Ciudadanas y con Derechos. Vida Digna y Trabajo para Todes.

Por Claudia Vásquez Haro (*)

En consonancia con las distintas políticas implementadas en vistas a la ampliación y reparación, por parte del Estado, de la ciudadanía de las personas travestis y trans, un nuevo proyecto de ley avanza en el Senado de la Nación.

 Se trata de una iniciativa sobre la promoción y participación de travestis y trans, en el mercado laboral formal, específicamente, en la industria pesquera. La normativa propone generar la inclusión de mujeres cis, travestis y trans a una actividad económica que históricamente estuvo ocupada por varones cis.

El trabajo articulado de las organizaciones de la sociedad civil, en conjunción con la apertura y voluntad política de gobiernos y funcionaries, logró el reconocimiento y la ampliación de derechos para sectores postergados, como fue la promulgación del Decreto Nacional de Cupo Laboral Travesti y Trans en el sector público.

Otras conquistas, establecieron, por ejemplo, el cupo laboral travesti y trans en el Senado de la Nación y el programa de incentivos para la contratación de personas travestis y trans en las provincias del NEA y el NOA. 

En este sentido, el proyecto que establece un régimen de promoción y participación de mujeres, travestis y trans en el sector pesquero, abre otro campo de posibilidades para la inserción laboral genuina para nuestro colectivo en el país. Sin embargo, la ampliación de derechos también implica desafíos en materia no solo de acceso, sino también de permanencia en los puestos laborales. 

Una cultura enraizada en el machismo y la construcción de estereotipos de género vinculados a la supremacía física masculina y, por tanto, la debilidad femenina, generó lógicas de producción excluyente de las corporalidades feminizadas, en el mercado laboral en general y, particularmente en esta actividad.  

Como sabemos, estos patrones culturales, o estereotipos de géneros, operan de igual modo en todas las actividades laborales que requieren de la fuerza física.  Como consecuencia, se han sedimentado imaginarios ideales, debiéramos decir construcciones culturales de quiénes pueden hacer ciertas tareas, desempeñar funciones y cumplir roles, según ciertas habilidades y capacidades que se esperan de las mujeres y varones, fundamentadas en una interpretación arbitraria de la biología.

En este sentido, se reservaban a los hombres las actividades correspondientes a la esfera de lo público, espacio, por excelencia, de las actividades políticas, económicas e intelectuales. Por el contrario, quedaba relegado a las mujeres, el espacio privado y doméstico, las obligaciones reproductivas y de cuidados, precarizadas e invisibilizadas. Al margen, quedaban las feminidades travestis y trans, fuera del circuito productivo y reproductivo de la sociedad, vulnerabilizadas y criminalizadas, en una esfera cubierta por un imaginario social sobre lo prohibido, clandestino e inmoral.

Una vez más, la batalla es cultural, para que los estereotipos que dividen ciudadanes de primera y de segunda, humanes con derechos y sujetes a derecho; dejen de una vez, de ser la prerrogativa bajo la cual se reproducen las condiciones de exclusión, dominación y segregación de unos géneros sobre otros. Mediante la deconstrucción y problematización de los universos femeninos y masculinos, se podrá avanzar hacia nuevas formas sociales y culturales que se fundan en la diversidad, el bienestar, la creatividad y en la posibilidad de disfrutar y gozar individual y colectivamente de la vida.

 Y para que la experiencia humana sea accesible y vivida dignamente por todes.

(*) Editorial «SUDAKA en Radio» Radio Provincia AM1270 – Jueves 27 de mayo de 2021


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