Emergencia alimentaria y habitacional: la otra cara de la pandemia

Por Gonzalo Carranza

El 29 de marzo por este mismo medio se dio a conocer la situación de Gisela Tapia, una mujer trans de 23 años que vive en extrema vulnerabilidad. Su casa se constituye de tres paredes de chapa y una pared de nylon, con suelo de tierra y sin cama. Gisela esta prácticamente a la intemperie y no tiene trabajo. Hace más de un año que abandonó la prostitución.

A causa de la grave situación, OTRANS Argentina inició la “Campaña Solidaria para Gisela”, a la que se sumaron otras organizaciones en busca de recursos económicos y bienes como: materiales para construcción, cama, colchón, frazadas y todo aquello que pudiera serle de utilidad para afrontar el frío que se aproxima.

Sin embargo, varixs funcionarixs fueron notificadxs de la situación de Gisela que, como tantas personas del colectivo travesti y trans, estaba incluida en el listado que confeccionaron las organizaciones de la sociedad civil, tanto de nivel provincial como municipal para las distintas acciones que se implementaron desde el gobierno, ante la situación de emergencia que maximizo la pandemia del COVID-19. Hasta el momento, la respuesta del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Provincia de Buenos Aires, a cargo de Estela Diaz fue el envío de un colchón de goma espuma y una bolsa de alimentos que contenía: 1 paquete de yerba, 1 paquete de fideos, de arroz y aceite.

El grave estado habitacional de Gisela es cada vez más acuciante, ya que no puede recolectar con su carro cartones y materiales reciclables en las calles para vender a causa de la medida de  Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio dictado por el poder ejecutivo (DNU 297/20), y que rige en todo el país, por decisión de Alberto Fernández, desde el pasado 20 de Marzo. Gisela sigue durmiendo en el suelo, sobre la tierra húmeda, sin mucho más que lo puesto. Tampoco puede tomar medidas de higiene por la falta de agua potable, que se suma a la ausencia de servicios básicos como el gas y la luz.

SUDAKA TLGBI mantuvo diálogo con Nicole Ruíz, amiga cercana de Gisela, que también atraviesa una situación compleja, tiene dos hijos, y le practican diálisis. Asimismo Nicole sostuvo: “la situación sigue siendo la misma, porque Gisela no puede mejorar su vida con un colchón de goma espuma y un bolsón de comida, hoy va a llover y ella sigue en su casa de chapa y plástico”. Y remarcó: “ni siquiera le trajeron unas frazadas”.

La población travesti y trans en Argentina tiene una expectativa de vida de no más de 36 años, por las graves condiciones de salud y habitacionales a las que están expuestxs. El contexto actual, dejó al descubierto y potenció las condiciones de vulnerabilidad de vastos sectores de la población. Casos como el de Gisela demuestra, una vez más, que el Estado municipal y nacional debe necesariamente reconocer la emergencia alimentaria y habitacional de varixs mujeres y varones trans, y brindar respuestas efectivas.

Nicole Ruíz también remarcó la situación de las mujeres trans que se encuentran privadas de su libertad, y están siendo liberadas o con arresto domiciliario, que tampoco tienen lugar donde vivir para pasar los días de aislamiento obligatorio: “Son liberadas pero no tienen donde vivir y tampoco tienen trabajo, es muy grave”, expresó con preocupación.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *