Salud Mental: por la construcción de espacios libres y liberadores de atención integral

Redacción Agencia Sudaka TLGBINB

El camino de deconstrucción sobre algunas nociones referidas a la la salud mental es más incipiente que la existencia misma de las terapias que la estudian. Desde que las ciencias sociales definieron a las disidencias sexogenéricas desde una perspectiva patologizadora, muchas personas sufrieron la exclusión del acceso al sistema de salud mental, tantas otras fueron víctimas de las terapias de reconversión en la búsqueda de una “cura”.

Hasta hace muy poco aún se hablaba de las personas trans como personas con “disforia de género”, que significaba la “desadecuación en la autopercepción del sexo asignado al nacer”, o de la homosexualidad como perversión. La irrupción de los estudios queer y trans, y la crítica de los activismos sexo-disidentes fue fundamental para disputar los sentidos en torno a las posturas biologicistas y escencialistas sobre las orientaciones sexuales, las identidades y expresiones de género.

La Ley 26.657 de Derecho a la Protección de la Salud Mental desde el año 2010, esboza:

ARTÍCULO 3° — En el marco de la presente ley se reconoce a la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los Derechos Humanos y sociales de toda persona.

La normativa agrega en el mismo artículo, “se debe partir de la presunción de capacidad de todas las personas”. Y establece que en ningún caso, puede hacerse un diagnóstico sobre la base exclusiva de, entre otros indicadores, la elección o identidad sexual de la persona (Art. 3, inciso c).

Perspectiva de género en el psicoanálisis

Aquelles profesionales que abordan esta problemática desde una mirada integral sostienen que, en los trayectos de formación, aún falta mucha deconstrucción. Al respecto, Melina Raszkewicz, Licenciada en psicología con orientación psicoanalítica y perspectiva de género, en diálogo con Agencia SUDAKA TLGBINB, señaló: “Hay un error de interpretación. Venimos haciendo una lectura al pie de la letra de la teoría y no estamos escuchando a le sujete. Falta la escucha activa del deseo y eso hace surgir la necesidad de que exista la perspectiva de género. Esta resulta primordial para escuchar realmente a las personas con aquello que traen al espacio y no condicionar la escucha”. Al respecto, explicó que “dirigir el deseo del paciente hacia algún lugar es un tipo de terapia de reconversión”.

En particular, para trabajar en la salud mental desde una mirada integral con las personas del colectivo TLGBINB, Raszkewicz entiende necesario remarcar que son sujetes que han sido sistemáticamente expulsades de diferentes instituciones sociales de todas las maneras posibles, a lo largo de sus vidas. En esa medida, entiende que si, además, terminan siendo expulsades también del espacio de contención que debe cobijar la terapia, hay algo en las entrañas mismas de la terapia que no funciona. “Muchas personas llegan a mi espacio y me plantean que es la primera vez se sienten escuchades”, afirmó Melina, quién también integra el colectivo Café Feminista La Plata.

Muchas veces se da por sentado que porque la persona tiene una orientación o identidad disidente va a acercarse a la terapia a hablar de eso específicamente. Al respecto, conversamos con Valeria García, Licenciada en psicología con perspectiva de género e intérprete de lengua de señas, que nos decía: “como profesionales no deberíamos dar por sentada ni la identidad ni la orientación sexual de nadie ya que no existen diferencias clínicas. Tampoco abandonar la individualidad de las personas, por eso siempre se busca aplicar una perspectiva interseccional en el momento de abordar la terapia”.

La contención familiar es un aspecto importante dentro de estos espacios, en particular en las niñeces. Para la Lic. García lidiar con les xadres es la parte más compleja: “muchas personas no pueden hablar con sus familias y eso les genera angustia. Les adultes a veces nos piden informes, antes que sentarse a dialogar con sus hijes. Lo más llamativo es que la cisheterosexualidad no se cuestiona desde las niñeces”.

La salud mental integral promueve garantizar espacios donde la salud mental sea respetada. Para ello debe ponderar, de modo ineludible y primordial, la atención de les sujetes desde una perspectiva transfeminista, interseccional y respetuosa de los Derechos Humanos. Desde este posicionamiento, la Psicóloga Dana Frankrajch sostuvo que “el espacio de terapia tiene que ser libre y liberador, un espacio sano. El problema no sólo está en la accesibilidad, sino en que les profesionales estén dispuestes a un abordaje superador y a no patologizar”. Y agregó que, según el relato de sus pacientes, “se sigue pensando al lesbianismo como un odio a los hombres, esto de la envidia del falo, como algo que hay que corregir. Discursos que nos parecen caducos a esta altura de las circunstancias”.

La pandemia desató debates acerca de la importancia de los cuidados y de la accesibilidad a los tratamientos. Para el colectivo TLGBINB, que ha sufrido la exclusión y la vulneración de sus derechos en dichos espacios, este momento histórico no fue la excepción. Con todo, asumir una lectura crítica interseccional, postcolonial y post-cisheteropatriarcal facilita la comprensión de la multiplicidad de condicionamientos que impiden a estas personas el acceso y  permanencia a la atención de su salud mental integral.

Abogamos por la correcta implementación de la Ley de Salud Mental vigente en nuestro país y resaltamos la necesidad de generar, cada vez más, espacios no excluyentes y respetuosos de los Derechos Humanos de todas las personas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *