Abuso policial en Jujuy: “Por pícara, te haremos una causa por drogas”.

Las organizaciones sociales y de derechos humanos en Argentina están denunciando los múltiples casos de violencia y abuso policial por parte de las fuerzas represivas del Estado y que se han multiplicado durante la cuarentena. Este es el caso de una joven trans de la ciudad de Ledesma, en la provincia norteña de Jujuy que fue detenida, golpeada y abusada sexualmente por cuatro efectivos policiales de su ciudad. 

Por Casandra Sandoval. –

Delfina Antonella Díaz, de 19 años, charlaba junto a sus amigas la madrugada del lunes 13 de abril en un domicilio privado del barrio Eva Perón, cuando fueron sorprendidas por efectivos de la policía que de manera agresiva y sin ninguna explicación las agredieron verbalmente mientras arrojaban sus asientos a la calle. Delfina y sus amigas hicieron el intento de guardar sus pertenencias, momento en que uno de los efectivos (entre ellas una “policía femenina”) la llevan esposada al patrullero. Delfina lo cuenta así:  

“Estábamos sentadas, afuera, en la vereda. Llegaron los policías, eran tres masculinos y una femenina, cerca de la una de la mañana, bien prepotentes a tirar las sillas, gritaban que nos metamos adentro. Nosotras nos mirábamos desconcertadas porque las sillas volaron a la calle y yo corrí para guardar nuestros asientos y fue en ese momento que un masculino (que no pude identificar) me agarra del cuello, me esposa y me sube a la camioneta. Comencé a gritar porque quería que mis amigas le avisaran a mí mamá y de repente la femenina me calzó una piña en la cara exigiéndome que me calle, que no grite, pero yo lo hacía igual porque estaba desesperada y nadie me ayudaba. Entonces la mujer policía me calzó dos piñas más”.


El relato de la adolescente trans es estremecedor y da cuenta de cómo las fuerzas de seguridad actúan con absoluta impunidad en contra de las mujeres y las disidencias sexuales. Delfina Díaz continua con su denuncia:

“Me llevaron a la vuelta del lugar donde me detuvieron. Allí hay una cancha, conocida como la “cancha de los rieles”, totalmente oscura, no se ve nada. Se detuvieron y comenzaron a golpearme entre todos, a insultarme gritándome que así me volverían macho. Que si nací hombre tenía que ser hombre. Y me seguían golpeando. Sube otro policía y saca un palo, una cachiporra, y a tirones me bajaron el pantalón hasta las rodillas, y me pegaban piñas y chirlos en la cola mientras me insultaban, jugaban con mis partes íntimas de adelante, me tocaban y me pateaban sobre todo en las piernas”. 


“Fingir que estaba entrando en convulsión me ayudó”.

“Yo no aguanté más y tuve que simular que sufría convulsiones. Eso tuve que hacer para ayudarme. Fingir que estaba entrando en convulsión me ayudó. Se asustaron y me trajeron al SAME que está en el camping. Llegamos, me bajan del patrullero y me suben a la ambulancia. La enfermera de turno me pasó un algodón con alcohol por el cuello, me estaba por inyectar algo. Y ahí me levanté, y le explico que simulé la convulsión porque me estaban pegando y haciendo cosas feas. Ella me mira y se ríe. Lo mira al policía y se ríe. Yo le mostraba mi pantalón destrozado por los policías, mire por favor cómo estoy, le decía. El policía la hace bajar a la enfermera de la ambulancia, se ubican al frente, como a unos metros más adelante de la ambulancia, hablaban entre ellos, me miraban y se reían, se burlaban de mí”. 

“Me agarró de la garganta y ahorcándome, me dijo que no hablara”.

“Bajáte, bajáte!, me grita el policía. Me vuelve a meter al patrullero y me llevan a la comisaría Salomón Guerra. Me hicieron la requisa y me vuelven a subir a la camioneta, hasta que llegaron dos menores de edad también detenidos y nos llevaron al hospital, pero allí no me revisaron. Sólo lo disimularon. A los menores detenidos lo llevaron a otro sector y me quedé sola con el policía que manejaba el patrullero que inmediatamente se puso a mí lado, me agarró de la garganta y ahorcándome me dijo que no hablara, que no dijera nada porque todo podía ser peor. Que si hablaba me encarcelarían para que los presos me violen. Pero como pude le dije que igual hablaría, que, aunque hagan lo que hagan conmigo yo lo diría. Por pícara, me dijo, te haremos una causa por drogas. Y me llevaron a toxicomanía. Allí me denuncian diciendo que fui detenida por sustancias ilegales, que tenía encima una lagrimita. 

Yo me sentía tan mal, no podía reaccionar. No pude decir nada. Firmé un papel, y en ese momento llegó mi mamá que desesperada por fin me encontró”. 

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“Jamás la dejé sola, estoy en las buenas y las malas con mi hija trans”.

