Salud ¿integral? para personas travestis y trans

Por Aradia García y Eugenio Talbot Wright

¿Qué sucede con las personas trans y los tratamientos hormonales en contextos de cuaretena?  Desde hace más de seis meses la comunidad trans, principalmente, las masculinidades/varones trans han comenzado a tener ciertos problemas con el acceso a la testosterona. 

Este reclamo, es uno más de los derechos que aún se siguen vulnerando para la comunidad travestis y trans en Argentina; tales como el acceso a la vivienda, trabajo y salud. En estos momentos, donde los sistemas sanitarios en todos los niveles estatales están inmersos en una situación de emergencia crítica, surgen preguntas y desafíos en torno a la salud integral para la comunidad TLGBI en Argentina. Por un lado, aparece la cuestión de los tratamientos hormonales mientras que, por el otro, todo lo relacionado a enfermedades infecto-contagiosas, tales como el HIV, tuberculosis y últimamente, el COVID- 19.

Sin endocrinólogxs, sin atención 

En Córdoba uno de los centro de suministros de hormonas para personas trans y travestis es el Hospital Rawson. Este centro de salud atiende, principalmente, personas que tienen patologías infecto-contagiosas por lo cual es uno de los espacios mejor preparados para enfrentar la pandemia provocada por el COVID-19. 

Por esta causa, la farmacia del mismo se ha trasladado a metros del edificio principal, en donde las personas que ya son pacientes de la única endocrinóloga que se encarga de la atención de personas trans, travestis y no bineries, pueden retirar las dosis de hormonas sin el control de la profesional, hasta que vuelvan a funcionar los consultorios externos.

Por el otro lado, otros hospitales provinciales y municipales que comenzaron a realizar tratamientos de hormonización, hoy no brindan ninguna respuesta por lo cual, muchos integrantes de nuestra población han suspendido sus tratamientos.

Estas realidades ponen en evidencia que el sistema de salud no está preparado para dar respuestas a todas las necesidades de la población trans, travesti y no bienarie. Que, en la actualidad, este servicio no esté siendo efectivamente brindado ocasiona que, el seguimiento a todas las personas que se encuentran en tratamiento de reemplazo hormonal, pierda sistematicidad. Lo cual se torna complejo puesto que, además, la implementación de una atención interdisciplinaria para quienes desean realizar estos tratamientos, nunca fue eficiente. Todo lo cual, sigue demostrando la precariedad de un sistema de salud que no atiende (ni entiende) las necesidades específicas de la población.

Por otro lado en la Ciudad de La Plata, Buenos Aires, sucede algo similar en el Hospital Guitiérrez, donde la única doctora que realiza los tratamientos hormonales dejó a la deriva a todas aquellas personas trans, travestis y no bineries, que se atienden con ella En este sentido, y en diálogo directo con SUDAKA TLGBI, nos comunicamos con Luciano Romero paciente de este nosocomio, quién al respecto, nos contaba: “Me acerqué varias veces al hospital, especialmente al sector de Urología, donde ella atiende y no había nadie”.

Con lo anterior, agrega que “Llamé al servicio, al hospital y hasta sus consultorios externos, pero no recibí ninguna respuesta, solamente el cruel silencio. Yo me tenía que haber inyectado la testosterona el 4 de abril. Tuve que gastar más de $5000 pesos para inyectarme, porque la médica nos dejó tirados. Yo pude pagármela, pero ¿el que no tiene recursos cómo hace?”, sentenció Romero. 

En contracara, en el Distrito de Ensenada, Provincia de Buenos Aires, la diversidad sexual ha sido una arista en términos de políticas públicas efectiva. Según fuentes consultadas, desde el área de tratamientos hormonales del Hospital Horacio Cestino, se han comunicado unx por unx, con todxs lxs pacientes del sector de clínica médica, posibilitando la planificación para que cada une pueda tener sus hormonas y, así, continuar el tratamiento. 

Impacto en las cuerpas

Es necesario insistir en que el tratamiento hormonal repercute en nuestro aparato reproductivo, presión arterial, piel, estado de ánimo, psiquis, nutrición, entre otras afectaciones. Estas realidades nunca han sido consideradas seriamente. Para los varones/hombres/masculinidades trans la falta de testosterona en algunos centros de salud, implica que aquellos que se encuentran en tratamiento, sufran las consecuencias de estas interrupciones. Todas estas modificaciones, sumada a la ausencia de medicación, son procesos inevitables que se agravan en el contexto de las medidas de aislamiento. 

Como puede desprenderse de lo dicho hasta aquí, la atención de la salud no sólo debe remitirse a la cuestión física, como mencionamos, es imperioso entender su impacto psicológico. Tener estos cambios químicos tan abruptos, impactan directamente en la salud mental. Provocan la manifestación o aceleración de estados de ansiedad, depresión, tristeza, sensibilidad, y tantas otras cosas. Por ello, es necesario pensar a la salud en términos integrales. 

En esta línea, un dato no menor es que desde abril del año pasado, durante la gestión de Mauricio Macri (2015-2019) y hasta la actualidad, las listas de espera para el aumento de mamas creció exponencialmente debido a que el Ministro de Desarrollo Social de Nación no estaba otorgando las prótesis mamarias. Lo que expone a que mujeres trans y travestis recurran a prácticas clandestinas, como el aceite industrial, para amoldar su cuerpo a la expresión de género que desean tener. 

Por el otro lado, durante la gestión de Cambiemos, ha sido sumamente desfavorecedor para que las personas se inyectaran testosterona. La empresa Beta S.A, proveedora de la misma, le reclamó al gobierno el incumplimiento del valor acordado y, como medida, advirtieron que dejarían de suministrar a los Centros de Salud debido a la devaluación. Este reclamo perdura en el tiempo. 

Pese a algunas experiencias más favorables, la situación es muy alarmante y, muestra de ello es que, en dos de los hospitales de dos de los distritos más importante del país, solo existe una única endocrinóloga que brinda atención. En esta medida, resulta fundamental demandar el diseño, gestión e implementación de políticas integrales que generen las condiciones de acceso adecuadas, y que en verdad sean inclusivas, que partan de una perspectiva basada en géneros y derechos humanos.. 

Ante tal estado de situación, la comunidad trans y travesti sigue siendo el último eslabón de la cadena de asistencia, la cual ha sabido resistir mediante el tejido de redes comunitarias de auto-cuidado, y por sobre todo, de amor que nos une en términos genuinamente solidarios y colectivos. 

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