La Patria y lxs otrxs


Por Julio Villafañe

En razón de conmemorar el 51 aniversario de la gesta revolucionaria negra – trans – marica – disidente en Stonewall, diversas organizaciones sociales y algunas dependencias estatales expresaron su apoyo a la lucha a través de distintos mensajes en las redes, o escuetos actos oficiales, siempre atendiendo a las restricciones impuestas por la pandemia actual.

La Municipalidad de Mar del Plata y Córdoba, mediante ordenanza (que data desde el 2017 en el caso de la ciudad costera) izaron la bandera con los colores del Orgullo en mástiles de la Plaza San Martín, en la primera; y en la rotonda de la Avenida del Dante, en el Parque Sarmiento, el espacio verde más grande dentro de la ciudad de Córdoba.

Ambas ciudades vivieron situaciones semejantes, con alguna diferencia en la respuesta.

En Mar del Plata, luego de violentar el monumento, un conjunto de personas, que se presentaron como ex combatientes de Malvinas, retiraron la bandera del orgullo y la llevaron hasta el edificio de la municipalidad, donde amenazaron con volver a violentar el monumento para retirar la bandera si desde la municipalidad decidían cumplir nuevamente con la ordenanza que desde el 2017 fijó esta fecha, y otras más, para que flamee la bandera de la diversidad.

En la capital cordobesa, la bandera se había izado el día viernes 26 en un pequeño acto con el Intendente, el Secretario de Gobierno y algunes representantes de organizaciones de la diversidad. El día sábado, por la tarde, tres personas hicieron un primer intento por bajar la bandera acusando una inconstitucionalidad por el reemplazo de la bandera nacional.

Estas personas, que también se presentaron como ex combatientes de Malvinas, no pudieron en esa ocasión llevar a cabo su tarea auto asignada de avanzar contra la ordenanza municipal de una gestión electa democráticamente, debido a la presencia de algunxs personas del colectivo TLGBINB que se encontraban por el sitio y la intervención de efectivos policiales. Pero el día domingo, luego de que se viralizaran por las redes los videos de este acto autoritario y homo lesbo trans odiante, un grupo mayor de personas, intentó nuevamente arriar la bandera que había sido izada otra vez por autoridades municipales en la noche anterior, lo que suscitó una espontánea e inmediata convocatoria de militantes y organizaciones TLGBINB de la ciudad para defender ese espacio de representación, visibilización y conmemoración del hito más importante en la lucha por los derechos de la disidencia sexo genérica. Este segundo intento tuvo momentos de alta tensión, gran presencia de efectivos policiales y ataques violentos por parte de quienes se arrogaban la potestad del espacio público, llegando uno de ellos a golpear con una cadena a une de les concurrentes. También se viralizaron vídeos en los que amenazan a un periodista por no “estar haciendo bien su trabajo”, mientras le reclamaban que muestre las fotos que había tomado.


Frente al odio y las actitudes autoritarias, al grito de “Cristo Rey”, y en nombre de la patria y de la moral; nos preguntamos:

¿Cuál es la Patria que representa la bandera ? ¿La Patria vanguardista y de la avanzada Ley de Identidad de Género ? ¿O la patria que contabiliza una víctima de la violencia machista cada 29 hs?

¿La Patria del Ni Una Menos y de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Travestis, Trans y personas de Géneros No Binaries? ¿O la Patria de Mestre, Hotton, Negre, Olmedo, Michetti votando en contra del Matrimonio igualitario?

Que otros sean la Patria

“Vengo en nombre de mi familia, de mis hijos, de mis nietos, a restituir la bandera nacional” indicaba una de las personas que violentaba el mástil en la ciudad de Córdoba, y luego argumentaba una categoría de ciudadano que mucho le costó conquistar al colectivo y en especial a las personas trans y travestis.

La familia y la ciudadanía son dos construcciones que las personas de las disidencias supimos (re)construír, a fuerza de perseverancia, con el amor y el afecto que las familias expulsoras nos negaron. Nuestras familias son manadas de colectivización de cariño, redes de contención y espacios de militancia para que nadie más se quede al margen, disputándole a esa Patria mezquina el lugar que nos arrebatan cada vez que un concepto escurridizo, inasequible, y tan abstracto como “lo nacional” vale más que nuestras vidas, que nuestra salud, que nuestros trabajos.

¿Cuál es la categoría ciudadana que habilita a unos a destrozar mobiliario público y decidir sobre las ordenanzas de una gestión municipal electa en democracia?

¿Cuál es la categoría ciudadana que relega a otres a la espera de la posibilidad de acceder a un trabajo formal, a una educación pública no heteronormativa, a una sistema de salud pública, gratuita y de calidad, a una vida vivible?


Si bien la sanción de la Ley Nacional 26.743 ha sido un avance inédito en el país y en la región en materia de reconocimiento a la identidad de género autopercibida, el acceso a la salud integral sigue siendo uno de los grandes factores interviniente en que el promedio de expectativa de vida para una persona trans se reduzca a la mitad de la expectativa de vida de una persona cis.

El reconocimiento y la conmemoración por parte del Estado, en sus diferentes niveles, es central en cuanto la visibilización y problematización de las realidades que atraviesa el colectivo disidente en el territorio nacional y regional, pero poco útil nos es el orgullo, reconocido o no, si estos actos y las banderas izadas en el espacio público no se traducen en políticas concretas que reviertan de una vez, las desigualdades estructurales que históricamente marginan las vidas no cis heterosexuales.

El orgullo será el trabajo, la educación y la salud; un Estado que trabaje para ello, y una sociedad organizada, tejiendo redes solidarias, militantes, de trabajo colectivo y comunitario. Y si no, que otros sean la Patria.

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