NUESTRO DESEO NO ES UN DELITO

Por Claudia Vásquez Haro (*)

Esta semana quería hablarles sobre un tema que ha sido agenda en cuestiones de diversidad sexual. En forma de pregunta lo podemos plantear así: ¿Quiénes tienen derecho y quiénes no a aparecer y visibilizarse en el espacio de lo público?

Este gran interrogante que nos interpela en el marco del caso de absolución de Marian Gómez, no es una cuestión menor. La situación que tanto “La Rusa”, como se la conoce, junto a su pareja tuvieron que padecer por la institución policial, judicial y mediática, nos muestra una vez más, cómo estas instituciones funcionan como verdaderos aparatos ideológicos y represivos del Estado, que operan de una manera hostil, arrolladora y demonizante hacia lo diferente. Particularmente, en el caso de los medios de comunicación hegemónicos, vemos cómo no son solo herramientas y técnicas, sino cajas de resonancia de lo que se dice y no se dice en una sociedad, en un determinado momento histórico.

Sabemos que hay identidades que se construyen como un otro amenazante o vergonzante en el imaginario social. Esto hay que ponerlo en evidencia, que por mucho que se diga, las sociedades modernas no son plurales, sino que por el contrario, se han construido a través de patrones segregatorios y excluyentes, avalados a partir de políticas liberales y neoliberales desde hace más de 30 años, que son las mismas que rigen el diseño de las ciudades y el uso del espacio público.

Y acá no es necesario ser una profesional en el campo de la comunicación para hacer un análisis crítico del discurso, de los principales titulares de los medios de la desinformación, como decía Eduardo Galeano, para darse cuenta cómo nos muestran y si nos muestran, cómo ponen el foco o lo corren, cómo justifican el accionar violento y desproporcionado contra nuestros cuerpos; y cómo construyen sentidos que sedimentan en la opinión pública a partir de imágenes y sentidos degradantes, humillantes y hasta de victimarias, cuando en realidad somos víctimas.

Sabemos, también, que las políticas públicas pensadas para generar equidad en materia de derechos a nuestro colectivo, no son suficientes y, además, lo sucedido, en este caso, con Marian entre muchos etcéteras, nos demuestran la necesidad de seguir dando la batalla cultural. Tanto en el terreno de la militancia territorial, como también, desde dentro de estas instituciones, para transformarlas en clave transfeminista e interseccional.

Y porque no podemos seguir siendo negades, invisibilizades y sometides a un sistema heterocispatriarcal y translesbohomobi-odiante, decimos que el espacio de lo público debe seguir siendo una arena de lucha y disputa. Para que, los derechos humanos del colectivo TLGBINB, dejen de ser pensados en términos de excepcionalidades. Por eso debemos redoblar las apuestas. Para que estas situaciones de atropello y vulneración no sucedan ¡nunca más!

PORQUE NUESTROS DERECHOS, SON HUMANOS

¡Y NUESTRO DESEO, NO ES UN DELITO!

(*) Editorial «SUDAKA en Radio» Radio Provincia Am1270 – Jueves 15 de abril de 2021

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