Nos cuidamos entre todxs, ¿pero qué pasa en las cárceles?

Por Toni Domínguez

Una nueva denuncia salió en las últimas horas del Penal Nº2 de Sierra Chica donde los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense dejaron a la intemperie a un hombre que hace meses está enfermo. Se trata de Alejandro Fernández, alojado en el pabellón 9, que tuvo que ser trasladado en silla de ruedas por dos mujeres trans que obligaron a los agentes a intervenir.

Días atrás desde SUDAKA TLGBI dimos cuenta de la situación de extrema vulnerabilidad que atraviesa la población privada de su libertad en los penales de la provincia de Buenos Aires, como en otras unidades penitenciarias del país. Así lo manifestaron en diálogo con nuestra Agencia las entrevistadas: “no pedimos que nos regalen una libertad que no merecemos, sabemos lo que hicimos y lo que tenemos que pagar. Pero también sabemos que somos personas, también somos humanos y tenemos derechos como todos. No queremos morir, solo eso”, refirieron en relación a la desidia y el abandono por parte de las autoridades del servicio penitenciario que se vio recrudecido frente al avance del coronavirus.

[TAL VEZ TE INTERESE: Coronavirus y encierro]

“El día lunes lo sacamos a Sanidad pero no lo quisieron atender, el médico que estaba de guardia se llama Andrés Tossi y dijo, delante de todos, que no lo iba a atender porque estaba descansando. Lo tuvimos que volver a entrar en silla de ruedas porque ya no camina, se hace encima y no puede tragar agua ni comer”, dijo una de las chicas.

Las compañeras trans del Penal Nº2 de Sierra Chica hacen los barbijos para todo el personal de la cárcel. “La policía no se hizo controles, sólo usan barbijos y guantes que se los damos nosotras. Hasta la semana pasada estaban dejando entrar visitas, sin ninguna precaución. Tenemos miedo porque no nos queremos contagiar”, dijo otra de las chicas, quienes no vamos a dar sus nombres por seguridad.

La pandemia del COVID-19 se ha convertido en la mayor crisis social del siglo XXI, con una paranoia que supera ampliamente a las predicciones Mayas del 2012, o incluso a los suicidios en masa del cambio de milenio. El aislamiento social obligatorio puso en evidencia la interdependencia del ser humanx y lo vulnerable que somos ante la falta de contacto, algo que la frivolidad de las últimas décadas nos hizo olvidar. 

Las redes de cuidados y contención dentro de las cárceles de la provincia de Buenos Aires están siendo impulsadas por las travestis y trans presas. Qué paradójico que quienes sistemáticamente han sido negadas del amor y el cuidado, que también fueron expulsadas de la asistencia a la salud, sean quienes se encarguen de humanizar el trato  en lugares tan hostiles. La salud es un derecho.

[TAL VEZ TE INTERESE: Políticas de cuidado trans- comunitario]

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *