Joe Biden ¿la nueva esperanza de las minorías sexuales y raciales?

Pasaron poco más de dos semanas de la asunción del nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dejando atrás al candidato republicano Donald Trump, un personaje reaccionario y discriminador. Pero también en el pasado quedó la oscura etapa de violencia y hostigamiento incentivado por un delirio racial del trumpismo ¿O estamos ante la presencia de la continuación del legado estadounidense de “grandeza” a costa de múltiples opresiones?

Por Gonzalo Carranza para SUDAKA TLGBI

Joe Biden es el segundo presidente católico en ocupar la Casa Blanca, 60 años después del fallecido Kennedy. Presenta un perfil un tanto progresista y moderado que se nutrió de la doctrina social de la Iglesia y de alguna manera, de la Teología de la Liberación y su opción preferencial por los pobres. Teología que viene a ser una rama que se separa de los dogmas de la Santa Sede, una que se presenta desde lxs más oprimidxs hacia arriba. Generalmente, es aquella que militan los “curas villeros” en América Latina. 

El nuevo presidente de Estados Unidos ha demostrado que sus prácticas políticas son contrapuestas a las del saliente Donald Trump, en primera instancia. Mediante la firma de un decreto presidencial, Biden permitió que las personas transgéneros ingresen al ejército y les sea respetada su identidad autopercibida.  Esta decisión viene a romper con la política de su antecesor de prohibirles el ingreso, ya que significaban un “gasto médico enorme para tratamientos de trastornos”. Lxs activistas LGBTQ se han cansado de repudiar la medida que se anunció en julio de 2017 a través de Twitter. La prohibición bloqueaba, específicamente, a las personas a las que se les ha diagnosticado una afección conocida como disforia de género para que no presten servicio, con limitadas excepciones.

También especifica que las personas sin la afección pueden servir, pero solo si lo hacian debía ser de acuerdo con el sexo que se les asignó al nacer. Estas declaraciones no solo eran sumamente discriminatorias y violaban la identidad de lxs postulantes a las fuerzas armadas, sino que también, presentaban nuevamente una patologización de las identidades trans en Estados Unidos.

Sin embargo, nos vemos en la necesidad de indagar sobre los orígenes del nuevo presidente y su relación con los DD.HH, el feminismo y el movimiento LGTB+. Durante los últimos meses, con la dura elección que se vivió en el país norteamericano, los candidatos debieron apostar a promesas de campaña que les permitieran ganar el tan prestigioso lugar, ser la personas más “poderosa” del mundo en términos geopolíticos. 

Biden tuvo una larga y ardua carrera en la esfera politica, dirigente demócrata y senador por varios años. Se posicionó en contra del aborto, pero esta postura pareció evolucionar, en la medida que hasta hace unos pocos dias, tambien mediante decreto presidencial, dejó sin efecto el veto a los fondos de programas destinados a la interrupción voluntaria del embarazo que había impuesto, también, la admistración saliente.

En la misma línea, el presidente de una de las potencias económicas mundiales ha decidido enviar un proyecto de ley al Congreso que establece un camino hacia la ciudadanía para más de 11 millones de inmigrantes indocumentados. Esta medida representa otro escenario para las políticas migratorias del país, ya que el legado de Trump consistía en deportar, criminalizar y excluir a los inmigrantes de distintos países, sobre todo de México, China y países musulmanes. 

Donald Trump apenas asumió a su cargo, allá por el 2017 planteó la creación de un Muro que separe a México de Estado Unidos. El famoso Muro gigantesco que dejó boquiabiertos a todes. Presentaba un simbolismo extremadamente fuerte contra quien no cumpliera los cánones del “yankee promedio”, y en contra de políticas de unión entre países. Muy por lo lejos quedaba la esperanza de un mundo sin fronteras.

En este sentido, es de extrema necesidad contextualizar los diferentes estallidos sociales que se vivieron durante la era de Trump. Creo que a mi parecer, el más movilizante en términos sociales, culturales, políticos, pero sobretodo raciales, fue el “Black Lives Matter”, un episodio crucial que atravesó sus sociedades. Después de la muerte de George Floyd en Minneapolis en mayo de 2020, el movimiento continúa arrojando luz sobre lo que llama racismo sistémico y brutalidad policial desde los pueblos pequeños de Estados Unidos hasta sus centros urbanos. El movimiento de escala mundial viene a romper con la supremacía blanca por parte de las políticas colonizadoras de Estados Unidos, políticas de opresión sistemática.

Es por ello que el flamante presidente al ver lo que había generado el despertar de las minorías, decidió tomar cartas en el asunto para ¿acabar? con el legado del magnate Donald Trump. A pocos días de su asunción, a través de una orden ejecutiva, Biden prohibió la discriminación laboral en el gobierno federal basada en la orientación sexual y aseguró la protección para la comunidad LGBTQ. Pero la decisión quizás más sorpresiva fue la de designar a Susan Rice para liderar un esfuerzo de todas las agencias del gobierno para acabar con el “racismo sistémico”, para lo que las agencias deberán hacer un informe sobre equidad en sus filas. Esto implicaría una reestructuración en las formas de acceder al empleo y erradicar la discriminacion en las áreas estatales.

 “Cada agencia colocará la equidad en el centro de su participación pública, su diseño y ejecución de políticas para garantizar que los recursos gubernamentales lleguen a los estadounidenses de color en todas las comunidades marginadas: rurales, urbanas, discapacitadas, LGBTQ, minorías religiosas y tantas otras”, aseguró la nueva secretaria en coferencia de prensa.

Si bien las medidas de Joe Biden son prometedoras y mantienen vivas las esperanzas de una sociedad mas justa e igualitaria, libre de discriminación hacias las minorias, debemos entender que Estados Unidos radica su poder en las desigualdades sociales y el imperialismo económico. Sus grandes cimientos se lograron gracias al padecimientos de los pueblos menos desarrollados y el sufrimiento de las minorías, que llevadas por la desesperación, migran al país para ser la mano de obra barata de la supremacía blanca y el “blanco” para múltiples opresiones. 

De allí que es indispensable analizar la realidad social y cultural desde una perspectiva interseccional, que nos brinde las herramientas necesarias para demandar a las nuevas gestiones cambios verdaderos en las estructuras socio-económicas-culturales de sus países. Desde el activismo LGBT se le demandó a la nueva gestión que la Ley de Igualdad sea una prioridad en el Congreso. Esto representaría agregar a la orientación sexual y la identidad de género a las leyes federales de derechos civiles existentes.

Otra de las grandes sorpresas en la carrera por el triunfo electoral fue la aparición de Kamala Harris, la primera vicepresidenta mujer negra en asumir. Un símbolo que desató la furia de los grupos supremacistas blancos que están dentro de las filas de Donald Trump. Harris es reconocida por apoyar a la comunidad LGTB, hasta se la ha visto en diferentes marchas del orgullo. Aunque no asegura romper con el status quo norteamericano, esto representa un duro golpe a sus dogmas sociales, aunque el tiempo nos dirá que rumbo tome la gestión Biden-Harris. 

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