Memoria(s) y temporalidad(es) cuir

Por: Agencia Sudaka.

El Silencio es un Cuerpo que Cae. También es un cuerpo que calla su deseo, que lo vive clandestinamente, en horas ocultas, con riesgos innecesarios pero muy certeros.

El Silencio es un Cuerpo que Cae es también la indiferencia a los cuerpos deseantes no cis heterosexuales. La negligencia combinada entre Estado, sociedad, Iglesia, y fuerzas represivas para castigar, disciplinar, torturar y asesinar todas las corporalidades que se construyen fuera del binarismo obligatorio y mirar hacia otro lado.

El Silencio es un Cuerpo que Cae, es el documental de Agustina Comedi, que le juega una partida a la historia, y le tuerce las agujas al reloj para revisitar, reconstruir una historia rescatada del celuloide.

El documental invita a recorrer las temporalidades queer en un escenario de transición democrática y de plena vigencia de los códigos contravencionales. Invita a pensar desde esta perspectiva la historia, tratando de ver esos espacios y tiempos que se corren, se desdibujan, y se transforman un poco en algo así raro, cuir. La linealidad se tuerce entre algunos ejes distintos, pero no separados, más bien se va complejizando, no acumulando, no complementando.

La historia política de nuestro país nos marca hitos que se popularizan hasta calar en el sentido común. La democracia se restauró en el 83. Democracia con la que se come, se educa, se cura.

Pero, ¿quiénes se alimentaron, se educaron y se curaron con esa democracia?

La historia no es la misma para nosotras, como colectivo TLGBINB que para el resto del país. Este es un tema en constante disputa por ejemplo, en la disputa en torno al sentido de que una bandera diga 30.000 o diga son 30.400.

Hay una construcción, una ficción de la historia, que dejó bajo ese amparo de la restitución democrática a todo un pueblo. A costa de silenciar la historia de 400 compañeras y compañeres y compañeros que también fueron secuestrades, torturades y desaparecides por la dictadura cívico eclesiástico militar. Y por todes les que lo siguieron siendo después.

Sabemos que las mismas prácticas represivas de la dictadura continuaron para todas la disidencia sexo genérica, haciendo que la democracia sea sólo para unos pocos. Ahí se separa esa historia política, para un sector de la sociedad la democracia significa una cosa y es algo muy distinta para tantas otras personas, y en realidad debemos decir para las que sobrevivieron, que pueden hacer este ejercicio en perspectiva, porque ese es también otro tiempo.

La vigencia y recrudecimiento de los edictos policiales condenaba a todas las personas del colectivo TLGBINB a vivir en una clandestinidad nocturna, en un sistema prostituyente, en una vida que se montaba heterosexual para sobrevivir.

Y ahí se cruzan esas dos memorias, se disputan el espacio y la representación hoy con este símbolo que es ese 400.

La hegemonía en la memoria del 24 de marzo representa una mirada sesgada y restrictiva para pensar otras memorias en plural. Y se forja en el silencio y en la negación de esas otras historias.

En el documental de la cordobesa Agustina Comedi, conviven, claro que no sin conflicto, estas temporalidades.Técnicamente es un documental biográfico, pero en realidad puede leerse como excusa.

Hay una historia, que es la del padre de la propia Agustina, de su familia, que se cuenta a partir de un material audiovisual rescatado. Pero podemos entender que es una excusa, es como la justificación para hablar y chocar contra ese silencio, que fue del padre, que fue y es de la familia, y que fue el silencio de toda una generación y toda la sociedad.

Jaime Comedi, el padre de Agustina, era un abogado que vivió, como muches de su generación, dos vidas: La visible, la aceptada, era esa trayectoria que la heterosexualidad obligatoria impone: Estudios completos, un trabajo, una casa, una familia. Pero paralelamente, clandestinamente  (y a qué precio sería la pregunta), una vida en la que regía su deseo, la homosexualidad, el amor. Y ese es el otro eje que atraviesa el film, de aquella generación a la que era así de cara la clandestinidad, dos vidas paralelas, so pena de más represión, hostigamiento, violencias.

Y acá la invitación a pensar en esa consigna que nos dice que lo personal es político. Lo personal es politizable. Pensar en el cruce que propone el trabajo filmográfico de Agustina, de una trayectoria personal, biográfica, familiar, hacia una lectura generacional. Politizar estos sentidos, estas anécdotas de la cotidianeidad de su padre, significa esa visibilización que hace que muchas y muches se reconozcan en ella, a partir de experiencias similares, por el propio deseo silenciado, o por el silencio de cuerpos que cayeron en más silencios.

La narración en el documental cruza, revierte y juega con la linealidad temporal. Durante poco más de una hora, vuelven a convivir todos esos tiempos. Los tiempos de la heterosexualidad obligatoria, los tiempos de clandestinidad montada, amada, deseada, y el tiempo de hoy, el de su propia hija, que relee todo esto, incluso luego de que Jaime falleciera, pero con una lente atravesada por este tiempo. Matrimonio igualitario, ley de identidad de género, visibilidad, marchas del orgullo, esa es la lente con la que vemos el documental, ese es el reloj que marca el tiempo de esos registros que van cruzando desde un super8, un VHS, un celular, hasta las plataformas virtuales de hoy.

El material con el que Agustina realiza esta producción, es un registro de más de 160 hs, tomadas con un super8 por su padre, el abogado Jaime Comedi. De ellas realiza este recorte, con otras tecnologías, incluso haciendo ese viaje técnico hasta la cámara de su celu, y alojando al documental en plataformas virtuales como vimeo.  Y ahí está otra de las claves de lectura, que es esta lectura que propone justamente la tecnología, el montaje, la postproducción por la que, algo personal, cotidiano, doméstico, se politiza, se transforma en algo politizable, inscribiéndose en estas lecturas que hacemos hoy, como un ejercicio de memoria que le discute al tiempo, y al silencio.

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