Un entramado de violencias difícil de soslayar

Por Claudia Vásquez Haro (*)

En Latinoamérica, los titulares día a día nos muestran que ser una persona travesti y trans en la región es estar desprotegida por el Estado y sujeta a una cadena de vulneraciones que, de país a país, varía. Pero el resultado suele ser similar; una expectativa de vida que no supera los 35 a 40 años. Producto de la falta de políticas públicas, la persecución policial, los conflictos armados, los desplazamientos y  migración forzadas, la situación de prostitución, entre otros factores; arrojan datos alarmantes de la realidad del colectivo travesti y trans en latinoamérica.

A su vez, la pandemia por el COVID-19 recrudeció una situación compleja, que agravó la violencia física y los travesticidios. De esta manera, el continente, lidera el triste ranking mundial de países con más travesticidios en el mundo con Brasil, México, Colombia, Argentina y Guatemala a la cabeza. 

En la actualidad  la cantidad de fallecidos en Argentina por la pandemia, supera las cien mil personas. Esto nos llama a la reflexión, sin embargo surge la necesidad de que las travestis y trans estemos  en la agenda emocional de nuestro país y de los de América latina, lo que sigue siendo una deuda pendiente.

En este escenario,  vemos como los medios de comunicación, constantemente apelan a la susceptibilidad de las audiencias, de la necesidad de no perder de vista que detrás de cada fallecido por la pandemia hay una vida, hay una persona, una historia, una familia que merece respeto por su deudo ¿Pero qué tipo  de derecho al duelo tiene un familiar de víctima de travesticidio y travesticidio social en Argentina y Latinoamérica?

La realidad, nos muestra que además de los asesinatos, las muertes por complicidad de la violencia institucional -lo que se llama travesticidio social- es otro de los problemas que azotan a nuestra región. Múltiples factores, llevan a la muerte a travestis jóvenes, racializadas, migrantes y en situación de prostitución a quienes no se les garantiza un piso de dignidad.

Estas identidades, además son víctimas de la connivencia entre distintas instituciones, como la policía, la salud, sectores de la sociedad civil, entre otros, los que llevan a la muerte a miles de personas travestis y trans en toda la región. Abandonadas y desprotegidas por parte de los Estados, quienes no han trabajado en post de erradicar el estigma quedando a merced al abuso, la violencia y la explotación de un sistema extractivista que las vulnera día tras día. 

Por eso, detrás de esa mediatización sesgada e invisibilización de los travesticidios, creemos sumamente necesario recordar que detrás de la representación estadística de números y porcentajes, hay personas cuyas vidas valoramos y a quienes nosotres como sociedad no hemos protegido. Aunque el COVID-19 nos afecta a todes, las diferencias y desigualdades sociales se han incrementado de manera insoslayable en perjuicio de la comunidad travesti y trans. Asistimos a la falta de legislaciones en la mayoría  de los países de la región, sobre políticas públicas que erradiquen la escalada de violencias  que de manera  sistemática enfrentan nuestras identidades de género autopercibidas. 

(*) Editorial «SUDAKA en Radio» Radio Provincia AM1270 – Jueves 15 de Julio de 2021

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