(Ne)FASTA Educación

La justicia de Córdoba determinó intervenir las escuelas que maneja la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA) en la provincia, para que se cumpla la Ley Nº 26150, de Educación Sexual Integral. Esta decisión responde a las múltiples denuncias que ex estudiantes y docentes llevaron a cabo a lo largo de todo el territorio nacional, exponiendo el adoctrinamiento donde se patologiza a la homosexualidad y al lesbianismo y se incita al odio hacia la comunidad TLGBIQ.

Por Charo Zeballos

FASTA cuenta con 23 colegios y una Universidad y actualmente está enfrentando numerosas denuncias presentadas al Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) por discriminación en contextos educativos. Una red, compuesta por los instituciones que son, sistemáticamente, fuente de hostigamiento y adoctrinamiento desde sus cátedras. Frente a ello, les propies protagonistes, recientemente reunidos en la virtualidad de Instagram para publicar sus testimonios, y dar cuenta de dichas prácticas y las bajadas de línea a estudiantes y docentes que no comparten los “principios de FASTA”.

Vivir en secreto

Hernán Perea tiene 30 años, asistió al colegio Villa Eucaristica de Córdoba. Recuerda que en su trayecto por la institución las charlas patologizantes hacia cualquier práctica que no fuera heterosexual eran constantes: “Te decían que lo que hacías era una enfermedad, que los homosexuales morían de SIDA, que por más que usaras preservativo el SIDA se transmitía igual, que la mayoría de los homosexuales terminaban siendo pedófilos. Para alguien que recién se está descubriendo, que te estén haciendo sentir enfermo resulta muy difícil, no podés plantarte, señaló quien asistiera a dicha institución educativa desde nivel inicial hasta que culminó sus estudios secundarios.

Diez años más tarde T. (no quiere que su nombre aparezca publicado por las represalias que las personas de FASTA llevan contra quienes testifican) estaba cursando sus estudios secundarios en la misma institución. Ella es bisexual, cuenta que hasta que culminó sus estudios no pudo contar su orientación abiertamente: “En mi caso, soy bisexual y no dije nada hasta que salí del colegio porque sabía que me iban a decir cosas (…) Cuando me di cuenta que me gustaban las chicas, además de los chicos, estaba totalmente negada, no lo quería aceptar para nada. Esto seguro por la influencia del colegio y de las charlas que nos daban. Estuve meses diciendo ‘no me pueden gustar las mujeres’”, afirmó la ex estudiante, egresada en la promoción 2016.

A pesar del tiempo, ambes relatantes concuerdan en que dentro de la institución no sólo se adoctrinaba regularmente, contaban con una materia que se llama “Formación Doctrinal” donde se impartía una instrucción que resaltaba como valor la virginidad, el matrimonio y los roles que varones y mujeres debían cumplir; también se perseguía a todo aquello que escapara de la norma.

Un compañero de Hernán contó al curso que era bisexual, lo dijo sin problema pero a partir de ese momento se comenzó a hablar de “los problemas” de este estudiante. “La directora lo mandó a llamar varias veces a la oficina, mandó a llamar a los padres. Se lo trataba como un chico problema.  Desde la escuela se decía abiertamente que el chico tenía problemas y, el ‘problema’ era que era bisexual, recuerda Perea.

“Una amiga mía se tuvo que cambiar de colegio porque fue la primera que dijo que era lesbiana(…) Desde la dirección la llamaron un par de veces para decirle cosas, supongo que para que dejara de hablar y se dejara de pronunciar libremente, para silenciarla. Con eso y todo el acoso, al final, se terminó yendo del colegio sin tener mesa en otro colegio, se fue a mitad de año”,  recuerda T. Y asegura que, a partir de ese caso, ninguna otra persona se atrevió a decir nada: “todo el mundo dijo ‘si a ella que solamente dijo que era lesbiana le pasó eso qué me va a pasar a mí’”.

La familia

Muches profesores y preceptores eran ex alumnes, recién egresades, que no contaban con un título habilitante: “FASTA se maneja con familias donde mamá, papá y abuelos iban ahí y, ni bien se recibían, entraban como preceptores o como profesores y hacían alguna carrera mientras trabajaban de eso”. Hernán cuenta que sus preceptores eran jóvenes, que además eran dirigentes del RUCA, una actividad extracurricular que se ofrecía como un boy scout e incluía formación militar, donde la bajada de línea y el hostigamiento se potenciaban. “Un grupo de preceptores, que eran chicos de FASTA que se acababan de recibir, se juntaban con los del RUCA de quinto o sexto año. Se ponían en la puerta de la cantina y, muchas veces, con unos amigos que también eran gay, íbamos y veíamos que estaban en la puerta y preferíamos no comer nada porque si pasábamos nos gritaban puto de mierda o culo roto. Qué ibas a hacer si eran preceptores, imposible ir a quejarse o defender algo”.

Las instituciones de FASTA están ligadas a familias y personalidades poderosas, relacionadas a la dictadura, a Priebke, reconocido nazi y Cecilia Pando. En córdoba no es la excepción: “Son gente con poder y son patoteros. Acá en Córdoba estaba el secretario del Ministro de Educación, que era de FASTA. Tienen concejales de los municipios. A los docentes los tienen amenazados y pierden el trabajo si llegan a hablar”, cuenta Francisco de la Vega quien no concurrió a los colegios, sino que formó parte durante seis años del RUCA.

