Violencia mediática de la prensa gráfica a personas travestis y trans

Por Matías David Rodríguez

Los medios de comunicación además de ser herramientas y técnicas, son cajas de resonancia de lo que se dice en una sociedad en determinado momento histórico. En la actualidad, construyen la otredad como algo amenazante y avergonzante. Estas lógicas, propias de las sociedades modernas no son plurales, sino que se han construido a través de patrones excluyentes, donde las políticas liberales y neoliberales desde hace más de 30 años han operado con una fuerza hostil y arrolladora hacia lo diferente.

La alteridad está constituida en las sociedades heteropatriarcales por múltiples sectores, entre ellos la comunidad LGBTIQ, y de ese colectivo multidimensional uno de los más castigados es la comunidad travesti y trans. Desde que comenzó la pandemia, la violencia machista ha ido en aumento y con ello la violencia mediática de las coberturas noticiosas de los medios gráficos de comunicación.

La Ley N° 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) aprobada en el año 2009, constituyó un avance importante en la democratización de la palabra, redistribuyendo la frecuencia radioeléctrica a distintos sectores de la sociedad, pero la misma, se intervino con la asunción del gobierno macrista en el año 2015. De todas formas, la misma nunca reguló los medios gráficos en la Argentina, también promotores de la exclusión y la discriminación.

A partir de diciembre de 2015, la escena normativa de las comunicaciones dio un vuelco negativo en Argentina; interviniéndose la LSCA por diferentes decretos del Poder Ejecutivo Nacional, que modificaron y restringieron su accionar. En paralelo, el macrismo creó la Comisión para la Elaboración del Proyecto de Comunicaciones Convergentes, el cual no deja claro si incluirá las figuras jurídicas de violencia mediática y simbólica, necesarias para la implementación y desarrollo de una amplia política pública, en comunicación y género.

La concentración de medios y la desregulación, que genero el macrismo llevaron a que hoy en el país el 74% de los diarios, este en manos de 4 grandes grupos mediáticos, el dato se desprende del Quinto informe MOM (Media Ownership Monitor) del 2019 que realizaron Reporteros sin Fronteras con la participación del diario cooperativo Tiempo Argentino. El informe también pone sobre la lupa otro problema estructural, la falta de mujeres en puestos directivos dentro de las redacciones de los principales grupos mediáticos, esto sin duda desfavorece la transversalización de la perspectiva de género a la hora de la redacción de las noticias y que se privilegie la óptica androcéntrica, vulnerando los derechos de las mujeres cis y trans.

  Aunque las mujeres han logrado abrirse camino en los medios de comunicación, tejiendo redes de periodistas y bregando por ocupar puestos de mando para cambiar la óptica con la que se construye las noticias, las personas trans y travestis ni siquiera aparecen como redactoras o reporteras.  Su presencia es casi nula en los medios gráficos, radiales y televisivos. De esta manera, es entendible porque las políticas de diversidad sexual dejaron de ser un pilar en la Argentina y la violencia volvió a ocupar un lugar importante en la vida cotidiana de las personas LGBTIQ y de las agendas mediáticas, las cuales configuran sentidos trillados sobre las identidades de géneros no heteronormativas.

Un ejemplo de ello, lo constituye la cobertura que diferentes medios hicieron de la muerte de Tamara Morales, una mujer de 36 años encontrada muerta por la policía en Pablo Nogués. Morales de 36 años se encontraba desaparecida y apareció en una zanja semisumergida. Ella, había sido trasladada el sábado 25 de abril en ambulancia desde su casa en Villa de Mayo, -una localidad contigua a Pablo Nogues también perteneciente al partido de Malvinas Argentinas- al Hospital Dr. Federico Abete porque se sentía muy mal. En el nosocomio estuvo entre las 20 y las 3 de la madrugada, luego pidió la alta voluntaria y se marchó.

Desde allí, no se supo más nada de ella, por lo que se inició una campaña por redes sociales, y finalmente la policía comunico el hallazgo del cuerpo el domingo 27 de abril.  El hospital no pudo dar una respuesta contundente porque le dieron el alta, por lo que su familia, considera que el accionar del hospital fue discriminatorio, por dejarla salir sola a las 3 de la mañana. 

Por su parte, los medios de comunicación locales hicieron la cobertura del caso, sin perspectiva de género, y tratando a la víctima en masculino y hasta dando su nombre registral; el cual no respeta su identidad de género autopercibida y transgrede la Ley N°26.743 de Identidad de Género. Esto nos lleva a preguntar: ¿Por qué algunas víctimas provocan empatía, indignación y pedidos de justicia en la población y otras son ridiculizadas y revictimizadas por parte de los medios de comunicación?

