La lucha de los pañuelos

Por Eugenio Talbot Wright

Hace casi 40 años que vi por primera vez a mi abuela paterna cortar un gran triángulo blanco utilizando la parte interna de una pollera, guardarlo en su bolsillo, y con una valija ocupada casi por completo por una pancarta con la foto de su hijo, viajar a Plaza de Mayo para participar de una de las acciones que jamás dejaré de recordar.

Allí decenas de mujeres sacaron de sus carteras, bolsillo o sacos esos enormes triángulos, y con un gesto de valor y dignidad levantaron sus brazos, miraron hacia el cielo, cubrieron sus cabellos con esas telas blancas, y comenzaron a marchar en círculos enseñándonos que la lucha es el único camino posible para cambiar la realidad.

Aun hoy guardo aquel pañuelo y no logro dejar de pensar en cada uno de los movimientos físicos que la abuela, y otras madres, hicieron de cara al sol, embanderándose para exigir justicia.

De muchas maneras los pañuelos hoy siguen representando el espíritu de esas luchas. 

Durante el gobierno de Néstor Kirchner, vimos por primera vez los pañuelos blancos ocupando la casa de gobierno. 

Vimos cómo se reanudaron los juicios por delitos de lesa humanidad, y el reencuentro de cientos de nietos apropiados  con sus familias y su historia.

Luego, los pañuelos comenzaron a teñirse de colores, y cada uno de esos colores fue simbolizando un nuevo reclamo, una deuda aún no reconocida por parte del estado.

El reclamo de las mujeres y los varones trans por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos hicieron que, en los recintos en donde se ejercita la democracia, los pañuelos verdes se hicieran visibles y poderosos. 

Salieron de los bolsillos y se presentaron ante la patria reclamando nuevamente derechos, ocupando los puños, mochilas y cuellos.

Ayer, por primera vez en un acto de asunción de un nuevo presidente, se vio un pañuelo que representa la lucha de aquellos que formamos parte de la población LGBTNB+.

Esperamos, que ese gran pañuelo que usó el hijo del actual presidente se convierta en un símbolo que habite los recintos estatales, marcando el horizonte de las políticas de estado que han sido tan postergadas.

En lo personal, me hubiese encantado escuchar en el discurso de Alberto Fernández frases concretas que demostrasen la intención de llevar adelante, con urgencia, políticas de pluralización de espacios y reconocimiento de derechos para la población trans y travesti. 

Nosotros y nosotras vivimos un genocidio. Tenemos hambre. No nos toman en los trabajos. Vivimos una exclusión permanente que vulnera todos los derechos. 

Que el pañuelo salga, se levante, se exprese y se reconozca. 

Que sea tomado por aquellos que nos gobernarán, y permita pensarnos y reconocernos como aliades, como sujetos y sujetas que mucho tenemos para decir y aportar.

Queremos estar presentes con nuestra diversidad sexual, de géneros, etnias, realidades sociales en los espacios que nos merecemos. En aquellos en donde se toman las decisiones políticas que marcan el rumbo de nuestra sociedad.

Que el pañuelo envuelva cabezas, corazones y luchas. Y sea bandera.

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