Entre los límites materiales y discursivos del sexo

Por Claudia Vásquez Haro (*)

En nuestro país,  asistimos a una nueva conquista en materia de derechos para el colectivo de la diversidad sexual, se trata del reconocimiento de la identidad no binaria en los DNI. Una medida establecida por decreto nacional que convierte a nuestro país en el primero de la región en garantizar este derecho.

Esta normativa, se enmarca en la Ley de identidad de Género que garantiza a las personas el derecho a expresar su vivencia interna del género y que sea reconocida mediante el DNI. Es decir, lo que permitió la ley de identidad de género,  es correr los límites de la binariedad, en términos de  lo pensable, lo decible y lo vivible. Para implosionar las categorías de masculinidad y feminidad hegemónica. 

Es necesario, no perder de vista una vez más, que esta nueva conquista es el resultado de los  activismos y militancias  de la diversidad sexual que permitieron en nuestro país estos avances en materia de derechos humanos. Como también, de un gobierno comprometido con las reivindicaciones históricas de diversos sectores en la ampliación y reconocimiento de una ciudadanía plena y diversa. 

Las personas no binarias, fueron invisibilizadas por sus identidades y prácticas. Lo que ha generado que, en nuestras sociedades sean leídas como identidades emergentes. Este universo identitario, existió en la historia a través de diferentes representaciones y conceptualizaciones que no hablaban por elles mismes. 

Los Estados modernos se construyeron en base a patrones excluyentes. En torno a las cuestiones de género y diversidad sexual se reproduce el sistema sexo-género (masculino y femenino) lo que genera la producción y reproducción de los estereotipos válidos en nuestra sociedad. En esta repetición de prácticas y de discursos heteronormativos el sexo encuentra sus límites discursivos y materiales. Entonces las personas que no reproducen estas categorías y que  no encajan en este binomio, se vuelven ininteligibles. 

En su discurso Alberto Fernández se preguntó: ¿Al Estado le importa el sexo de de la gente? No debería ser de su incumbencia, sin embargo los estudios de la teoría crítica dan cuenta que los Estados modernos, a través de la biopoltica, el control de la natalidad y el panoptismo, han ejercido el control  y el disciplinamiento de los cuerpos, las identidades y las sexualidades. 

Celebramos este avance, el uso de la “X” emerge como la opción mejor adecuada all marco normativo internacional. Una respuesta que tiene sus propias limitaciones al nombrar las identidades no heteronormadas. Un avance que amplía y reconoce derechos y abona a la problematización y a la construcción de consensos en post de construir condiciones de posibilidad para abolir las categorias sexo génericas.

(*) Editorial «SUDAKA en Radio» Radio Provincia AM1270 – Jueves 22 de Julio de 2021

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