RESPETAME, no necesito que me aceptes.


Por Julio Villafañe

El respeto a las identidades de género autopercibidas es ley nacional, y rige en Argentina desde el año 2012. 

Esta legislación, además de otorgar la ciudadanía plena a miles de argentines y equiparar en derechos legales y jurídicos, también significó un gran avance en lo que al acceso a la salud respecta. En su artículo 11 establece el Derecho al libre desarrollo personal, al goce de su salud integral y los tratamientos necesarios para adecuar su cuerpo a la identidad de género autopercibida, si así lo desean, sin judicializar las autorizaciones.

La OMS establece una concepción de salud en sentido amplio que reconoce, dentro de ella, no sólo la ausencia de enfermedad sino, también, el bienestar económico y social, y la salud psíquica y mental.

El derecho a la salud de las niñeces trans-travestis, es uno de los aspectos cruciales que un marco legal como el mencionado, permite poner en tensión en un sistema de salud público que, muchas veces, y al igual que el educativo, ha sido excluyente para las disidencias.

En noviembre de 2018, un grupo de profesionales del Hospital Infantil de la ciudad de Córdoba, Argentina, se vio interpelado en su rol de efectores de salud por la ausencia de una perspectiva integral e interdisciplinaria, de formación en acompañamiento a transiciones, y por el no cumplimiento de una ley que regula sus actividades.

Desde entonces, el equipo accedió a instancias de formación, y a conformarse como red, dentro y fuera del hospital, para abordar el acompañamiento a niñes y adolescentes tans, travestis, y no binaries desde una perspectiva despatologizadora que irrumpe con el modelo médico hegemónico.


En entrevista para Sudaka TLGBINB, Magdalena Arias, pediatra, integrante del equipo, se refería al quiebre que significa la interdisciplinariedad y hasta la decisión misma de ser un equipo y no un consultorio. Se construye en conjunto, articulando los saberes y las necesidades de cada usuarie, desmantelando esa imagen catedrática que la hegemonía médica establece en relaciones de poder absolutamente asimétricas, “y si quieren pasear por el hospital, que paseen”, como afirmaba Lorena Alives, una de las trabajadoras sociales del equipo. Esta redefinición del espacio de atención, del momento de consulta, tensiona construcciones culturales, institucionales y académicas  que históricamente han significado para el colectivo disidente, la exclusión, expulsión y marginalización del sistema de salud, lo que deriva en que hoy, la expectativa de vida para esta población sea, en promedio, un 50% menos que del resto de la población.

El resto del equipo se conforma por profesionales de endocrinología, psicología, nutrición y tres pediatras más. 

El trabajo interdisciplinario es algo que también rescataron como valorable dentro de la entrevista, no solo por la necesidad misma que el acompañamiento de una transición requiere, sino también por la ventaja que significa funcionar de manera reticular dentro del hospital, al momento de no tener que fijar un día y horario de atención específico que restrinja la posibilidad de consulta y/o atención que une usuarie pudiera demandar. 

El abordaje integral y el acompañamiento de todo el proceso, les permite tener cubiertas, durante todos los días de la semana, las áreas desde las que trabajan les profesionales que integran.

Otro de los aspectos donde podemos ver este quiebre, es en la construcción colaborativa tanto de los objetivos, como de la función misma de les efectores de salud. Al respecto, Magdalena, Candelaria, y Lorena, entrevistadas por la agencia, indicaron que estos procesos de construcción y de formación, se realizaron en articulación con distintos referentes de la ciudad y la provincia, tanto del ámbito de la salud, de la cultura, de la gestión pública y de organizaciones disidentes, que expresaron las necesidades en la actualidad de la atención en salud a niñes y adolescentes.

La mayoría de los relatos de adultxs trans, nos hablan de la expulsión y de la violencia en el sistema educativo y en el sistema de salud. Escuchar esos relatos, nos permite conocer cuáles fueron esas violencias en las niñeces para no volver a ejercerlas”, afirmaban al respecto.

La ya mencionada Ley de Identidad de Género, es muy clara al establecer para cada niñe que así lo requiera, el acceso a los derechos que garantiza, basándose la Convención sobre los Derechos del Niño y en la Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Sin embargo, el sistema de salud pública se ha deteriorado inmensamente producto de las decisiones que la última gestión tomó desde el ejecutivo nacional. Lo que ha significado para los centros de salud, en todo el territorio nacional, una reducción en el presupuesto y, sobre todo, una disminución en la calidad de atención que cada usuarie pudo recibir. Y en contextos políticos económicos donde los derechos de toda la población son vulnerados sistemáticamente, mucho más lo son los derechos de las personas que habitan y construyen las disidencias sexo genéricas que ocupan, estructural e históricamente, un espacio marginal dentro del ordenamiento social. 

En lo que respecta a la situación de los hospitales públicos en el país, y en particular en la provincia, Candelaria hizo saber, una y otra vez, que el trabajo profesional debe reforzarse, y muchas veces solo a voluntad, para sostener espacios como el que construye este equipo, y para poder gestionar y habilitar recursos que casi siempre, son escasos e insuficientes. Pero también, remarcaba la esperanza frente a la gestión del nuevo oficialismo, del cual una de las primeras medidas, fue devolver la categoría ministerial al Ministerio de Salud del país.

Y es un trabajo cuyos frutos pueden observarse de a poco, pero que se reflejan en procesos como pasar, de unos primeros encuentros en los que les chiques no pueden mirar a los ojos, y se esconden en capuchas que les ocultan, a instancias de reivindicación y puesta en palabra de las identidades. A un estar siendo, construyendo una propia identidad, desde donde habitar el mundo que podamos (de)construír, donde no aceptamos que nos acepten, exigimos que nos respeten.

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