Existencias translesbianas: modos insurgentes de ser y sentir

Por Aradia García.

Al calor de la marea verde, y esta nueva ola del feminismo, comenzaron a emerger ciertas identidades de géneros, como así también sexuales. Desde una perspectiva histórica, el movimiento trans y travesti se ha visto en un punto de inflexión y de cuestionamiento de ciertas lógicas cis-sexistas y patriarcales.

Es decir, desde principios de los 70´ el feminismo esencialista con figuras de Simone de Beauvoir, Judy Chicago, escritora estadounidense y la del movimiento Woman Artist in Revolution, permitió gestar algunas condiciones interesantes de analizarlas en términos culturales e identitarios.

En un primer momento, este tipo de feminismo proclama la diferencia radical de las mujeres frente a los hombres como la superioridad moral de la feminidad pura y original, lo que deviene en un feminismo lesbiano, a partir del cual comienza aparecer la corriente lesbica como identidad, más no como orientación sexual.

Sin embargo, esta propuesta que nace en Estados Unidos, desde una perspectiva actual, es ampliamente cuestionable debido a las diferentes formas de ser una femenindad/mujer. Uno de sus postulados era/son: “el clítoris como epicentro del placer”. Entonces, me pregunto yo, en dónde quedamos las personas travestis/trans, dentro de esta disputa por el poder y la representatividad. Haciendo un paralelismo, es lo que sucede hoy en día con las Feministas Radicales, o también llamadas “TERFS”, llevando a cabo discursos cargados de una moral y ética transodiante. Donde no se permite pensar a las identidades en un sentido más amplio, dejando la genitalidad de lado.

Un feminismo superador, popular y decolonial

América Latina ha sido partícipe de cuestionamientos históricos en relación a la economía, clase social, géneros y raza. Entonces, el feminismo decolonial, o como me gusta llamarlo, popular, del sur, del barro, creo que llega en un momento clave para pensar las construcciones y producciones de las ideas feministas, que hoy en día se están llevando a cabo. Donde se intenta reproducir una voz subalterna, no hegemónica, que ha estado siempre ahí sin que lograra una atención más allá de la mirada particularizadora que la cargaba de especificidad y, por tanto, la inhabilitaba como pensamiento más general que tiene consecuencias sobre la manera de interpretar la opresión histórica en clave de género.

Boaventura De Sousa Santos, pensador latinoamericano, nos propone hablar por y para el sur, a partir de una encrucijada de saberes y culturas atravesadas por lo mismo: el pensamiento eurocéntrico de la cultura y las prácticas hegemónicas. En esta clave, el decolonialismo y el feminismo popular van de la mano de cuestionar aquel feminismo de manual, blanco, clase media y de mujeres.

Este feminismo contrahegemónico, afirma la necesidad de entender que no se puede explicar la opresión de la gran mayoría de las mujeres, desde una mirada que atienda sólo al género, sino también a la raza, la clase y al heterosexismo.

Para muchas de nosotras que nos definimos como feministas decoloniales, principalmente en Argentina, hay un movimiento TLGBI, pero principalmente, travesti y trans que nos sentimos abrazadas por este feminismo negro. Que funde sus raíces en una crítica que le hacemos a la teoría feminista clásica y blanca, para poder nutrirnos de ahí y ponerlo en relación con nuestra propia experiencia histórica. El plus que le añadimos es el análisis de la experiencia colonial que ha sido distinta para territorios como los de Abya Yala o lo que se llama Latinoamérica.

Transfeminismo y translesbianismo

Como señala Claudia Vásquez Haro “La preocupación social por establecer etiquetas identitarias resulta, la mayoría de las veces, en la estigmatización (…)  Para hablar de las personas travestis y trans debemos partir de un paradigma de la expulsión y la exclusión, para luego problematizar la ominosa ausencia del Estado, y sus responsabilidades en todo el proceso del desarrollo humano (…) Las identidades travestis y trans sufrimos la doble criminalización, a través de prácticas vejatorias, de torturas, tratos crueles e inhumanos e, incluso, el abandono y la muerte. Esta concatenación de violencias que maximiza las vulnerabilidades de las personas travestis y trans a lo largo de su ciclo vital, configura lo que denomino como una epistemología del despojo”.

Entonces, estas interseccionalidades de género y clase se le suma la sexualidad, donde permiten problematizar preguntas, en relación a las masculinidades cis hegemónicas ¿Por qué siempre se piensa que las personas trans somos heterosexules?¿Por dónde pasa nuestro deseo y placer? ¿Por qué los hombres cis piensan en nosotras como un objeto? ¿Por qué quieren romper todo?

Esta nueva categoría, concepto o forma de autopercibirme, va mutando. Se trata de nombrarnos y resignificar nuevas prácticas y modos de organización en clave de un pensamiento encancipador, donde la sexualidad y los géneros se viven de una forma libre. Entonces, se trata de  apropiarnos de nuevos espacios y romper lógicas cis-sexistas desde el paradigma de la política, deconstruir un pensamiento hetero-cisnormado y patriarcal sobre nuestras identidades, y así, cuestionar la genitalidad e inscribir nuevos modos de amar.

En este sentido, sabemos que hay mujeres cis lesbianas; lesbianas y translesbianas. Sabemos que hay lesbianas que no son mujeres, lesbianas no binarias y podría seguir así mucho más. Imagínense, si una persona trans ya por solo ser trans, es oprimida, golpeada y discriminada ¿que nos quedan para las trava-tortas? El concepto transbiana, nos permite empoderarnos y cuestionar el sentido común de nuestras identidades, debido a que hay una carga simbólica directa en el pensamiento social de concebirnos como heterosexuales y sumisxs. La marea verde nos ha dado sobradas cuentas en decir que no lo somos, que venimos a resistir y decirles que no caeremos en la heteronorma.

Esta identidad y autopercepción, surge a partir de este nuevo paradigma: el transfeminismo, como un instrumento superador, donde además, va de la mano de la perspectiva decolonial. A priori, la dimensión de la corporalidad, la subjetividad y la resignificación política de las identidades han estado presente. Asimismo, este tipo de feminismo busca una alianza no sólo identitaria. Busca, principalmente levantar las banderas del movimiento disidente, de mujeres, de lxs travesti/trans y no binaries.

El feminismo no es un solo, no es hegemónico, el feminismo no es de mujeres blancas, de clase media y académicas. Sino todo lo contrario, es popular, del barro, pobre, negro y disidente. Entonces, como dijo nuestra camarada Lohana Berkins, el tiempo de la revolución es ahora, porque al closet y al calabozo, no volvemos nunca más.

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