género o ninguno. Al igual que las personas trans, rompemos con el sexo biológico quitándole el valor simbólico y constitutivo de la identidad para construir el género en función de nuestros deseos. Las personas no binarias nos encontramos dentro del paraguas “trans”, que reúne a más de 10 identidades y expresiones del género. Lo que principalmente conocemos son las personas trans binarias: una travesti, mujer trans, trans femenina o los varones trans, masculinidades trans; es decir personas que reconstruyen su identidad pero dentro del binomio hombre/mujer. Así y todo, como decía Lohana Berkins: “De volver a nacer elegiría ser travesti, orgullosamente trava”; porque en el mismísimo hecho de no elegirnos cis género sabemos que es la puerta a una resistencia por momentos minúscula, cotidiana, casi íntima; pero como las hormigas: todas juntas hacemos camino.

Las personas de género no binario somos personas trans también, pero lejos de reproducir el orden más antiguo de control que tiene el sistema hetero patriarcal, lo damos por el suelo. Podemos tener características de ambos géneros, no sólo en la vestimenta y accesorios que responden a la expresión del género, sino también en nuestra identidad y cómo nos nombramos ante el mundo. La lucha política de la visibilidad es para construir ese futuro no binario donde nadie tenga que llenar formularios con casilleros de M o F, por documentos de identidad sin sexo, por tener partidas de nacimiento sin la biología que juzga y delimita. En definitiva, por arrebatarle a la ciencia médica la capacidad de decidir sobre las corporalidades, siendo esos argumentos los cimientos de una sociedad pensada estratégicamente heterosexual.

Tomar la palabra

La apropiación de la “e” y los pronombres neutros en el idioma hispano tiene como fin erradicar la separación binaria del lenguaje, que en definitiva nos constituye como seres humanos. “Las palabras y las cosas” diría Foucault, son esos entramados simbólicos en los que se construye todo nuestro recorrido cultural. Cuando pensamos en la palabra “varón”, esa cadena significante se llena de adjetivos como “fuerte, caballero, inteligente, trabajador, poderoso”; en cambio cuando pensamos en la palabra “mujer” imaginamos “dulce, madre, comprensiva, prolija, complaciente”.

Es por eso que el lenguaje inclusivo viene a nombrar aquello que vemos pero no podemos imaginar. Esa imaginación, en verdad, es el final del recorrido que hacen las palabras hasta convertirse en signos; que en definitiva serán quienes nos hagan entender esas palabras. Pierce dos punto cero. Además de ser una postura política, el lenguaje es arbitrario, se rige por consensos y es un terreno de constantes disputas por el sentido. Una batalla cultural que estamos dispuestes a dar.

Si tengo que imaginar un futuro, lo pienso transfeminista y no binarie. Siempre me gusta soñar en grande, por eso soy militante, en definitiva sueño con transformar la realidad. ¡Y vaya que lo hemos logrado! 52 años derribando el closet. Nadie dijo que sería fácil, no lo fue ni lo es. Probablemente mientras leas ésto alguna persona de la diversidad sexual está siendo vuelnerada en algún rincón del mundo. Pero sueño, además, con un ejército disidente armado de conocimiento, con cascos de historia, con chalecos de piel curtida, botas de taco aguja y con fusiles de puños en alto que gritan libertad.

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