We Tripantu: Año Nuevo Mapuche


La celebración más importante de los pueblos originarios de  América del Sur tiene lugar cada 21 de junio y es conocida como el “We Tripantu”, término mapuche que significa “salida del nuevo sol”. Los pueblos originarios identificaron los momentos del año en que el Sol se alineaba con el ecuador de la Tierra, conocido como equinoccios y los momentos en que el astro rey alcanzaba su mayor altura aparente en el cielo, los solsticios. El 21 de junio se produce el solsticio de invierno, este fenómeno es considerado por los mapuches como un renacer porque la época de cosecha culmina y la tierra se prepara para su nuevo tiempo de fertilidad.

Por Toni Domínguez

La víspera del solsticio es la noche más larga del año, luego de ese momento clave y durante los seis meses siguientes, las noches se acortan y los días se alargan. En el ambiente hay más luz disponible y con ello hay mayor abundancia. Según la cosmovisión mapuche, el sol nace con la llegada del invierno, se vuelve joven y adulto en primavera, envejece durante el verano y comienza a morir en otoño, cuando los árboles pierden sus hojas, los animales cambian su pelaje y otros fenómenos alteran a la naturaleza, incluidos al ser humano. La base de la sabiduría y ciencia mapuche es la observación permanente y sistemática de la naturaleza. Su metodología de aprendizaje se conoce como “inarrumen”. Utilizan el mismo método socrático utilizado en la ciencia occidental: observación e inducción. 

Los pueblos mapuches sostienen que en la naturaleza está todo dado, sólo se debe observar. Los conocimientos astronómicos de los mapuches los llevaron a distinguir los movimientos de la Tierra. La rotación fue llamada chünküzmapu (redondez de la Tierra) y la traslación tüwaymapu (giros de la Tierra). Como el resto de los pueblos precolombinos, el conocimiento de estos fenómenos sirvió para la creación de su calendario, que indica un año de 364 días exactos, distribuidos en 13 meses y 28 días. 

Diversidad Sexual precolombina: existíamos de antes

Los pueblos originarios que habitaron el actual territorio argentino tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas. La cultura mapuche, aún existente en Argentina y Chile, no logró ser sometida por el Imperio Español, y mantuvo su independencia y su propio territorio en la Patagonia y La Pampa hasta fines del siglo XIX, siendo desde ese momento, afectada profundamente por los procesos de aculturación. 

Acá hago un paréntesis para decir que la “aculturación” es el proceso de recepción de otra cultura y de adaptación a ella, esto trae aparejado la pérdida de la propia cultura; subordinando a las prácticas de quién “trae” nuevos conocimientos por sobre los ya existente en el territorio. 

Tradicionalmente los pueblos han sostenido una valoración igualitaria de hombres y mujeres, por lo que asumir identidades o tener características transexuales o no binarias no significaba pérdida de ningún privilegio, poder o estatus.​ Los mapuches no tenían nociones de género y sexo, al menos con la relevancia que se le concede en la cultura europea. Dentro de sus comunidades existían “weye”, que hacía referencia a personas que no eran consideradas ni hombres ni mujeres, y se desplazaban complejamente entre diversos estados que combinaban características performáticas, sexuales y de las estaciones del año.​ Sus prácticas sexuales admitían una amplia diversidad y no establecían un vínculo determinado con la heterosexualidad y la idea de procreación.

El sometimiento de la nación mapuche en la segunda mitad del siglo XIX, obligó a los hombres a dejar de ser guerreros o cazadores y emplearse como peones de estancia para trabajar la tierra de los blancos inmigrantes, una tarea tradicionalmente femenina en la cultura mapuche. Este cambio de roles trajo aparejada una desvalorización de la masculinidad en la moderna cultura mapuche y el predominio de las mujeres en su rol de machi, una posición que reúne las condiciones de médica, sacerdotiza, consejera y protectora del pueblo, razón por la cual es usual encontrar mujeres trans desempeñándose como machis.

La historia no contada

Giuseppe Campuzano, filósofo, investigador, artista multidisciplinar y activista travesti peruano, investigó sobre la historia del travestismo en Perú, la sexualidad y sus construcciones de identidad. Conceptualizó al travestismo no como la imitación de la mujer sino como el ejercicio de libertad de una persona rompiendo convenciones. También cuestionó la figura del travestismo blanco y occidental de la teoría queer anglosajona reivindicando la impureza de los rastros cuir que hay en el sur.

Entre sus obras más importantes se encuentra el proyecto del Museo Travesti del Perú que surge en Lima en 2003. La cual no es solo un museo acerca del travestismo peruano, sino un proyecto o una pieza conceptual portátil que se arma y desarma en distintos lugares no necesariamente siempre dentro museos, galerías o lugares de exposición. Es también, una exploración de la propia experiencia personal del artista. Su propósito es articular la memoria del travestismo, entre prejuicios y definiciones hechas por terceros, y como las cercanías y diferencias a los demás de este diverso grupo de personas llamadas travestis. 

Su objetivo es ser un Museo de Perú, que se entienda como una entidad travesti, que mantiene orígenes desde antes de la Conquista Española hasta la actualidad, para así poder quitar la influencia colonial y religiosa que divide a los seres humanos y sus cosas. El Museo cuenta con datos de antropología, arte, historia, prensa, leyes y testimonios. El prólogo del Museo es “Toda peruanidad es un travestismo”. Giuseppe con sus propias palabras cuenta que “El Museo travesti del Perú nace de la necesidad de una historia propia –una historia del Perú inédita–, ensayando una arqueología de los maquillajes y una filosofía de los cuerpos, para proponer una elaboración de metáforas más productiva que cualquier catalogación excluyente”. 

Desde la conquista española, hasta la conformación de los Estados Nación; la América morena, mestiza, originaria y diversa que habitaba toda la AbyaYala fue perseguida, torturada, esclavizada, exterminada y normalizada por parte de hombre europeo. En este sentido, para construir la Patria que hoy conocemos, muchos pueblos fueron arrasados, sus costumbres, sus creencias y sus territorios. Todes tenemos sangre originaria; algunos en las manos, otres en las venas.

A nuestres hermanes, We Tripantu.

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