Las instituciones en contexto de encierro frente a la pandemia y el aislamiento social

Por Christian García

Stefania Morales nació en Neuquén pero hace once años que vive en Córdoba. Es mujer, feminista y psicóloga con perspectiva de género. Actualmente está trabajando en su consultorio de manera privada y en instituciones en contexto de encierro. También se encuentra finalizando una especialización en Psicología Jurídica. En esta entrevista con SUDAKA TLGBI, nos invita a cuestionarnos sobre algunos mitos que andan circulando, por ejemplo el que la pandemia y el aislamiento social no deberían modificar la vida de aquelles que se encuentran privades de la libertad. Nos comenta sobre los orígenes de estas instituciones y la importancia de adaptarlas a las necesidades de la sociedad, en especial, de las disidencias sexuales.


CG. ¿Qué diferencias hay entre una psicóloga y una psicóloga con perspectiva de género?

SM – Principalmente la diferencia radica en el enfoque: desde qué lugar miro a esx sujetx. Esto impacta de lleno en el modo de abordaje y lectura de esa persona. Une psicologue con perspectiva de género, más allá de la línea teórica que aplique y el ámbito donde se desarrolle, tiene en cuenta a lo largo de todo el proceso terapéutico, cómo impactan las representaciones de género en esa persona y cómo habita su identidad en una sociedad patriarcal como la que vivimos. Esta perspectiva surgió en sus inicios para pensar el fenómeno de la violencia de género. Sin embargo, hoy en día podemos aplicarla transversalmente a todas las problemáticas y situaciones.

CG. -¿Cómo afecta a la sociedad en general el aislamiento?

SM – Depende mucho de cada persona, de su experiencia, de los recursos materiales y personales que posea y las condiciones concretas de existencia. A nivel social, esta situación de aislamiento, que ha sido mundial, ha producido una ruptura total y abrupta en la cotidianeidad de las personas. Entonces esto nos ha expuesto y nos ha enfrentado con al menos dos sentimientos. Por un lado, la incertidumbre de no saber lo que va a suceder y, por otro lado, la falta de control de lo que está sucediendo. En algunas personas despertó algunas cuestiones vinculadas a la ansiedad y a la depresión como cuadros clínicos. Creo que esta situación de aislamiento ha despertado nuevas emociones, nuevos sentimientos o si no también ha potenciado unos que ya estaban como la frustración y la angustia.

CG – ¿Y en personas en situación de encierro?

SM – Particularmente en las personas con situación de encierro se ha escuchado mitos vinculados a: ´a estas personas no les afecta el encierro porque ya están encerradas´. Sin embargo, esta incertidumbre se potencia más en elles, en el punto en que se encuentran solos y solas, sin su acompañamiento y sin tampoco saber cuándo van a poder reencontrarse con sus vínculos. Porque hoy en día, nosotres podemos acceder a reuniones familiares, podemos hacer otras actividades, pero elles no. No pueden ver a sus vínculos. Todo lo que se trabajaba de manera grupal se bloqueó. No se pueden realizar actividades grupales entonces los dispositivos pasaron a ser individuales. Particularmente en el espacio donde yo trabajo es el pilar de intervención, entonces produjo muchos efectos negativos en los procesos terapéuticos que venían teniendo estas personas. Los protocolos en estos espacios son muy rigurosos y, a veces, dificultan el accionar común que tenían antes. Por ejemplo los espacios grupales se van retomando de a poco con cortos períodos de exposición. Si antes duraban una hora y media ahora duran 40 minutos. Es complejo retomar. Lo real es que estas personas si bien antes estaban  encerradas, hoy en día están más aisladas aún.

CG – Tu respuesta nos invita a cuestionarnos fuertemente el rol que cumplen los vínculos. Y más aún los vínculos que unx mismx elige. ¿A las disidencias en particular, cómo les afecta el contexto de encierro? ¿Y con la pandemia/aislamiento?