María Pérez, es mamá de tres hijes. Dos varones y su hija, Delfina. Y sin pensarlo, apenas supo que su hija había sido detenida, comenzó con la búsqueda que se extendió durante cuatro horas interminables hasta dar con el paradero de Delfina Antonella.  En contacto con nuestra Agencia, expresó su dolor por semejante atropello: “Fue terrible. Muchas horas sin saber nada de mí hija. Pensé que me la habían desaparecido. Pensé tantas cosas horribles mientras la buscaba desesperada. Anduve de comisaría en comisaría. Llamé preocupada inclusive a mí hermana de Córdoba y mi hermano de San Pedro, que me escucharon horrorizados cómo me sentía al no poder encontrarla. Verdaderamente sentí que me la habían matado. Recorrer de una comisaria a otra y no saber nada de ella es feo. Me siento muy mal, mis ojos eran lágrimas y más lagrimas, desde el momento en que comencé a buscarla hasta que la encontré. A mi hija trans siempre la apoyé. Estoy contenta de lo que es, no hay diferencia en nada, estoy en todas con ella. Nunca la desamparé. Desde chica, cuando ella cambió su género, jamás la dejé sola, estoy en las buenas y las malas con mi hija trans”.


“Delfina es una mujer trans muy joven y valiente”.

La familia de Delfina está siendo acompañada y reciben, día a día, el asesoramiento legal del Movimiento Ailén Chambi y Andhes de Derechos Humanos. Pero es el Consejo provincial de la Mujer y las Disidencias por el momento quien tiene la posibilidad de movilizarse y ofreció el patrocinio en esta etapa previa de la investigación. 

La abogada y activista Marina Vilte explicó que presentaron una denuncia administrativa ante el Ministerio de Seguridad y la policía de la provincia de Jujuy. Además, publicaron un comunicado donde expresan que, durante el proceso, Delfina sufrió violencia institucional cada vez que la policía volvió a llamarla y registrarla con el nombre inscripto en su DNI, ignorando su identidad autopercibida. Este accionar es vulneratorio de la normativa nacional vigente, en especial el trato digno y el respeto a la dignidad humana consagrados en el art.12 de la ley nacional N° 26.743 de Identidad de Género. Por otro lado, denunciaron que la violencia correctiva es una de las formas más brutales de violencia en contra de las mujeres trans, travestis; representa una cuestión histórica y cotidiana que las atraviesa, y que habitualmente es invisibilizada, colocándolas como víctimas de la discriminación y estigmatización estructural.  

Esta situación nos convoca a aunar fuerzas entre las distintas organizaciones a fin de repudiar, denunciar y exigir la correspondiente reparación de los Derechos Humanos vulnerados.

“Nos preocupa que aún Delfina ni la familia no tengan ningún tipo de medida cautelar dictada por la justicia para su protección y seguridad. Aún no hay una resolución que aparte a la policía. Sí le llegaron las notificaciones por contravención y todo, pero nada para su resguardo. Nosotros estamos solicitando al fiscal que se apure con estas medidas. Nosotres como organización vamos a acompañar hasta lo último, porque creemos que es una instancia en que tenemos que marcar un precedente porque esto lo viven de forma reiterada y cotidiana las compañeras trans”, explicó a Sudaka TLGBI, Marina Vilte.

“Delfina es una valiente, es una mujer trans muy joven y valiente. Y tiene bien en claro que sale a denunciar por todas sus demás compañeras. Y porque está cansada que les pase lo mismo y que nadie se anime a denunciar. Quizás no hay números ni estadísticas de cuantas denuncias se realizan o no justamente porque un gran número de estos abusos y violaciones a los derechos humanos no se denuncian por miedos, presiones, por amenazas. Entonces queremos dar otro mensaje a la sociedad, de no seguir naturalizando la violencia. La violencia y la discriminación no se toman cuarentena. Las redes de contención son solo virtuales y quizás, muchas de las personas trans que sufren el abuso, ni siquiera están pudiendo acceder a esas virtualidades. Esperamos que la justicia jujeña reaccione y haga un proceso limpio, imparcial y que de un mensaje a la sociedad, que esto no puede seguir ocurriendo”. 

La pandemia es una nueva oportunidad en contra de las libertades democráticas y los derechos humanos.

En el noroeste argentino son numerosos los casos de violencia y abuso que, semana a semana, se denuncian a través de los medios locales. 

La policía de Salta, a mando del ex militar negacionista Juan Manuel Pulleiro, se llevó envestido y abandonó a un joven de 17 años que hoy pelea por su vida. La misma policía que bate récords de detenciones en el marco de la cuarentena, con más de 5000 demorados mientras en la provincia hubo solo 3 casos positivos de coronavirus. 

Lo que no deja de sorprender es el antecedente gravísimo que emitió el Ministerio Pùblico Fiscal de Salta. Es la primera vez, según denuncia la CORREPI, “que aparece plasmada por escrito y con firma de funcionarios del Ministerio Público Fiscal, una orden de censura para evitar la difusión de hechos de represión policial. Según informaron medios locales y nacionales que se animaron a publicar lo sucedido, “desde el área de prensa de la Policía informaron que hubo una disposición de una fiscalía para que no se difundan imágenes de la Policía ni de su vehículo”.

En Tucumán se registran actualmente más de 2300 detenciones. 

En Jujuy las autoridades políticas locales salieron a denunciar el abuso policial (a través de la presentación de un proyecto de declaración que presentaron los concejales del PTS-FIT de Libertador), buscando ser un punto de apoyo a “esta lucha contra la violencia estatal ejercida contra la población trans/travesti en particular, y contra el abuso policial que, en general, padecen las/os jóvenes de los barrios populares y las/os trabajadoras/es. Violencia policial que se profundizo con el disciplinamiento y control social que los gobernantes decretaron ante la propagación del virus COVID-19”, expresó el Concejal Miguel López.

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