Al igual que T. y Hernán, Francisco vivió momentos de bullying que les propies dirigentes, también docentes de los colegios, instigaban. A pesar de que pasaron 12 años desde que abandonó el RUCA cuenta que, aún hoy, recuerda todo lo vivido y, cuando se organizaron para testimonear les ex alumnes, él habló en medios locales con nombre y apellido. “Después que di el primer testimonio me llamó Lucas y me preguntó por qué decía mentiras, por qué lo bardeaba. Yo le canté la canción, le dije que cómo me preguntaba eso después de todo lo que había hecho. Esa persona no puede estar a cargo de chicos, no tiene la capacidad para estar a cargo de una criatura”, señaló de la Vega haciendo referencia a Lucas Larrosa, docente del Villa Eucarística, dirigente del RUCA que, en 2019, fue precandidato a Diputado Nacional por Encuentro Vecinal.

El RUCA

Francisco tenía 12 años en 2002, cuando abrieron la sección del RUCA en Barrio Poeta Lugones, cuenta que se promocionaban como un Boy Scout, donde ibas a pasar la tarde entre amigues. Se anotaron todes les chiques de la cuadra:

“Éramos todos un grupo de amigos. FASTA lo que tiene es que utilizan la manipulación, tenés a  todo tu grupo ahí y vos, cuando sos adolescente, querés pertenecer. Entonces se transforma en tu grupo de pertenencia, donde desde muy temprano podés ir escalando y teniendo jerarquía. Ellos te hablan de la amistad miliciana, como vos compartís los mismos ideales con la gente de FASTA sos mucho más amigo que con cualquier persona de afuera. Entonces el que no iba no era tan amigo”.

La pertenencia al RUCA incluía una marcada formación militar -se llamaban milicianos-, les niñes y jóvenes formaban, marchaban y cantaban canciones con contenido xenófobo. También tenían actividades que emulaban las cruzadas donde se vestían con mantos blancos, con una cruz en el pecho: “Nos decían que la guerra santa estaba bien, que había que matar a los infieles y los moros eran infieles”, recuerda Francisco.Y agrega que “así era como iban formando pequeños nazis”.

La formación era distintiva para hombres y mujeres: “Mi sobrina fue parte del RUCA y cuenta, que en un campamento, ellas tenían que hacerle la merienda a los varones porque una buena dama, tiene que ser servicial para con los varones y, para con el esposo después de casarse y después para con los hijos. La función de toda mujer era esa” cuenta Hernan. El caso de los varones era diferente, se buscaba exaltar la rudeza: “Mientras más macho mejor, cuando cantaban el himno tenían que cantar fuerte, con voz de hombre porque si por los cambios de la voz alguno tenía un tono más finito, ese era el trolo y al trolo le hacían bullyng todo el tiempo”, señala en referencia al testimonio de su sobrino.

“Yo tenía un apodo, me lo había puesto mi papá, inocentemente, sin pensar lo que podía llegar a traer. Y cuando esta gente se entera de este apodo, como se vivían haciendo canciones para molestar y ver quién cantaba más fuerte, quién la tenía más larga, como la palabra de mi apodo incitaba al sexo oral, entonces ellos hicieron una canción que terminaba diciendo ‘Francisco de la Vega justifica su apodo’. Una vez, cuando estábamos izando la bandera, uno de los jefes que era Lucas Larrosa, entonó la canción e hizo que todo el RUCA, toda la formación, la cante. Eran cien chicos cantándome a mí, pidiéndome que yo tenga sexo oral con ellos.  Yo tenía 12 años”.

Les testimoniantes definen el hostigamiento constante como abuso de autoridad, quienes eran jefes del RUCA eran los responsables de incentivar el acoso dentro de los grupos, en lugar de intervenir ante este. Francisco recuerda que el bullying era alevoso y con múltiples niveles de discriminación: “A otros porque eran negros los hostigaban, negro de acá, negro de allá. Eran muy de poner apodos y esto venía de los jefes, no de los chicos. Los jefes nunca ponían freno al bullying, sino que lo generaban. Imagínate que eran nuestro ejemplo a seguir y eran personas super violentas, todo muy violento, el saludo, la formación, la forma de manejarse, todo era militar”.

Y continúa, “Siempre supe que era homosexual” y, dentro del espacio, el bullying por esto era constante. Francisco sufrió abuso sexual en la infancia, y recuerda la charlas de Formación Doctrinal que también se impartían en el RUCA donde le decían que los homosexuales eran pedófilos. Entonces, con todo eso que me decían cuando estaba delante de los chicos sentía que yo estaba mal, que podía pasar algo, podía hacer lo mismo que me hicieron a mí porque yo era un enfermo. Yo creía que no podía estar enfrente de chicos porque era homosexual. Realmente los patológicos son ellos, no sos vos, pero cuesta muchos años entenderlo cuando sos tan chico”.

Resiliencia

Transitar estas instituciones recibiendo constantemente, durante la mayor parte del día, discursos cargados de violencia, no resulta una experiencia fácil para les niñes y jóvenes. Muches cuentan que intentaban no prestar atención o generaban estrategias para que no les “tomaran de punto”. El testimoniar y poner en común las propias vivencias, poder ponerle palabras y entender que no se trata de casos aislados, sino de acciones sistemáticas contra las subjetividades, ayuda a desnaturalizar todo lo acontecido.

Visibilizar, entonces, responde a un pedido, que se cumplan los Derechos Humanos dentro de los espacios para que les niñes y jóvenes que ahora asisten, tanto a los colegios como al RUCA, no tengan que pasar por lo mismo.

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