LACTANCIA XATERNA

Hasta el 7 de agosto, se celebró la Semana Mundial de la Lactancia Materna, instaurada por la Organización Mundial de la Salud y UNICEF desde 1992. En esa línea, el presente artículo se escribe en la intención de cuestionar la terminología y el sentido que da origen a esta conmemoración pues, hablar de lactancia materna, evidentemente, invisibiliza a quienes podemos embarazarnos, gestar y dar de mamar aunque no pertenezcamos  al género cis femenino.

Por Eugenio Talbot Wright para  SUDAKA TLGBI

Lejos de cuestionar la iniciación temprana de la lactancia, que entendemos como un derecho fundamental para la supervivencia de las niñeces; en la última semana, a instancias de las campañas de concienciación de la Alianza Mundial pro Lactancia Materna y la Organización Mundial de la Salud; hemos observado con preocupación el recrudecimiento de algunas manifestaciones en contra del deseo y expresión de xaternar y, por tanto, de lactar, de varones trans y personas de género no binario gestantes que no se corresponden con la cis-hétero norma.

Por caso, algunas personas escudadas en espacios feministas transodiantes, han publicado algunos conceptos peligrosos y preocupantes con los cuales pretenden argumentar su posición violenta. Entre sus justificaciones platean que: “Una cosa es afirmar que un hombre puede identificarse como mujer o viceversa, y otra es esa tendencia, peligrosa y anticientífica, que vemos más frecuente: la negación directa del sexo biológico”. Y basándose en la genética, comienzan a desarrollar una teoría que intenta deslegitimar nuestras identidades de género.

En primer lugar, es menester aclarar que la biología es una ciencia creada y desarrollada por humanos.  Por tanto, como cada teoría científica, permanece siempre abierta a ser refutada. Y esto es uno de los pilares del método científico.

Que los mamíferos hayan sido clasificados como machos o hembras de acuerdo a las características de sus cromosomas sexuales, es una realidad. Los animales de la clase mammalia, que portan dos cromosomas X serán catalogados como hembras, mientras que, los que en su genotipo tengan un cromosoma  X y uno Y, serán catalogados como machos.

Pero hay varias cosas que estamos simplificando a la hora de transpolar estas definiciones a la especie humana.

Es necesario entender que lo que se expresa (utilizando el lenguaje de la genética), no solo es lo que está presente en nuestros cromosomas. Lo que se expresa es una relación entre componentes genéticos y características del ambiente. Yen el caso de les humanes, la definición de ambiente tiene muchos componentes: el cultural, político, religioso, entre otras cosas.

En segundo término, comprender que seguimos viviendo en una sociedad binaria y este es el paradigma que aún hoy predomina. Esto evidentemente se traslada a la biología y a la genética, ciencias que no escapan a la subjetividad humana. De allí que, quienes formamos parte de la población trans y no binarie, disputamos estas definiciones, y decimos, que la genética no es quien nos define. Por más que se digan que hay infinitos cariotipos o dos posibles relaciones “normales” entre cromosomas X e Y, el sexo y el género no pueden ser definidos teniendo en cuenta estas variables.

Por tanto, sexo y género son construcciones sociales como son los conceptos, por ejemplo, de salud y enfermedad.

Para quienes enarbolan estos discursos radicales, probablemente, ser intersex tendría que ser definido como una patología cromosómica.

Sin embargo, la epigenética (ciencia que estudia la  relación entre las influencias genéticas y ambientales que determinan un fenotipo, en otras palabras, aquello que se expresa), comenzó a abrir una pequeña puerta que hoy, gracias al aporte de las ciencias sociales, la psicología, la antropología entre otras, echan por tierra las viejas definiciones de sexo/género.

Así pues, les humanes somos seres sociales, y todas nuestras acciones tiene que ver con ello. Hasta las definiciones sobre nosotres mismos, tiene que ver con disputas de poder, luchas por conquistas, intereses económicos, estructuras del status quo.

Tortita de manteca, ¿mamá me da la teta?

Triste es ver que muchas mujeres cis nos entiendan como amenazas. Más grave es reconocer que movimientos feministas nos ataquen y violenten utilizando argumentos viejos, caducos y falaces, que intentan legitimar adjudicándoles el mote de “científicos”.

Lactar es un derecho, que de por sí no es individual, y mucho menos, propiedad exclusiva de mujeres cis con capacidad de gestar. Es un derecho humano y, como tal, debe garantizarse para todas las personas que, por voluntad propia, decidan procrear. Como así también, es un derecho para las niñeces, vital para asegurar el bienestar de su salud y desarrollo integral.

Y en esa medida, el Estado debe discutir acciones de discriminación positiva, y un marco legal e institucional adecuado, que promueva y garantice la no exclusión de esta práctica, para todas aquellas personas que no contempla la actual  Ley Nº 26.873, de Lactancia Materna; Promoción y Concientización Pública. Asimismo, asumir la discusión y ampliar el alcance de la Ley Nº 20.744 de Contrato de Trabajo (y sus modificatorias) que en su Artículo 179°, sigue protegiendo, nominalmente, solo a las mujeres durante el embarazo y amamantamiento.

Finalmente, es necesario problematizar y deconstruir los marcos en que se erigen estos discursos violentos, sedimentados en ciertos sectores del feminismo. Para que, de una vez por todas, podamos genuinamente construir desde la solidaridad, la empatía y la no discriminación, una sociedad sin odios hacia las identidades no hetero-cis normadas.

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