La misma institución, los mismos derechos

Por Aradia García, Charo Zeballos y Gonzalo Carranza para la Agencia de Noticias Sudaka TLGBI

El 15 de julio de 2010, la Argentina emprendió un proceso de resarcimiento con la comunidad TLGBI,una de las más postergadas de la sociedad civil. Ese día, se dio lugar a la sanción de la Ley Matrimonio Igualitario, el principio de un cambio de paradigma respecto a la inclusión a las personas disidentes. Sin dudas, esta ley vino a poner en jaque estructuras que históricamente se construyeron a través de una perspectiva heterosexual, cis y blanca. A lo que se le suma, la transversalidad de las creencias religiosas.

Recordemos que el tratamiento de la ley, llegó al congreso por la iniciativa  impulsada de la Ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). Lo que generó que la sociedad tome dos posicionamientos respecto al tema: aquelles que acompañaban la medida y quienes que no lo hacían. Esto mismo se repitió en el recinto, donde todos los partidos votaron de forma diferente.  

Si bien los partidos políticos suelen pactar de manera previa una postura determinada, en el caso del Matrimonio Igualitario fue una excepción que les senadores extendieran su voto en base a lo que creyeron era la postura de sus votantes, lo que demostraba que este proyecto afectaba directamente un establecido: el matrimonio heterosexual. (*)

La Argentina fue el primer país de América Latina en reconocer la unión entre dos personas del mismo género en todo su territorio nacional, y se diferenció en la de muchos otros países, ya que no creó una nueva figura de unión, sino que extendió el derecho al matrimonio ya existente; con esto se habilitaba más allá de la unión civil, el derecho a la adopción a familia homoparentales. 

La sociedad se encontraba fuertemente polarizada, los sectores conservadores salían a las calles a repudiar una ampliación de derechos que venía a resarcir tantos años de espera e indiferencia por parte del Estado. La pelea por la unión de dos personas del mismo sexo se venía gestando desde principios de los 90 por parte de la Asociación Gays por los Derechos Civiles dirigida por el inolvidable Carlos Jáuregui, que en esos años, intentó impulsar una ley de Matrimonio Civil con acceso para personas del mismo sexo.

El proyecto recibió media sanción en la Cámara de Diputados el 5 de mayo del 2010, por 126 votos a favor y 110 en contra, lo que significó una premisa de lo antagonónicas que resultaban las posturas. Finalmente se convirtió en Ley en el Senado en la madrugada del 15 de julio, con una mayoría más ajustada de 33 votos a favor y 27 en contra. 

Durante el árduo debate que se originó dentro del recinto, mientras miles de militantes estaban ansioses esperando la votación final en la noche fría, los políticos que votaron en contra reflejaron convicciones muy fuertes respaldadas en una “estricta formación religiosa”, como fue el caso del parlamentario justicialista Guillermo Jenefes, que inició su discurso remarcando tener una “fuerte formación católica”, y señalando que su voto, estaba estríctamente basado en su conciencia, convicciones personales y “formación familiar”. 

Las exposiciones de les parlamentarios que estaban en contra de tal ampliación de derechos, manifestaron y respaldaron sus votos utilizando un tipo de razonamiento ético que contradice con el trasfondo ideológico de la ley. Así, rápidamente fue tildada de una propuesta inmoral y que no coincide con los valores de una familia tradicional. Los discursos apelaban a un “orden natural” que Dios, en sus palabras, ha puesto en nuestros caminos donde la religión y la heteronorma, actuaban como brazo disciplinador a todo aquello que se corría de lo establecido.

De esta manera, las creencias propias de los parlamentarios pisoteaban un derecho indispensable a todo el colectivo LGTB. Pero el matrimonio igualitario logró lo impensado y casi imposible en la sociedad: removió de su lugar de privilegio a los cimientos de la familia y la religión, abrazó a las disidencias y reparó el daño de tantos años.

Reflexiones a diez años

A primer ojo pareciera que la sanción representa lo que desde una perspectiva postfeminista crítica se conoce como “repetición subversiva”, donde la ampliación del matrimonio rearticula una práctica cotidiana, una institución pre-existente.

En este sentido, la puesta en debate y posterior sanción de la Ley en nuestro país representó un avivamiento en la esfera pública y mediática de temáticas en relación a la diversidad sexual, a la posibilidad de pensar otras familias y al amor. Es que durante ese tiempo se habló mucho de amor y de familia.

La familia, como imaginario social ideal, pareció siempre ser una institución ligada únicamente a la heterosexualidad. En los discursos que aún hoy circulan por parte de grupos de derecha ultra religiosos se habla de “familia natural” como esta representación del padre proveedor  y la madre criando hijes. Pero en lo concreto, han existido -y existen- muchas otras formas de agruparse para crear familia: madres o padres criando soles, abueles con sus ñetes, familias comunitarias, poliamorosas. 

La ampliación de derechos visibiliza las múltiples vulnerabilidades a las que quienes discernimos de los estándares históricamente constituidos nos vemos expuestes.  Qué tiene derecho a llamarse amor y familia, es lo que se pone en tensión en este caso y, en tal sentido, es importante destacar que el reconocimiento de familias homoparentales contribuyó a visibilizar la existencia de otras formas de ser y de hacer una institución tan arraigada como lo es el matrimonio. 

El amor y la familia funcionaron como caballito de batalla, tanto en los argumentos a favor o en contra, pero siempre de a dos, siempre romántico, siempre muy parecido a un libreto ya conocido. Y es acá donde radica la problemática. Es que  este “hacer diferente” que implica la potencialidad performática no hace temblar ninguna institución, sino que asimila y regula, amplía el guión de la heterosexualidad y no viceversa. 

A diez años de la sanción de una Ley pionera en América Latina en materia de reconocimientos de derechos de la comunidad TLGBI queda entonces como un pendiente pensar en prácticas superadoras, que incluyan otros tipos de filiación por fuera de la matriz de inteligibilidad normativas. 

(*) UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA. FACULTAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN: Licenciatura en Comunicación Social. Tesis: La inteligibilidad de las parentalidades en el debate parlamentario de la Ley de Matrimonio Igualitario en Argentina, por Contreras Garay, María Candelaria, Murias, Florencia y Quargnenti, Camila (2017)

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