Hablar de niñeces en un sentido amplio

Por Charo Zeballos y Aradia García

¿Qué es la niñez? ¿Es lo mismo en todas las culturas donde las formas de organización para el cuidado pueden ser diferentes? ¿Qué pasa con las niñeces sin cuidados, por ejemplo una niñez marginal, sin garantía de derechos humanos, como  las travestis y trans que muchas veces son expulsadas de sus hogares por expresar su género?

Las representaciones sobre qué es la niñez han existido a lo largo de la historia, siempre mutando en relación a los cambios culturales. Es así que hablar de lo que se comparte como significante común entre las personas, de qué se entiende por “niñe” no es lo mismo que el de hace varios años. Donde, por ejemplo, la idea de niñe se nos presentaba como impensable, se utilizaba, en cambio la variable androcéntrica “el niño”. Hablar de niñez, así en singular, es hablar del estereotipo que se nos representa como un particular hegemónico, por sobre todas las posibles experiencias de atravesar esta etapa.

Entonces, aparece la necesidad de problematizar los sentidos construidos respecto a estos parámetros hegemónicos. Y en este sentido, la consigna “infancias libres, sin violencia ni discrimianción” ha cobrado un rol clave frente a estas temáticas. Entendiendo, por sobre todo, que estas cadenas de significantes ponen en tensión la configuración sociocorporal de las infancias, poniéndolas en un lugar plural, y que hay muchas formas de atravesar esta etapa. El sentido político de la consigna establece que, estas experiencias, no deben ser coartadas o “normativizadas”, sino que a las infancias se las debe cuidar, escuchar y respetar.

En momentos en donde el Estado tiene la clara consigna de ser popular, democrático y (trans)feminista, se llevan a cabo procesos de revisión de las formas establecidas del deber ser. Entonces, cabe destacar que desde la cartera que conduce Daniel Arroyo, Ministro de Desarrollo Social de la Nación, y puntualmente, de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf), se propuso renombrar este día como Día de las Infancias, con la idea de promover una mirada más plural e inclusiva, que permita dar cuenta de las múltiples maneras de vivir las niñeces.

Modos insurgentes de ser y sentir: Infancias

Empezar a hablar de infancias libres, del derecho de les niñes a hablar de sí mismes, implica desandar aquellos discursos que ponían a la persona adulta como centro de las decisiones sobre les infantes. Esta visión, presentaba a las niñeces desde la carencia, como seres incompletas, despolitizadas, que no tenían un rol más allá de la obediencia. Es por esto, que hablamos de los modos insurgentes de ser y sentir, no porque no hayan existido antes, sino porque nos debemos escucharles. Y es por esto, que  es  imposible no pensar estos procesos por fuera del ala de un movimiento transfeminista que gestó las discusiones, y posibilitó desenquistar estos temas del ámbito privado, para así ponerlo en lo público, tal como señaló la gran activista travesti Lohana Berkins.

Cuestionar el adultocentrismo es cuestionar esa mirada que sabemos, que se construye como un universal y que sólo tiene validez generacional, en lo que se considera como la verdad absoluta y única  de les “adultes mayores”, y  que deja por fuera esta mirada tan necesaria y tan válida de las infancias.

La circulación de estos discursos abre la posibilidad de empezar a pensar nuevas formas de concebir las niñeces, nuevas formas de criar, escapándole cada vez más a la heteronormatividad obligatoria. Sin embargo, todavia son vastos los mensajes que refuerzan estereotipos de cómo deben ser les niñes, en base a los estándares binarios y biologiCIStas. Donde también, el rol de los medios de comunicación, la familia, la escuela y tantas otras instituciones, continúan reproduciendo sentidos sedimentados en la cultura.

Pero, ¿cúal es la cultura que vale? ¿Aquella que continúa con los sentidos perennes/estancos? ¿La que forma parte de un sistema de dominación que perpetúa los modos de “deber ser”, para así entrar en los cánones socialmente impuestos o esperados? Es por esto, que es necesario posicionarnos desde el paradigma de la inclusión, para atender y  entender que no existe una verdad, ni un sólo modo de vivir.

Debemos comprender que la importancia de revisar los establecidos, las formas en las que nosotres mismes fuimos criades, radica en dejar de anular subjetividades. Para que nunca más une niñe sienta culpa, vergüenza o miedo de ser. Y para anidar infancias libres, que puedan vivir sus identidades, abrazarlas y decir, con voz propia, “yo soy”.

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