El beso como símbolo de resistencia: Entrevista a Marian Gómez

Por Aradia García para SUDAKA TLGBI

El mes de Abril ha marcado un antes y después en el colectivo de la diversidad sexual en Argentina. El caso de Marian “La Rusa” Gómez, sintetiza lo que muchas personas que no encajan con la norma social, padecen. Porque vivió, en carne propia, los abusos de las fuerzas policiales y de la violencia institucional machista y heterocis-patriarcal, encarnizada en el poder judicial.

SUDAKA TLGBI entrevistó a quien se ha convertido en una referente de esa lucha. Su causa permitió instalar la discusión en ciertos sectores de la sociedad y tensionar, una vez más, que un acto personal y, aparentemente privado e íntimo como un beso, puede transformarse en un símbolo de resistencia política.

Hechos que marcan, cuerpos que sienten: transgredir el espacio público

En 2017, en la Estación del subte, de Plaza Constitución, comenzó el principio de una lucha que duró cuatro años. Marian se encontraba en un espacio semi abierto, junto a Rocío, su pareja. El hecho sucedió mientras la pareja se besaba y la rusa, fumaba un cigarrillo. En ese momento fue increpada por efectivos policiales: <Pibe, apaga el cigarrillo>, fueron las palabras de las fuerzas de seguridad. Ella recuerda que, a un año de haber llegado a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, este hecho le resultó muy desagradable.

Tras los acontecimientos sucedidos, Gómez denunció públicamente que, cuando la llevaron detenida a la comisaría que la Policía de la ciudad tiene en la estación Boedo de la línea E de subte, fue donde peor la pasó. Lo que me hizo muy mal fue cuando me hicieron desnudar antes de entrar al calabozo. Me obligaron a abrir las piernas, levantar los brazos, agacharme y pararme tantas veces como ellos quisieron. Fueron más de tres veces seguro”, señaló a la prensa local.

Con el correr del tiempo, el 28 de junio del 2019, dos años después, la jueza Marta Yungano a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal, – TOC – N°26, la condenó a un año de prisión y al pago de las costas del proceso. En este sentido, y en una entrevista exclusiva con SUDAKA TLGBI, Marian manifestó que lo más grave es el actuar del sistema judicial, en general. En este sentido, no recae en un hecho que se dirime en el accionar personal de una jueza, por el contrario y, en sus propias palabras, “en lo humano, de cómo piensa, de cómo ella falla como piensa; como, también, hay otros jueces que tienen los mismos fallos.

Finalmente, luego de un proceso que llevó cuatro años y, luego de rechazar todo tipo de probation que le fue ofrecida, Marian fue absuelta. Así fue cuando el pasado 7 de abril la Cámara de Casación, a través del fallo del juez Sarrabayrouse -y en contra de la acción de La fiscal del juicio, Diana Goral-, dictaminó que “La falta de fundamentación de la fiscalía sobre el punto implica que el caso debe resolverse por la absolución de Gómez”. Esto significó que le dieron lugar a la defensa de Gómez, representada por Lisandro Teszkiewicz que, desde el momento inicial, sostuvo que la condena se daba en el contexto de una “situación estructural de discriminación y menoscabo de sus derechos, en función de su elección sexual”.

Perspectiva transfeminista e interseccional

Hay muchos casos como el de Marian. Este es un reclamo que se viene exigiendo desde diferentes sectores de la sociedad civil, sobre todo de los activismos TLGBI. En estos últimos meses, la demanda urgente se generó en la necesidad de instalar en la agenda política y pública, el pedido de generar una reforma judicial popular y transfeminista. Adoptar una perspectiva transfeminista implica un ejercicio que permita poner en tensión la dimensión de la corporalidad, la subjetividad, y la resignificación política de las identidades y todos los atravesamientos que la constituyen. Porque es inevitable ver al poder judical como misógino, castrense, patriarcal y sobre todo, hetero cis normado.

Quienes pertenecemos al colectivo de la diversidad sexual sabemos que, históricamente, carecemos de acceso a la justicia. En muchos casos somos víctimas de situaciones nada gratas y que, en su mayoría, derivan en causas armadas. Tal como nos reflejaba Marian en la entrevista: “Esto deja en claro, que fue una causa armada. Porque Casación resuelve que parte de la absolución se ve, claramente, la discriminación amplicada por los funcionarios públicos. Todos estos cuatro años de lucha , todo el apoyo que hemos recibido, ha sido un gran pie para poder continuar con todo esto”, nos decía Marian.

Criminalización a la identidad lésbica

Que te criminalicen por besar a tu compañera, termina reafirmando la falta de formación en perspectiva de género y de diversidad sexual en todos los poderes del Estado. Y esto para Marian fue clave, “La verdad, a mi me costó salir del armario”, recuerda. Al igual que muchas personas de la diversidad sexual, hay situaciones en las que nos vemos en la obligación de auto-exiliarnos de nuestros senos familiares y de nuestras comunidades de origen, en búsqueda de reafirmar nuestras identidades. “En donde yo vivía, era una casa muy estructurada. En el pueblo (Olavarría), no había comunidad LGBT, era muy tabú”, agrega la rusa.

El exilio se termina configurando una praxis sistemática, podríamos decir, un acto de resistencia, más aún cuando convivimos con el fantasma de la sociedad que nos obliga a un deber ser, anclado en ciertos imaginarios ideales. La persecución judicial y policial a personas de la comunidad TLGBI, no es algo nuevo. “Darme cuenta con el tiempo que, así como armaron esta causa, arman un montón… no sólo porque te besas con tu esposa, sino porque tan solo te vieron cómo te vestís, ya empiezan a maltratarte o a discriminarte. Tanto porque tienen poder, una institución que los amparan, acierta Gómez.

Una institución, como tantas otras, que adolece de una formación adecuada con perspectiva de género. Y que, más grave aún, que rechazó la obligación de tomar los cursos de la Ley Micaela. Si la Suprema Corte de Justicia es capaz de rechazar esta medida ¿De qué justicia estamos hablando? ¿Justicia para pocos?

Es momento de seguir insistiendo en capacitaciones, y como señala Marian, sancionar a quienes no quieren, porque tienen la obligación como funcionarios públicos. Y a ello, agrega “hay muchas leyes que realmente no se están cumpliendo, como la Ley Micaela, la ESI. Venimos pidiendo un montón de cosas, tenemos que seguir insistiendo porque, por ahora, nos están escuchando poco y nada”.

En los últimos minutos de la entrevista, tuvimos la oportunidad de conversar sobre la potencialidad de los modos de organización que tiene nuestro colectivo. Tal como Marian nos dijo, cuando se ven injusticias y realmente estamos cansades que nos arrebaten de nuestros derechos, juntes arrebatamos todo y llegamos a los objetivos que queremos lograr.

Porque, desde un inicio cuando condenaron a Marian, siempre supimos que nos condenaban a todes. Por eso, cuando decimos <Aquí está la resistencia>, estamos hablando de una política de la interdependencia. De ese construir juntes, unides en redes de solidaridad y en el tejido de prácticas de cuidado con otres. Por eso llegó esta absolución, por toda la visibilización que como colectivo, supimos conseguir. Porque como dejó claro la rusa, “Sin este apoyo, no hubiésemos llegado a este fallo”.

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