Tamara vivía de la prostitución, una actividad de subsistencia que esta estigmatizada y para la población trans más que una elección se presenta como un destino petrificado. Además, al ser una mujer trans transgrede la heteronorma, porque su género no condice con el sexo asignado al nacer. A su vez, no tenía estudios y vivía de manera humilde. Todos estos factores llevan a que los medios configuren un relato de Tamara como una mala víctima, lo cual se traduce en una cobertura mediática descarnada y morbosa que invade su privacidad y no respeta ni su muerte, ni el duelo de sus seres queridos.

Según Ernesto Laclau, reconocido politólogo argentino, la hegemonía opera a través de equivalencias discursivas, lo que significa que para ciertos significantes solo debe existir un significado fijo y permanente. La intención es mantener el orden social y presentarlo como “natural” para la población, en concordancia con los intereses de los sectores dominantes. Por ejemplo, para el significante travesti/trans es común que se lo asocie a la prostitución, la delincuencia, las drogas en definitiva al mundo del hampa.

Es por esto, que los medios de comunicación, como productores de sentido al servicio del orden social hegemónico, no pusieron el foco cuando se comunicó su muerte en datos como, por ejemplo: que ella quería dejar la prostitución y estudiar para ser médica forense. Paso inadvertido que ante la necesidad de soportar la situación de prostitución muchas chicas tienen consumos problemáticos, y que Tamara había dado batalla y logrado salir de los mismos gracias a una rehabilitación. Tampoco se hizo hincapié en que ella había vuelto a su hogar familiar luego de un largo tiempo, porque la misma tardó en aceptar su identidad de género autopercibida.

Por eso, es necesario repensar la práctica profesional del periodismo, transversalizando el género y la diversidad sexual en todo el proceso de comunicación, desde las prácticas de producción, elaboración y emisión de noticias; en todos los temas y en todas las secciones. Un periodismo transmisor de otras noticias, que hable de la realidad diversa y compleja que contribuya a una mayor igualdad y que no se dejen llevar por la inmediatez o el amarillismo, sino por el contrario que comunique con compromiso por el cambio cultural, con sensibilidad y empatía.

Para que las travestis y trans “aparezcan en la agenda emocional del país”, como propone la activista y poetiza travesti Susy Shock, es necesario comunicar las noticias sobre la diversidad sexual, contando que la violencia hacia las personas trans y travestis, comienza  cuando  expresan su identidad entre la niñez y la pre adolescencia. Allí comienza un camino de exclusiones: de sus hogares, son empujadas a la prostitución, no son atendidas en los centros de salud,  no acceden a una vivienda digna ni a la educación, y ante la crudeza de las condiciones de vida, su expectativa se reduce al promedio de 35 años.

Como el Estado despoja de valor a estas vidas, eso lleva según el activista trans Say Sacayán a que un día “venga alguien y diga a esta trava la puedo golpear o hacer lo que quiero total nunca nadie va a decir nada sobre esto”. Los medios median la comprensión de la realidad de las personas, proporcionan significados de las cosas y de lo que acontece, incidiendo en la comprensión de la realidad. Instalan enunciaciones y clasificaciones acerca de lo que está bien, y de lo que no lo está, cuál es la conducta esperada frente a una situación determinada, lo posible, lo deseable, lo prohibido, lo permitido. Alimentan un imaginario común acerca de las identidades sexuales y la relación entre los géneros a partir de los cuales las personas se constituyen, se identifican con un ser y hacer social.

Por eso la necesidad de que el Estado cree organismos públicos que tengan una clara misión pedagógica, sin capacidad sancionatoria, pudiendo vincular a la sociedad civil con los diferentes organismos estatales, para promover la transformación de la matriz cultural patriarcal, para que todas y todos accedamos en igualdad de condiciones a la comunicación, sin discriminación, ni violencias de ningún tipo.

Si comprendemos que la comunicación es un derecho humano, debemos exigir un Estado responsable que lo salvaguarde a través de organismos públicos que promuevan ese derecho y su ejercicio mediante la educación critica de las audiencias; amplificando sus reclamos, denuncias y consultas, y buscando corregir las asimetrías entre la ciudadanía comunicacional y los medios de comunicación.

El combate a la violencia mediática y simbólica ha sido liderado por la sociedad civil, periodistas, comunicadores, académicas y académicos, entre otres, comprometides con la transformación cultural. Sin embargo, sin el compromiso efectivo del Estado y de las empresas de medios, toda acción será insuficiente.

La inmediatez, las dinámicas, las agendas y los intereses no pueden estar por encima de un periodismo comprometido con la transformación social. La diversidad de voces de mujeres, varones no hegemónicos, gays, lesbianas, travestis y trans no se harán presente si la propiedad de los medios está en pocas manos. Al contrario, la discriminación seguirá existiendo, y las travestis solo seguirán existiendo, como envases descartables de las violencias.

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