Realidades subalternas


Por Aradia García y Julio Villafañe 

Desde hace un tiempo, las redes sociales fueron partícipe de una vorágine en relación a una psicosis generalizada, producto de un nuevo virus: Covid-19, también conocido como “coronavirus”. Luego de las declaraciones del Presidente de la República Argentina, Alberto Fernández, donde dio a conocer la importancia de permanecer en los hogares y evitar el contacto social y las medidas de cuarentena obligatoria –salvo excepciones por decreto-, surgen interrogantes respecto a los sectores más desventajados de la sociedad civil: trabajadrxs precarizades, changarines, cartoneros, desempleades, sectores empobrecidos y vulnerables, personas del colectivo travestis y trans, compañeres marikas y tortas, personas en situación de prostitución, de calle y en contextos de encierro (…y la lista sigue con un penoso etcétera!).

[TAL VEZ TE INTERESE: Coronavirus y encierro]

¡¿Cómo enfrentamos esta pandemia?! Las prácticas culturales, instituidas desde un paradigma de los sentidos comunes, que recaen en las sociedades patriarcales y heterocisnormadas, han presentado ciertas particularidades respecto a diferentes temas que las  atraviesan de manera general a todos los sectores sociales: el hambre, la violencia, falta de medicamentos esenciales y atención básica de la salud, fuentes de trabajo digno. Sin embargo, el agravante es para quiénes están bajo la línea de la pobreza y/o indigencia, como aquellas personas que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad, que no tienen hogar ni refugio. Preguntas que apuntan a cómo transita la cuarentena aquel sector de la sociedad civil que el macrismo expulsó, condenó y abandonó, confinándolos al olvido e incluso invisibilización de la buena parte de la sociedad.

La novedosa coincidencia en el país, casi en su totalidad, de la importancia del sistema de salud pública y del rol del Estado, nos pone frente a un panorama generalizado con discursos que difieren en los plazos de tal o cual medida, o en la utilización de algunos recursos… Pero a nivel general, existe un consenso sobre las medidas adoptadas por el ejecutivo.

Como ejercicio a futuro, podemos plantearnos qué habría ocurrido si esta pandemia fuera producto de las condiciones de inhabitabilidad de las cárceles hacinadas o de las condiciones antihigiénicas en las que se encuentra las poblaciones de las villas miseria. Lo más contundente hoy, es la necesidad de reforzar los lazos sociales, que nos permitan promover para todxs y cada une de nosotres el mayor cuidado posible.

Es entender las múltiples miradas e interseccionalidades que atraviesan este tema complejo. No todes podemos exigir una dinámica de home office a los empleadores (cuando existiere un trabajo “formal”). No a todos los sectores de la patronal les parece la vida de lxs trabajadores tan valiosa como para reestructurar sus trabajos en función de proteger la salud. Y mientras el sistema de salud pública colapsa y se satura, en medio de una reestructuración y reasignación presupuestaria que llevará varios veces más; las personas que ejercen la prostitución/trabajado sexual, les marginades, desempleades, empleades informales, seguimos en constante exposición a afecciones sanitarias por las vulnerabilizaciones sociales, económicas, laborales, habitacionales y, en particular por no tener los medios necesarios para poder afrontar estas condiciones.

En este sentido, tal vez sea  momento de generar o pensar estrategias de abordaje frente a este hecho,  donde esté presente, desde el plano de lo comunitario hacia lo integral, ponerse en el lugar del otre y asumir un compromiso colectivo basado en la co-responsabilidad social. Aquella a la que muchas personas huyen. Y que a su vez, se funden en una clara decisión política de intervenir frente a estos temas. Recordando a la comandante de las Mariposas, Lohana Berkins  cuando decía que “el amor que nos negaron es el impulso para transformar al mundo”, es ésto: leer a les otres, reconocerles, desde la amorosidad y la empatía, para así poder generar lazos transferenciales que denoten en los modos de organización política/sociales/comunitarios, para poder así implicar-nos, una actitud sensible, atenta a los derechos y obligaciones que todes debemos asumir y exigir frente a las pandemias.

Reforzar los lazos sociales también será tarea de todes, desde nuestros hogares y desde los espacio de trabajo y militancia que nos toque. Para así poder construir esos nuevos vínculos hacia la población menos pudiente, hacia lxs más carentes, para que la inclusión y la salud, sean no sea un privilegio de pocos.

Cuando Claudia Vásquez Haro, nos habla de pensar la configuración simbólica y del plano de lo real en cuanto a una epistemología del despojo, es hablar de lo que ésto implica: no desconocer nuestras historias, los momentos más duros de nuestras vidas que terminaron recayendo en una realidad latente. Hablar desde este lugar, es darnos el espacio a pensar, decir y hacer ver lo que nos hace ser nosotres: nuestras identidades de géneros. La puja por el renombramiento y la resignificación de los cuerpos, las sexualidades, los placeres, e incluso el uso de los espacios, lo que permite gestar el punto de inflexión de poder cuestionar y romper las normas socialmente constituidas, sobre quiénes somos y los atributos que se nos adjudican.

Asistimos a un momento histórico, y ante la oportunidad de pensar y pensarnos de cara a una enfermedad que nos sacude en el plano de la salud y más allá. Que socava las bases de un contrato social y cultural, reificado en una doble moral, un virus ideológico mortal que va a continuar perpetuando y legitimando una cadena de significados y significantes, donde las personas que formamos parte de los sectores populares, quedamos en la trinchera de batalla. El coronavirus va a pegar de lleno aquelles que están desanparades por el Estado, que no pueden acceder a los recursos de cuidado básicos de prevención, como el alcohol en gel y el jabón. No aquelles que tienen licencias pagas, obra social o asistencia domiciliaria y que pueden permanecer en la comodidad de sus hogares, calientes, con comida y un lugar para pasar estos días de cuarentena, “quedate en tu casa, porque si te cuidados vos, cuidas a todes”.

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