“La guerra no es para maricas”: Darla González, y el recuerdo de una memoria marcada por la FARC

Por Gonzalo Carranza

Con tan solo 14 años de edad, Darla González, en aquel entonces aún era Christian, fue reclutada por las guerrillas de las FARC-EP en el municipio de San Luis, Colombia. Muchos niños como ella eran territorios de conquista para los diferentes ejércitos de lucha que necesitaban fortalecerse, y disputarse el poder y el control de las zonas rurales. Darla y otras tres menores fueron arrebatados de sus hogares para pasar a ser parte de un esquema paramilitar.

Darla González

En la década de los 90’ aquellos territorios rurales habitados por niños y adultos campesinos sin preparación política, eran presa fácil para los diferentes grupos, entre ellos las FARC, el ELN y el Ejército de Colombia, afirma Darla en diálogo con SUDAKA TLGBI: “El entrenamiento en todas las trincheras era el básico, ya que se encontraban en una guerra cruda lo que hacía que muchos jóvenes fueran sacrificios, su inexperiencia y juventud los convirtió en blancos fáciles para el enemigo, conmigo reclutaron tres chicos más que por desgracia murieron en combate”, señaló.

Darla desde el momento cero sabía que su transexualidad era un riesgo palpable dentro del ejército. Ya que la homosexualidad, y todo lo que se encontraba fuera de la norma heterosexual, era penado con la muerte. Es por ello que al año de su reclutamiento, después de haber ganado la confianza de sus comandantes con mucho esfuerzo, escapó de la trinchera: “Yo sabía que tenía que huir así muriera en el intento, de lo contrario serían ellos mismos quienes me matarían”.

Con sus 34 años, ahora es una referente de la militancia LGTB y de los Derechos Humanos, reconocida por varias entidades a nivel internacional. González nos explica un poco sobre las nuevas formas de guerra en donde el colectivo LGTBI se ve sumamente afectado: “Las personas de los sectores sociales LGBTI, históricamente en mi país, somos vistos como pecaminosos, para entender esto debemos remontarnos a la colonización donde los españoles llegaron acompañados de la iglesia y fueron quienes nos enseñaron que todo era pecado, y por eso estaba bien aplicar la pena de muerte. Así entonces, desde el púlpito, se justificaban las muertes de quienes nos alejamos del deber ser de la creencia, por lo tanto, siendo los integrantes de los grupos armados personas colombianas formadas culturalmente desde una creencia religiosa errada. Se escudan en eso para asesinar, violar, empalar y desaparecer personas por su orientación sexual o identidad de género diversas.

La sociedad y los gobiernos de turno de forma permisiva solo se limitaron a sepultarnos como hombres y mujeres sin distinguir que teníamos unas características especiales, porque nuestras muertes o hechos atroces fueron en razón de ser integrantes de la población LGBTI. Por eso siempre he estado empecinada en que necesitamos una ley de identidad de género en Colombia”.

Y continúa: “Para el caso colombiano la ley de víctimas y restitución de tierras contempló los enfoques diferenciales, etarios y étnicos, sin embargo al ser una ley desfinanciada se ha atendido lo que por inmediatez se tiene que atender, pasando a ser la población LGBTI un sector sin mayor relevancia para el Estado. Debería el Estado colombiano ser garante de derechos, promover el respeto, la igualdad, y las medidas de reparación para las personas víctimas, a las personas de los sectores de Lesbianas Gay Bisexuales y trans; debería generarse políticas públicas garantes de Salud, educación y vivienda, que son los derechos más vulnerados después del derecho a la vida”, señala.

Si bien Darla en diálogo con otros medios ha afirmado que en su reclutamiento no sufrió violencia por parte de su comandante en jefe, insiste en que su reclutamiento ilegal ha propiciado un sistemático abuso sexual, y es por ello, que decidió escapar al ver que una guerrillera lesbiana fue castigada con la muerte al ser descubierta besándose con otra mujer.

En Colombia los reclutamientos ilegales siguen siendo parte de su realidad. El conflicto es aún tan grande que sigue victimizando a miles de personas que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad, donde la pobreza, la desigualdad y la inequidad invaden sus vidas, convirtiéndose en presas fáciles, como los denomina Darla. La carencia de necesidades básicas hacen que cualquiera que ofrezca comida, techo, seguridad y atención médica entre en sus casas y para luego pagar el alto precio.

En la escuela de cuadros la heteronorma se reflejaba desde la más alta jerarquía. Darla nos cuenta que un comandante en la escuela de formación de las FARC-EP repetía frecuentemente “la guerra no es para maricas”. Desde ese mensaje la heteronorma se convertía en el mayor opresor y el legitimador de la violencia de los hombres para con las mujeres que habitan esos espacios y para la población LGTBI. Pero aún mucho peor es para las víctimas que quedan en medio del fuego cruzado, los cuerpos feminizados son tomados para reafirmar la virilidad de los guerreros “porque eso es lo que les enseñaron” señaló.

A propósito del pasado martes 24 de marzo, dia de la Memoria por la Verdad y la Justicia en nuestro país, la actual coordinadora de una ONG en pro del colectivo LGTBI, define lo que significa para ella esa palabra: “La memoria es para muchas de nosotras la única riqueza que tenemos, recordar las familias, recordar los lugares de procedencia, recordar los momentos vividos, recordar los hechos, incluso recordar a las compañeras que quedaron en el camino, porque perdieron su vida tratando de vivir su identidad. Muchas de ellas solo reposan en fotografías o en nuestras mentes, porque fueron enterradas con sus nombres masculinos o en fosas comunes. Como lo he dicho en otros espacios “ustedes cierran los ojos y duermen, nosotras cerramos los ojos y recordamos”.

Darla también se refirió sobre sus horizontes como trabajadora en materia de género y fiel defensora del colectivo trans: “En este momento soy una aspirante a ser comisionada en la Comisión de la Verdad, una de las tres instituciones que nacen con la firma del Acuerdo de Paz. Mi intención es marcar la historia de la humanidad, mostrando que no solo somos objeto de investigación y conteo de muertes, sino que también podemos ser parte de la solución a muchos problemas, que podemos aportar a la sociedad desde nuestras vidas, nuestras experiencias, y nuestras experticias adquiridas y marcadas con lágrimas o con sangre”.

“Avanzamos en algunos temas que resultan más simbólicos, de forma que, de fondo, se logró el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Sin embargo, ¿para qué quiero casarme si no puedo estudiar, o tener salud y una vida digna?. De la misma manera, se logró adopción entre parejas del mismo sexo, pero ¿para qué quiero adoptar si vivo huyendo para que no me maten? Si bien reconoce que se han construido algunas iniciativas en la movilización social y conmemoración de fechas especiales, en Colombia, salimos a marchar siempre reclamando por la vida de quienes mueren, nunca podemos salir marchar realmente porque somos orgullosos de lo que somos y por felicidad”, concluyó.

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