Bisexualidad: ¿Qué lugar ocupa la B?

Por Fiamma Zirpoli para Agencia Sudaka TLGBINB

La pregunta se encuentra relacionada a la búsqueda de visibilización de la existencia de la bisexualidad. Resulta interesante pensar acerca de la recurrencia de ciertos cuestionamientos sociales sobre esta forma de vincularse y desandarlos, para comprender qué lógicas se inscriben detrás.

Actualmente el espectro de identidades existentes, está en discusión las experiencias que se enmarcan dentro del colectivo. A raíz de esto la comunidad bisexual giró el significado del término hacia “atracción por personas del mismo género autopercibido o hacia cualquier otro género”. En este sentido, quizás la diferencia crucial con la pansexualidad se trate del reconocimiento personal de la existencia de una atracción preferencial hacia determinados géneros, en tanto que la pansexualidad se trata de la atracción por sentimientos, experiencias y vivencias.

Màs sobre pansexualidad en esta nota de Sofìa Valoff para Agencia Sudaka:

Lo que es, quizás, menos visible de la bisexualidad, es que se encuentra entre muchos mundos y esto modifica ese mundo. Podría incluso entenderse como una interrogación hacia los significantes cerrados que existen dentro de las creencias y nociones de las formas de vinculación entre las personas, dentro de un campo mucho más abierto. El lesbianismo, la homosexualidad, la heterosexualidad se erigen como significantes incuestionables a los que la bisexualidad viene a hacerles preguntas, es decir viene a aportar matices.

A partir de una recopilación de testimonios realizada en redes propias para la producción de esta nota, surgieron algunos elementos recurrentes interesantes para analizar las lógicas sociales en las que se encuentran insertos:

“Es una fase”

Comunmente, se refiere al deseo bisexual como algo pasajero. Algo que va a terminar por definirse dentro de la homosexualidad o de la heterosexualidad, en algún momento. Si una persona bisexual se encuentra en una relación de muchos años, por consecuencia se asume que entonces ya ha definido su deseo, y su identidad correspondiente según la identidad genérica de la persona con la que se encuentra.

Se presupone que “ser madure (sexualmente) es recortar de la gama posible de experiencias humanas, una sola, y adherirse a ella por el resto de la vida”, como explica la activista Alejandra Sardá, en el libro Bisexualidades feministas.

Uno de los testimonios, de quienes respondieron a la encuesta, indica: “Una ex pareja me dijo que en realidad era lesbiana, pero que no podía renunciar a la fantasía heterosexual. Entonces estaba viviendo como lesbiana, pero en un momento iba a volver a ser hetero, tener hijes y formar una familia”. Hay una creencia social sobre la bisexualidad como un modo vincular que no puede renunciar a los privilegios sociales correspondientes a la heterosexualidad. En realidad, se trata de un ejercicio constante de auto reflexividad que tiene que ver con preguntarse, en cada nuevo vínculo y en cada nuevo momento de la vida, acerca de las formas vincularse, de las posibilidades y las responsabilidades.

“Pero, ¿cuál te gusta más?”

“La gente asume que soy lesbiana por haber estado con más mujeres que hombres”, cuenta otro testimonio que llega desde la encuesta realizada en redes. Esta pregunta, que empuja constantemente a la elección entre opciones que no son opuestas o determinantes sino simplemente diferentes, termina por sostener en el imaginario la idea binarista ya caduca de una forma cuasi matemática: bisexual significa 50% homosexual y 50% heterosexual.

Desde la teoría de la performatividad de Judith Butler, la identidad no está determinada sino que se construye socialmente, se construye en una reciprocidad interdependiente a través de una serie de iteraciones (actos performativos) en el espacio social. La orientación sexual, además de ser una de las variables que construyen las identidades, hacia adentro, también puede entenderse como una de las variables sociales a partir de las cuales se pueden desempeñar los roles sexuales.

Si dejara de pensarse al sexo, a las identidades y las orientaciones sexuales como algo fijo, estático o esencialista, podría comenzar a comprenderse como una forma fluída del deseo. Esto simplificaría el proceso de autoconocimiento de las existencias bisexuales. “Todo este proceso de seguir profundizando en quién soy, quién me gusta, de qué manera, qué es lo que no me gusta, fue complejo por la invisibilización”, dice la periodista especialista en cine y género, Julia Arce.

Desde su análisis, sobre discursos mediáticos y culturales, indica: “la falta de representación en los medios, en el cine, en la televisión, continúa perpetuando la invisibilización y la idea de indecisión, de no poder mantener relaciones estables o ser eternamente infiel por tener múltiples amantes (sic)”.

La pregunta acerca de “qué te gusta más”, viene aparejada a una especie de rendición de cuentas sobre con cuántas personas estuviste, para saber si efectivamente te gusta. “Yo entendía que la bisexualidad existía pero no la concebía para mí, porque creía que para estar dentro de una categoría, tenía que cumplir ciertas reglas o normas como haber estado efectivamente con personas de forma sexoafectiva no heteronormada”, dice Julia.

La revolución de los afectos

“Mucho tiempo creí que era lesbiana y mis compañeras siempre fueron mujeres. Con hombres sólo tenía encuentros casuales que no se prolongaban en el tiempo. Me es más difìcil vincularme con hombres en varios sentidos”. La encuesta realizada, recibió varios testimonios de esta índole, planteando la posibilidad de pensar los vínculos diferenciados en sus esquemas afectivos. Actualmente, con el advenimiento de las nuevas formas de vinculación, más abiertas y comunicativas, donde la amistad tiene un valor mayor, los afectos se vuelven una forma política de encontrarse en un mundo.

Los límites son mucho más permeables y cabe preguntarse acerca de la diferencia entre un vínculo afectivo y uno sexo afectivo. Una de las dificultades para que las personas bisexuales puedan relacionarse abiertamente, algo que impide que se constituya efectivamente como una orientación  e identidad -no como una variable momentánea-, es que muchas veces, es cuestionada tanto por la heteronorma como por la homonorma, quedando invisibilizada incluso hacia adentro del colectivo TLGBINB. Quizás sea momento de comenzar a pensar los afectos con una apertura que permita vincularse de una forma más libre y menos encasillada.

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