Las masculinidades trans siempre hemos estado presentes

Desde hace algunas horas, comenzó a circular por las redes sociales de forma anónima un documento en el cual se reclama al Banco Nación la política que implementó a la hora de realizar su primer nombramiento, producto del acuerdo celebrado a inicios de esta semana entre la mencionada entidad y la Asociación Bancaria, para implementar el cupo laboral de personas travestis y trans.

Por Eugenio Talbot Wright

El comunicado que circuló con la adhesión de algunas organizaciones y personas civiles en el día de ayer, encendió una mecha que hoy implosionó en parte de la población trans. El cuestionamiento  que -desde la mañana del día 7 de agosto y en su versiona original afirmaba el nombre y apellido del compañero que ingresó como empleado en esta entidad del Estado-, no solo se ejerció en un acto de extrema violencia contra la persona nombrada, sino de difamación, inventándole una trayectoria de trabajos y privilegios que no tiene.   

Pero este acontecimiento, evidenció una triste realidad que de ninguna manera comparto y que creo, está basada en el desconocimiento de las realidades que vivimos los varones trans durante las décadas pasadas. 

En varios párrafos se afirma que solo las mujeres trans han sido las que han sufrido la exclusión y la violencia, que las feminidades trans han sido las más lesionadas por el plan que se ejecutó desde el Estado con el fin de exterminar a nuestra población. Estos párrafos invisibilizan a las masculinidades trans las cuales también hemos sido y somos parte de una población que, difícilmente, puede acceder a los derechos humanos básicos.

La construcción de lo colectivo

Yo comencé a vivir mi identidad de género desde muy pequeño cuando en el país estaban gobernando los genocidas que fueron parte de la última dictadura cívico eclesiástico militar.  

Durante mi adolescencia intenté contactarme con mis pares y la primera de las experiencias que recuerdo es haber terminado detenido a los 15 años, en una comisaría en donde fui violado y torturado.  

Fueron las compañeras trans, a las cuales se las denominaba en ese momento como “Los Travestis” las que pidieron que no se me llevara al sector de mujeres en donde quedaría solo, con riesgo de ser violado nuevamente de noche, sino que se me permitiera compartir celdas con ellas. Luego de una gran paliza, las compañeras lograron que pudiera pasar esas noches junto a ellas. 

Desde ese momento entendí que existía una lucha colectiva. Que lo que permitiría que siguiéramos con vida era la solidaridad y la fraternidad entre nosotres. 

Aquel  día entendí que mi nueva familia estaba integrada por quienes desafiábamos a la heterocisnorma. Pero ese entendimiento llegó desde lo visceral y no desde lo expresable en palabras, pues nunca, a ningune se nos hubiese ocurrido hablar utilizando esa palabra que hoy está llena de sentidos.

¿Lo que no se nombra no existe?

Yo claramente era un varón trans, pero en aquellos años la palabra trans no se utilizaba. Solo entendíamos que las tranexuales eran las mujeres que se habían realizado una cirugía de cambio de sexo   (termino que se utilizaba en aquellos años). Las vaginoplastías eran las únicas operaciones reconocidas, y poco se sabía sobre faloplastias o metoidioplastías. 

Así es que mi identidad y la de muchos otres cumpas, seguramente, era leída de una forma diferente a la actual. 

Éramos “Las Chongas” en el mejor de los casos,  o las camioneros  y  bomberos. 

La identidad no se separaba fácilmente de la sexualidad y eso, también, implicaba que fuésemos entendidos como lesbianas.

Pero aún sin poder acuñar una terminología que realmente pudiera expresar nuestros sentires, estuvimos presentes siempre. Padecimos y luchamos invisibilizados, pues nuestro nombre aún no se pronunciaba, pero nuestras corporalidades e identidades habitaban el duro camino en busca del reconocimiento de derechos. 

Desconocer esto es un grave error y creer que aparecimos cuando la palabra cis comenzó a ser utilizada, es invertir la lógica dese la cual se establecen los sentidos y se forjan las palabras. 

El militanciometro y la vara del sufrimiento

Tristemente algunos sectores utilizan categorías que legitiman quién tiene la prioridad a acceder a un derecho utilizando parámetros como la militancia o los dolores padecidos. Desde este lugar se redactó el documento que circuló desde ayer y que, lejos de hermanarnos, intenta separarnos y confrontarnos. 

Todos hemos sufrido dolores y esos dolores son los que deben unirnos fraternalmente, amorosamente para acompañarnos en este transitar que no es fácil y que muchas veces reaviva grandes heridas. 

Los y las trans hemos estado siempre. Utilizando distintos nombres, con distintas formas de ser identificades, pero sufriendo el desamparo y la exclusión en todas sus formas. 

Lo único que a mí me ha permitido sobrevivir, es el abrazo con las compañeras, el reconocernos en los momentos más dolorosos y en los más solidarios. 

No perdamos el eje y no confundamos la falta de terminologías con ausencias. 

La lucha es una y es la que, sin dudas, nos hermana. 

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