Urgente y Necesario: Aborto, activismo TLGBI y representación

Hablar de aborto es remitirse necesariamente a lo cultural, ya que a lo largo de la historia de las civilizaciones los diferentes entramados culturales han tenido sus propias prácticas abortivas y eso, no necesariamente lo relegaba a la clandestinidad. Pero en nuestras historias, en las historias que podemos recolectar de primera o segunda mano, siempre estuvieron reducidas al tabú, al secreto a voces y a la vergüenza. Y parece que hace relativamente poco tiempo, la marea verde lo iluminó: el aborto existe, es un hecho, una decisión.

Por Charo Zeballos para SUDAKA TLGBI

Sacarlo de la clandestinidad semántica y ponerlo en circulación social, que se hable de aborto en las calles, en los medios, en las casas, en las universidades, en las escuelas, permitió empezar a trazar otras narrativas en relación a la práctica. Y todas las acciones que se llevaron a cabo en estos años, que tienen que ver con el derecho de las personas a recibir información confiable y segura, con las redes de acompañamiento que se formaron, permitieron entenderlo como un hecho colectivo.

El aborto, como causa aglutinante tiene la particularidad de lograr convocar a muchísimas personas con realidades completamente diferentes, con una convocatoria mayor a otras luchas por los derechos humanos.

Historia de alianzas

Como Mabel Bellucci expone en su libro Historia de una desobediencia, las alianzas entre los feminismos, el activismo TLGBI, y el aborto son de larga data. Y esto responde a una historia de militancia que discutió con los establecidos culturales: los discursos religiosos, el control médico por sobre los cuerpos, y la autonomía de las personas a decidir sobre sus corporalidades y su proyecto de vida.

El activismo lésbico, marica, trava fue un gran impulsor de la lucha por la conquista de este derecho.  La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito estuvo integrada en sus comienzos por mujeres cis, pero también, por lesbianas como Ilse Fukova, y travas como Lohana Berkins y Diana Sacayán.  Luis Barbeiro, integrante de la Colectiva de Disidencias Sexogenéricas de la Campaña, contaba que durante los comienzos una de las discusiones era “quiénes poníamos el cuerpo y la militancia en la lucha por ese derecho, que en ese momento, muy pocas personas ponían la cara porque tenía sus consecuencias, en la calle nos insultaban, nos decían cosas, nada que ver con cómo es ahora”.

Fue crucial el papel de Lesbianas y Feministas, que a través de estrategias de acción directa y visibilización, pusieron el cuerpo, circularon materiales que ofrecían información sobre cómo realizarse un aborto con misoprostol, a la vez que ofrecieron una línea telefónica de acceso a la información, todo esto cuando nadie hablaba de la posibilidad de abortar con pastillas. Esta experiencia fue el principio de las redes de socorristas y acompañamientos que existen en la actualidad.

Militar por el aborto implica cuestionar una serie de discursos establecidos, discusión que desde el activismo TLGBI tiene amplia trayectoria. La temática atraviesa experiencias de vida particulares, pero también cuestiona los poderes, eclesiásticos, médicos, que imponen modelos rígidos sobre las corporalidades y la sexualidad. Sobre estos cuestionamientos, la maquinaria religioso-política fue extremando sus influencias a medida que se avanzaba en la conquista de derechos humanos devenidos en derechos sexuados de las personas.

Así fue cuando Claudia Vásquez Haro, en su presentación en 2018, durante el debate a favor de la interrupción voluntaria del embarazo exponía como punto de semejanza las conquistas de las Leyes de Identidad de Género y del Matrimonio Igualitario. En aquel entonces fuera del congreso y en los medios de comunicación, se reunían los mismos sectores con los mismos discursos de odio “Hoy, nos encontramos debatiendo la legalización del aborto, y vemos cómo esos mismos argumentos vuelven a aparecer” expresaba.

