Nada sobre nosotras sin nosotras: La Casa de Lohana y Diana

Por Julio Villafañe para Agencia SUDAKA TLGBI

El centro de día travesti trans tiene cuatro años de trabajo ininterrumpido junto a las compañeras y compañeres en los barrios.

Brinda asistencia a la comunidad cuando la ayuda del Estado no llega. Este espacio recupera en su nombre, la identidad de dos grandes referentes activistas en el país de la lucha por la conquista y el respeto de los derechos de todas las travestis y trans.

Lohana Berkins y Diana Sacayán son, en esta casa, el abrazo que recibe a las compañeras que se acercan para seguir construyendo igualdad y el marco de Derechos Humanos.

Con sede única en el partido de La Matanza, en Laferrere, la Casa de Lohana y Diana se ha convertido en un espacio referente del trabajo de las organizaciones de la sociedad civil. Desde el 2017, trabaja de manera ininterrumpida para lograr que las compañeras tengan acceso a los recursos necesarios para cubrir necesidades elementales como la alimentación, la salud, o capacitaciones laborales.

Durante sus inicios, la Casa recibió la colaboración de otra organización, cuya referente les prestaba su personería jurídica para poder obtener el financiamiento de uno de sus programas. Esto implicó que el trabajo se realizara, por esos meses, en el comedor de esta organización, ubicado en González Catán.

Flor Guimaraes, referente y coordinadora de la Casa, en diálogo con Sudaka TLGBI, se refiere al aprovechamiento y a la apropiación del proyecto que sufrieron cuando debieron reinventarse como colectiva y como centro de día, luego de que decidieron abandonar esta locación compartida en la que la horizontalidad no se veía reflejada en los procesos de trabajo ni, mucho menos, en el manejo de los recursos.

Agostina, también integrante del espacio, comenta que los recursos eran manejados de manera discrecional y que la relación que se había impuesto era de jef@ – emplead@, incluso con atraso de los pagos. Al respecto, afirma que recibían solo parte de los aportes que SEDRONAR destinó para el proyecto. Los recibían tarde y del resto, no se les notificaba porque así como la horizontalidad no se reflejaba, tampoco la transparencia ni la posibilidad de diálogo.

Cuando vimos que los recursos de SEDRONAR no llegaban, empezamos a exigir que se nos demuestre con comprobantes, y siempre recibimos negativas”.

El equipo realizaba un trabajo interdisciplinario con tres coordinadoras, psicólogas, trabajadoras sociales. Todas debieron abandonar aquel espacio que, bajo el tutelaje y la extorsión de alguien que se había aprovechado de alguna ventaja, no se asemejaba a lo que habían pensado cuando decidieron llevar adelante el proyecto. Nada sobre nosotras sin nosotras, es la consigna que llevan como estandarte. Más fuerte aún suena la consigna al ver que, actualmente, muchas personas cis se encuentran en espacios destinados para el colectivo trans travesti, recibiendo ayudas del estado, o cobrando sueldos por puestos que debieran ser ocupados por ellas mismas.

La denuncia realizada a SEDRONAR por el desvío de los fondos aún no ha tomado curso. Desde el 2017 a la fecha, se está aguardando por una auditoría, y también es necesario aclarar que actualmente, la única sede de la Casa de Lohana y Diana es en Laferrere, partido de la Matanza. Cualquier otro espacio con algún nombre similar es una apropiación del nombre y del proyecto, aún cuando estos otros espacios sean los que reciben las ayudas estatales o de otros sectores como los eclesiásticos.

La Casa de Lohana y Diana está trabajando de manera autogestiva y se sostiene con la ayuda y el trabajo colectivo diario. Realizan una labor comunitaria que contiene y acompaña a las compañeras y a la comunidad toda. En un abordaje integral, brindan acompañamiento a las compañeras con consumo problemático de sustancias psicoactivas, realizan talleres y capacitaciones, asesoramiento para el cambio registral por la LEY 26.743, tienen especialistas en psicología y en nutrición. También realizan conversatorios en los que el conocimiento va traspasando generaciones, las rondas de tejes travestis y trans, y se encuentran en un proceso de producción literaria de registro de experiencias.

Por supuesto, que el último año el trabajo estuvo marcado por la emergencia del contexto pandémico por la crisis sanitaria mundial y se concentró, especialmente, en la entrega semanal de bolsones de comida.

Es un proyecto comunitario, nacido desde, por y para la comunidad, que merece, desde sus inicios y, más aún, con la reinvención a partir de la estafa, el financiamiento y el reconocimiento estatal por estar llevando a cabo un trabajo del cual debiera ser el mismo responsable.

El trabajo realizado en la comunidad de La Matanza está supliendo las deudas que un Estado ausente tiene con el colectivo trans y travesti y es necesario que los recursos se asignen en los espacios correctos para que las poblaciones objetivo sean incluidas en proyectos que las reconozcan como sujetas de derecho y con la posibilidad de construir herramientas para la autonomía y el desarrollo personal y social.

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