¿Navidad para quién?

Por Toni Domínguez

La Navidad es la fiesta católica más festejada en Occidente y representa, después de las Pascuas, un gran ritual cultural. Es aquello por lo que nos reunimos con nuestros familiares a conmemorar el nacimiento de Jesús, el mesías católico que desencadenó la historia de la humanidad, en adelante. También es el momento de olvidar rencillas, augurar prosperidad, amor, salud, convertirse en un ser de luz y profesar (a mí entender) uno de los actos más hipócritas de la Iglesia católica: amar y respetar al prójimo.

Entre el pan dulce y las garrapiñadas, los regalos de los abuelos y los villancicos, se esconden los más profundos desprecios de una festividad que promete lo contrario. ¿Dónde nos sentamos lxs desviadxs de la familia? ¿Qué rol ocupamos en la preparación de este ritual? ¿Cuántas preguntas incómodas estamos dispuestxs a soportar? En mi familia, particularmente, las fiestas navideñas son el encuentro fraterno de una familia desglosada durante todo el año. Y con eso, viene la farsa heterosexual y binaria que reduce nuestras identidades a la performance que nuestros progenitores nos plantean. La tía que pregunta para cuándo la novia, el tío que se le van los ojos porque el short de la prima es muy corto, el abuelo justificando violadores porque, probablemente, él sea uno también, el padre que se pone grosero después de unas copas, y la femenidades haciendo lo único que estamos destinadas a hacer: servir ensaladas y cuidar ninxs.

Hace tiempo vengo tanteando la posibilidad de dejar de pasar las fiestas con mi familia, para adentrarme en los festejos paganos con mi otra familia: el mostrerío  que me acompaña todos los días del año, sin titubear, sin cuestionar (o cuestionando todo), sin prejuicios, sin roles ni casilleros que completar.

Pero aún no tomé la decisión de hacerlo. “Hay que abortar con la familia”, les digo a mis amigxs, pero ¿cómo se hace?. Haz lo que yo digo, no lo que yo hago. Hemos descubierto que la familia tradicional y heterosexual ha sido nuestro primer vínculo tóxico, en muchos casos, representa el odio y la violencia que luego se acrecienta en la sociedad. Pues nuestros padres son el resultado de esa sociedad. Las instituciones funcionan como un corset que moldea los comportamientos, nos disciplinan y castigan. No lo he descubierto yo, fue la marika de Foucault que repensó al poder a mediados del siglo XX. Definió como instituciones a la escuela, el hospital, la policía, la iglesia, los medios de comunicación; el Estado en general, retomando a Gramsci. Yo me atrevo a agregarle la Navidad como otra institución represiva.

Haciendo zapping en la tele, aburrida en mi pueblo, viendo las horas que en esta época le dedican los medios a televisar películas como Mi pobre angelito -la saga completa-, Santa Claus, La estrella de Belén, etc; me detuve a ver por décima vez El Grinch. La película basada en el cuento de Dr. Seuss “¿Quién se robó la Navidad?” escrito en 1957, cuenta la historia de una criatura peluda, y muy cascarrabias, con un corazón “dos tallas menor” que vive en una cueva en lo alto de una montaña, al norte de Villaquién, el hogar de los felices y afectuosos “Quien”. Desde su guarida, el Grinch puede oír los ruidosos preparativos navideños en Villaquien y odioso de los Quien, planeó bajar al pueblo y robar todos los regalos, y así impedir la Navidad. No les voy a spoilear el final, pero como cualquier comedia, tiene final feliz. Por mucho tiempo nos han dicho que el Grinch era un ser malvado por atentar contra la Navidad porque no quiere que nadie sea feliz; no es por justificarlo pero los Quién exageran un montón. 

En un juego imaginario, si llevamos la ficción a la realidad, y comparamos a los Quién con la sociedad y al Grinch con las travas, marikas o tortas que coexisten en las familias pakis, y cambiamos la alegría de la Navidad por la violencia simbólica a la que nos someten, llegamos a una conclusión clara: El Grinch no odiaba a la Navidad, odiaba a las personas. Odiaba la falta de empatía de los Quién. A esta altura, me pregunto si no son ellos los que robaron nuestra navidad.


Para seguir deconstruyendo los rituales culturales y heteros, siempre hay que volver a las palabras de la comandanta de las mariposas Lohana Berkins.

La Navidad de las travas

Por Lohana Berkins – publicado el 26 de diciembre de 2008 en Página 12

Adriana apresurada intentaba terminar de maquillarse con un espejito, que colgaba de la columna del patio del hotel, comprado en las baratijas de Once.

Cuando escuchó el grito de la Tránsito de la Cruz Pereira:

–Marica ¿qué hacemos esta noche?

–¡¡Esta noche qué…vamos a trabajar!!

–Pero marica es Navidad

Adriana se miró por un instante en el espejo: ¿Navidad?

¿cómo es la Navidad de las travas? Mientras la gente corre presurosa llenando sus carritos de supermercado para atiborrarse de comida, Adriana sigue maquillándose llenando de luces de colores sus tacos de acrílico, colgándose todas las guirnaldas posibles, agarrando la cartera más grande con luces de neón llena de campanitas, llena de estrellas, para ir a pararse a la misma esquina que por esa noche se verá más iluminada que el propio árbol del Rockefeller Center, símbolo del capitalismo navideño, esperando la llegada del niño Dios colla que tuvo que dejar en alguna montaña de su norte natal.

Aunque sea por un instante la hará sentir la más afortunada de todas.

Aunque sea por ese instante no será la Antígona de las travestis que recorre hoteles, comisarías, burdeles, con todas sus muertas. Esa noche no dolerán las siliconas de pobres que tuvo que inyectarse; sólo por ese instante no dolerán los golpes, los sucios calabozos, las burlas, los insultos, los desprecios.

Aunque sea por un instante no será perseguida por los mercaderes de la trata y el sida.

Aunque sea por ese instante desaparecerán los códigos contravencionales y de faltas que criminalizan su existencia.

Aunque sea por ese instante no tendrá que esforzarse para recordar el rostro de su madre, de su padre, que la echaron cuando apenas tenía 13 años.

Aunque sea por ese instante no habrá teje, tejetuni, clos, babado, chucu, no vendrá la Cirilqui (la policía).

Aunque sea por ese instante no habrá tetras baratos que calienten el cuerpo para soportar la jornada prostibularia.

Aunque sea por ese instante el mundo enmudecerá y no habrá insultos de trava, travesaño, trabuco, hombre vestido de mujer, mascarita sidótica, simulacro, colita, parecida, transfor..

Aunque sea por ese instante verá pasar un coro de niños y niñas travas bailando el villancico de la buena nueva que anuncia que ha nacido un niño que se llama Belén.

¡¡FELIZ 2009 PARA TODOS Y TODAS!!

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