Las conquistas obtenidas, la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la ley de educación sexual integral, y al amplio trabajo activista y militante, generaron las condiciones para llegar a este momento social. Esto se debe a que permitieron que un amplio espectro social cuestionara sus modos de entender el género, la sexualidad y los roles sociales instituidos.

Sujetxs de representación:

Actualmente, con la temática tan instaurada en la sociedad y muchas personas hablando públicamente, es necesario no solo problematizar las alianzas que nos trajeron hasta acá, sino también preguntarnos ¿De quiénes hablamos cuando hablamos de aborto? Existen muchísimas realidades de personas que abortan, por supuesto la de las mujeres cis, que si se analiza desde una perspectiva interseccional, es muy diferente por ejemplo en relación a la clase, la etnia, o el lugar del que proceda. Pero también están las experiencias de muchas otras identidades atravesadas por el aborto, la de los varones trans, no binaries, lesbianas, bisexuales.

La Campaña Nacional por el Derecho al aborto Legal tiene desde 2019 una Colectiva de Disidencias Sexogenéricas, una red federal que se ocupa de ampliar el diálogo hacia otrxs sujetxs políticxs.  En esa línea Luis Barbeiro, militante TLGBI, ampliaba: “Siempre hubo dificultades en ampliar el diálogo hacia otras realidades que no son las de las mujeres cis hetero, que era el discurso más monolítico en relación a la lucha por el aborto, sin que esto signifique en ningún momento el borramiento de las mujeres, o la invisibilidad de las mujeres. Pero siempre creímos que existía la necesidad de ampliar esa perspectiva, porque existen otras realidades atravesadas por el aborto, y que eso se tiene que tener en cuenta, no solo en el texto de la ley, sino también en las calles, en la lucha, en las palabras, en lo que se decía.”

En 2018, a partir del debate en el congreso, se introdujo el término personas gestantes además de mujeres, en todo el cuerpo de la ley –antes de eso sólo se aclaraba en el artículo 10 que alcanzaba a las personas que se acogen a la ley de Identidad de Género -. Esta modificación se realizó luego de la intervención de varones trans y resulta muy importante en términos de pensar en la amplitud de experiencias y subjetividades que abortan. “Muchos varones trans, muchas personas no binarias abortan, muchas personas LGTBI gestan y en el universo de esa realidad, de la posibilidad de gestar, existen las dos realidades posibles cuando una persona está gestando. De esta manera, le entrevistade se refiere al deseo de continuar ese embarazo y que ese deseo convierte a ese embrión, a ese feto, en una persona, por un lado; y el deseo de no continuar ese embarazo. Asimismo, señala que en nuestro país la realidad del colectivo TLGBI era incómoda y hasta subrepticia: “muchas veces lo que se visibiliza cuando hablamos de abortos trans, no binaries, lesbianos es una realidad que en Argentina estuvo mucho tiempo tapada, hasta la conquista por la Identidad de Género (…) entonces lo que se ve es cierta incomodidad con respecto al debate por el derecho al aborto que es mucho más complejo, mucho más amplio y abarca un montón de cuestiones que, aunque principalmente involucra a las mujeres cis, también involucra a esas realidades.

Y aquí radica la importancia de nombrar todas las realidades, sacarles el mote de tabú, y problematizarlas. ContinúaBarbeiro “de todas esas realidades tenemos que hablar, tienen que estar en el proyecto, porque cuando esas cosas no se materializan, cuando esas realidades, esos nombramientos no se incluyen, quedan abiertos a la interpretación, no solo de los agentes jurídicos, sino a los agentes de salud. Y eso no puede estar librado al azar, tiene que estar no solo en el proyecto de ley, sino también en la discusión y en la voz pública con respecto al derecho al aborto”, afirmó.

Hablar de personas con capacidad de gestar, para incluir a todas las identidades también cuestiona el supuesto heterosexual que normaliza el imaginario sexual, porque incluye experiencias múltiples, chicos trans, maricas, translesbianas, todo aquello que existe pero que no goza de representación semántica debe ponerse en circulación para que pueda ser posible acceder a un sistema de salud que no patologice el cuerpo.

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