Iglesia y Estado ¿asuntos separados?

Por Gonzalo Carranza  

Desde hace 11 años la Hermana Mónica Astorga, una monja de clausura comenzó su incansable lucha: rescatar y contener a mujeres trans de las adicciones y la prostitución.

Cientos de años de formación religiosa han plasmado en la sociedad un reinado de conservadurismo donde las disidencias, en especial las identidades trans y travestis han quedado marginadas por el machismo, la transfobia, el odio y la violencia.

A pesar de todo esto, la Hermana decidió romper con lo establecido por la religión cristiana y comenzó a ayudar a las chicas trans que se encuentran en situacion de prostitucion e indigencia, y afirma que la Iglesia es extremadamente “machista” y pregunta: ¿Quiénes somos para decirle a una gay, una lesbiana o una mujer trans que tiene que hacer con su vida?

Los inicios:

Un día Mónica se encontraba en misa cuando Romina, una chica trans, se acerca a dejar en el diezmo lo único que tenía: “dinero de la prostitución”. En ese momento y sin dudar, Mónica le pregunta cuántas chicas más estaban en la misma situación. Su misión ya había comenzado. A los tres o cuatro días Romina aparece con cuatro compañeras más y son invitadas a rezar a la capilla; “hasta esto nos quitó la Iglesia, la posibilidad de rezar”, afirmó. Luego de ese primer encuentro, Astorga les pregunta ¿qué tipo de sueños tenían? y una de las chicas, Katy, le responde: “una cama limpia para morir porque no se, si esta noche cuando salga a la calle, vuelvo con vida”. Desde ese día Mónica no pudo volver a dormir tranquila pensando en esas palabras.

“Yo no las llamo rescatadas, solamente las invito a decirme que quieren para sus vidas, quiero que se rescaten ellas mismas de sus historias. Deben sanar esas heridas, yo solo las puedo acompañar y darles herramientas. Ellas mismas deben descubrir que pueden” nos cuenta la hermana Mónica.

Los encuentros con las chicas se dan dentro de la Capilla, donde rezan y charlan sobre las principales problemáticas que sufre la comunidad trans y travesti. Vivienda, salud, educación, adicciones, trabajo, ausencia del Estado, violencias, situacion de prostitucion. Hablan sobre la religión y practican acercar a Dios a través de 15 minutos de relajación, donde escuchan música suave y leen pequeños fragmentos del Evangelio. Por un momento salen de esas pequeñas habitaciones de “porqueria” como las llama Mónica, donde viven varias de las chicas en condiciones de insalubridad, sumado a las adicciones que vienen de la mano con la calle y los altísimos altos pagos de alquileres.

El apoyo para la causa viene principalmente de “Cáritas” nacional y Sedronar. Pero también del mismísimo Papa Francisco, quién ha leído y respondido los emails de Mónica pidiendo por su ayuda. Ellos se conocen desde hace tiempo, cuando el Papa era Bergoglio. En uno, Francisco le escribió: “En la época de Jesús, los leprosos eran rechazados así. Ellas son los leprosos de la actualidad. No dejes el trabajo de frontera que te tocó”, recordó Mónica.

“Katy, la chica que me pidió una cama limpia para morir era alcohólica y después de siete años me pidió la ayuda para dejar el alcohol. Comenzó en “Alcohólicos Anónimos” y ahora en marzo ya se cumplen siete años desde su recuperación. Ahora Katy, en este momento, trabaja por las mañanas en la Dirección de Diversidad Sexual de la provincia y por la tarde tiene su taller de costura. Después de 34 años ella pudo reencontrarse con su familia, había sido expulsada a los 13 años de su hogar por su elección de ser mujer, quedó a la deriva, pero después de haber hecho todos estos pasos, lentamente, pudo volver a encontrar su camino y logró construir un vínculo muy lindo con sus hermanos y su mamá”.

A pesar de la triste realidad que vive la comunidad trans en la Argentina, donde cada 96 horas se comete un travesticidio en algún punto del país, Mónica y su causa logran ver lo positivo entre tanta oscuridad: “Todo esto puede ir mejorando, ya se dieron los primeros pasos. Hoy las trans están ocupando distintos espacios. Ahora hay acompañamiento desde las infancias trans, es una nueva generación que tiene el apoyo de sus familias. Las trans que conozco tienen historias de mucho dolor, han sido expulsadas de sus familias desde muy pequeñitas. Hoy tenemos muchas familias que acompañan a sus hijas y las apoyan. Si todos y todas tomaramos conciencia de que todo el colectivo trans no son enfermxs, son iguales a nosotrxs. Debemos informarnos mucho, porque hay mucho material e historias de vida que pueden ayudar a no condenar, a no juzgar. Debemos mirarlas con amor y respeto. No sirve de nada el odio”, enfatizó convencida de la transformación social que es necesario construir.

El año anterior la Hermana Mónica se ocupó de recorrer distintos puntos del territorio Argentino para hacer un diagnóstico preciso de lo que sucede con las chicas trans. Para poner en evidencia la realidad, los travesticidios rara vez se visibilizan en los medios de comunicación y que no son agenda en el Estado. Ellas son violadas y asesinadas con saña, la mayoría de las veces por estar dentro del sistema prostituyente: “Para aguantar la noche toman alcohol y se drogan, en ocasiones los propios clientes les piden que lleven las drogas y eso, tarde o temprano, las lleva a la muerte”.

“Siempre les doy tiempo, les dejó en claro que no porque sigan ejerciendo la prostitución no pueden venir a verme. Acompaño a muchas de ellas que siguen en la prostitución y las respeto. Sé que no tengo mas para ofrecerles, porque para que puedan dejar la calle debo ofrecerles vivienda y trabajo seguro y no los tengo”, concluyó.

Entonces ¿la Iglesia y el Estado son asuntos separados? 

La hermana Astorga pone en jaque con su labor el rol de la Iglesia como Institución reproductora de discurso transodiantes, ella supo vislumbrar las problemáticas, ver a esas almas en pena torturadas por sus historias llenas de dolor y darles un poco de luz. Su perspectiva de inclusión, pero sobre todo de respeto les dio un hogar para escapar de esas esquinas a la espera de hombres que hacen con sus cuerpos lo que desean. En Argentina las trans y travesti tienen una expectativa de vida de 36 años y el Estado ante esto decide mirar para otro lado, dejando un vacío que es rellenado por personas como la hermana Mónica. 

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