Por el derecho a ser: porque hay muchas maneras de vivir la niñez.

Por Matías David Rodríguez.

En nuestro país se ha logrado instalar la  consigna, “Infancias Libres”, que condensa como sucede con otras luchas históricas en nuestro país, la necesidad de erradicar los estereotipos, prejuicios y también expectativas, sobre los cuerpos y subjetividades de las niñeces. 

La discusión por una infancia libre de violencias y sin discriminación, se instaló en la opinión pública y logro la adhesión de grandes sectores de la sociedad civil, gracias al  impulso y la militancia del movimiento TLGBINB. Debido a que  las personas de la diversidad sexual, conocemos lo que significa en carne propia  atravesar una infancia, donde los juegos, los colores, la posición del cuerpo y la inflexión de la voz, están predeterminados. Intentar cruzar estas barreras imaginarias y tangibles, impuestas culturalmente, implica la censura, el escarnio, el castigo, el golpe, actos violentos que intentan aniquilar la identidad de género y la orientación sexual.  

En contrapartida, apareció el movimiento que bajo la consigna “Con mis hijos no te metas”, pretendió contrarrestar a quienes luchamos por una sociedad más justa, equitativa, diversa y plural. Estos sectores, como sucede con el movimiento de los “Pañuelos Celestes” o también llamados “Salvemos las dos Vidas”, son movimientos antiderechos y reaccionarios que solo pretenden mantener el statu quo. 

Pretenden una sociedad conservadora, donde muy pocos logran poder desarrollarse. Donde muy pocos pueden cumplir con todas las prerrogativas que impone la heteronorma, y quienes más lo sufren son les niñez. Las infancias, atraviesan con dolor esta etapa de la vida, cuando no pueden cumplir con las imposiciones sociales y culturales asignadas a su género. En el caso de las personas de la diversidad sexual, son infancias marcadas por el miedo, donde muches de nosotres – en el mejor de los casos – debemos esconder quienes somos para poder sortear esa etapa de nuestras vidas hasta nuestra adultez. 

Sin embargo, otres no tienen ni siquiera esa posibilidad. Es en las infancias donde la expresión de género, contraria con fuerza a la heteronorma, las instituciones operan con más hostilidad, para intentar corregir ese supuesto “error”. Son las infancias travestis y  trans las que más sufren en esta etapa de sus vidas, por la incomprensión de los padres y el rechazo de las instituciones que a pesar de algunos avances, aún tiene un enorme desafío por generar políticas públicas tendientes a revertir y erradicar estas prácticas que son nocivas para nuestra sociedad.

Por eso, el “Día de las Infancias”, vino a celebrar cada niñez, a cada tipo particular de niñez. Con la libertad que nos negaron para atravesarla, pero con la convicción que la lucha que enarbolamos es para que nunca más, a ninguna niñez, se les niegue la posibilidad de vivir esta etapa de su vida, como lo deseen, como quieran cada uno de ellos, ser.  

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