SM – Se habla muy poco de las disidencias en estos contextos. Desde mi lectura estas personas ya han sido aisladas con anterioridad, antes de habitar estos espacios. Ya han sido aisladas de sus familias, ya han sido aisladas de sus vínculos, ya han sido aisladas del sistema educativo y del sistema laboral. Entonces estos espacios terminan siendo la representación gráfica, explícita de lo que la sociedad hace con elles. Creo que por eso no se habla mucho de esto. En el caso de las disidencias se hace aún más tangible esto. Generalmente son personas que no están acompañadas en estos procesos. Entonces hoy en día aún más se puede ver esto. Cabe recordar también que estos contextos de encierro no están diseñados para todo aquello que se corra de la norma patriarcal. No nos olvidemos que originalmente las personas que eran relegadas a estos contextos eran hombres cis, y después se fue ampliando la mirada para pensar que también las pueden habitar las mujeres y, hoy en día, se está pensando en otras identidades, sin tener en cuenta las necesidades y las particularidades que las habitan.

CG – ¿Todas las disidencias padecen de la misma manera las desigualdades?

SM – No, por supuesto que no. Y no lo digo solo yo. Hay suficiente material bibliográfico, investigaciones de gente que trabaja con disidencias para poder decir que la población trans es la más afectada. En este contexto pandémico o en lo que respecta en contexto de encierro, entendemos y sabemos que la población trans tiene una esperanza de vida de 35 años. Entonces tenemos que entender que son situaciones que complejizan el panorama: el encierro, la pandemia y las múltiples vulneraciones de derechos que ya poseen por pertenecer a esta población. Claramente no es lo mismo pertenecer a las disidencias en general. También hay que visibilizar a las, les, los compañerxs trans que están en estas situaciones.

CG – Las instituciones de encierro como cárceles, instituciones penales juveniles, neuropsiquiátricos, etc  no están adaptadas para la sociedad. ¿Y para las disidencias?

SM Lo que sucede es que las situaciones de encierro son instituciones totales. Son instituciones con un fin normalizador, con un fin de “reparación” de la persona para que luego pueda insertarse en la sociedad. En ese fin, las disidencias escapan de la norma. Las instituciones no están preparadas para atender a esas necesidades. A veces hay normativas que las instituciones van tomando y las van adaptando como respetar la identidad autopercibida, o que se le pueda proporcionar un tratamiento de hormonización a las personas que lo necesiten. Pero aun así no nos olvidemos que la gente que está dentro de esas instituciones también pertenece a la sociedad y esto, a veces, excede de la problemática de la institución en sí misma. Es una problemática en general. En las instituciones se reproduce de manera más cruda pero se reproduce la sociedad patriarcal que hay afuera de ella. Entonces es eso, la reproducción explícita de lo que sucede en la sociedad adentro de cualquiera de estas instituciones que vos nombraste. Las disidencias escapan a la norma, escapan al diseño de esa institución.

CG – Y volviendo a ese sentimiento de incertidumbre y falta de control al que hacías referencia ¿Cómo crees que se vieron afectadas las personas adictas o quienes consumen estupefacientes que, además, se encuentran aisladas?

SM – Esta situación produjo un aumento del consumo problemático de sustancias, no solo en personas con problemática adictiva o en personas que están en un contexto de encierro sino, también, en personas que cumplen el aislamiento en sus casas. Aumentó el consumo de sustancias, pero específicamente de las personas privadas. Han decaído algunos en sus tratamientos porque entendemos que esta problemática de consumo tiene una funcionalidad. Hay siempre un para qué consumo y la situación de pandemia se convirtió en detonante para iniciar, retomar o sostener hábitos de consumos problemáticos.

Resultó importantÍsimo conversar con Stefania Morales sobre la problemática del consumo de sustancias en las disidencias, ya que muchas veces la falta de vínculos, el encierro y los sentimientos  de incertidumbre, ansiedad y angustia terminan siendo una solución. Una solución muy poco saludable, pero una solución al fin para calmar estos fuertes sentimientos producidos por la pandemia y por el aislamiento.

En el diálogo, fue muy precisa respecto a que una de las grandes deudas del Estado para con las instituciones es formar a su personal con perspectiva de género, pero también a quienes aplican las leyes del aparato judicial. “Es responsabilidad del Estado que estas instituciones respondan a las necesidades propias de estas poblaciones” que afecta sobre todo a las personas trans. Y vaya si el Estado no tendrá ya varias deudas con dicha comunidad.

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